Tributo a Rozman. Capítulo 9. Referente y fuente de inspiración para varias generaciones

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Y llegamos al capítulo final de nuestro ‘Tributo a Rozman’. Durante 10 meses hemos recorrido la vida y obra de uno de los profesionales médicos más influyentes de las últimas décadas. Conocimos los detalles de su llegada a Barcelona y el nacimiento de su vocación; el propio Profesor fue el encargado de presentarnos a sus primeros referentes: el Dr. Pedro i Pons, el Dr. Farreras i Valentí; su trabajo incansable en la lucha contra la leucemia linfática y su opinión sobre el estado actual de las Ciencias de la Salud, en general, y de la Medicina Interna, en particular. Pero sobre todo, descubrimos el ingente trabajo y al hombre que da apellido a uno de los títulos más emblemáticos de la biblioteca médica actual: Farreras-Rozman: Tratado de Medicina Interna. Esta entrega final adopta la forma de regalo. Para ello, le quitamos la voz al protagonista y se la entregamos a aquellos que mejor le conocen, concretamente, al Dr. Evaristo Feliu, hematólogo, discípulo y alumno del Profesor; al Dr. Jorge Sierra, hematólogo, discípulo y alumno de Rozman; al Dr. Rafael Carmena, profesor en la Facultad de Medicina de Universidad de Valencia y al Dr. Francesc Cardellach, Catedrático de Medicina y actual decano de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la UB y actual director del Tratado de Medicina Interna.

Rozman en primera persona

El primer contacto del Dr. Carmena con el Profesor Rozman tuvo lugar en el Congreso de la Sociedad Española de Medicina Interna, celebrado en Santiago de Compostela en junio de 1970. A lo largo de todos estos años han mantenido una estrecha relación personal y profesional. Para Rafael Carmena en Ciril Rozman “se cumplen las palabras de Ortega y Gasset cuando decía que la trayectoria de un hombre es consecuencia de la vida, del azar, del destino y del carácter. De todo ello emerge, en mi opinión, esa mezcla muy equilibrada de reciedumbre, tenacidad, humildad, generosidad y humanismo ético. Carmena describe al Profesor como “una persona excepcionalmente inteligente, de costumbres austeras y hábitos sencillos, un trabajador incansable ordenado y riguroso, siempre dispuesto a estudiar, a aprender y a enseñar, que es una forma espléndida de ayudar“. De él le consta que “en su actividad como médico transmite un mensaje de serenidad y comprensión a sus pacientes, irradiando afecto y confianza y cuidando todos los aspectos físicos, patológicos y anímicos con una competencia extraordinaria. Los doctores Feliu, Sierra, Carmena y Cardellach han conocido y conocen a Ciril Rozman (Liubliana, Eslovenia, 19 de junio de 1929) en primera persona. Son incontables las horas compartidas con el Profesor; fruto de ellas ha nacido un profundo respeto y admiración por su figura y su trabajo, una relación que hoy comparten y sirve para presentar al verdadero Rozman, a aquel que los otros -colegas, discípulos, colaboradores- disfrutan.

Rafael Carmena“Es una persona excepcionalmente inteligente, de costumbres austeras y hábitos sencillos, un trabajador incansable ordenado y riguroso, siempre dispuesto a estudiar, a aprender y a enseñar, que es una forma espléndida de ayudar” – Dr. Rafael Carmena

La entrada de Ciril Rozman en la vida del Dr. Sierra se produjo a través de los padres de éste, amigos de la familia Rozman, y por una relación médico-paciente durante la infancia del hematólogo; “más tarde le conocí como profesor de la facultad de Medicina y como discípulo suyo en el Servicio de Hematología del Clínic”. Para Jorge Sierra la mejor presentación del Profesor se lo dan los adjetivos “inteligente, disciplinado y con gran rigor científico”. De él admira “su capacidad para crear escuela con valores como el esfuerzo, la precisión en el trabajo y el interés por el avance del conocimiento”.

Como discípulo y alumno, el Dr. Feliu reconoce en él tres grandes virtudes:

  1. Ha sido un gran estudioso y ha procurado aprender siempre
  2. Ha actuado y superado situaciones duras y/o conflictivas sin quejarse
  3. Ha ayudado a los demás, si creía que se lo merecían, tanto como ha podido. Ha ejercido su liderazgo poniendo sus conocimientos y habilidades al servicio de los demás: enfermos, discípulos y alumnos, seguramente por este orden.

Feliu reconoce que “con su palabra, su conducta y su ejemplo, con toda seguridad, ha condicionado aspectos concretos de la vida de quienes hemos sido sus discípulos. Su magisterio ha pasado a nosotros, nos ha enriquecido y sus enseñanzas ya forman parte de nuestro mobiliario interior. Es la Escuela Rozman del Hospital Clínico”.

Con su palabra, su conducta y su ejemplo, con toda seguridad, ha condicionado aspectos concretos de la vida de quienes hemos sido sus discípulos” -Dr. Evaristo Feliu

El Dr. Cardellach presenta al Profesor como “un referente para muchísimos profesionales de la Medicina Interna y de la Hematología españolas”. A nivel personal asegura que “mi orientación hacia la especialidad se la debo a él puesto que, con él, pude vivir desde el primer año de alumno la visión del paciente como “persona enferma”, no como una malfunción de un órgano. Su concepción del paciente desde el punto de vista bio-psico-social ha significado desde entonces el principal objetivo que ha guiado siempre mi actividad profesional. Puedo dar fe de que esta misma impronta ha motivado el buen hacer de muchísimos internistas de nuestro país”.

Francesc CardellachSu concepción del paciente desde el punto de vista bio-psico-social ha significado desde entonces el principal objetivo que ha guiado siempre mi actividad profesional. Puedo dar fe de que esta misma impronta ha motivado el buen hacer de muchísimos internistas de nuestro país” -Dr. Francesc Cardellach

Referente nacional e internacional

Su calado personal está fuera de toda duda. Pero si por algo es reconocido a nivel internacional es por su trabajo investigador. Jorge Sierra destaca por encima de todo su labor precursora en la proyección internacional de la hematología española y ser el alma mater intelectual de la Fundación Josep Carreras para la lucha contra la leucemia. Rafael Carmena recuerda cómo Rozman, en un momento crucial para la Medicina, en los años sesenta, “fue el catedrático de Patología y Clínica Médicas más adelantado y con una visión más moderna de cuál debería ser nuestra función en la Universidad y en la asistencia hospitalaria”. Para el Dr. Feliu, entre otras muchas cosas (trasplante de progenitores hematopoyético, estudios morfológicos al microscopio óptico y electrónico y biológicos de las células hemáticas) al Profesor hay que considerarlo un maestro de la Medicina española y recordar las palabras del doctor Manuel Díaz Rubio: “Ha creído en la Universidad, en el valor de  la investigación y en la necesidad de adecuar la asistencia a los pacientes en cada momento histórico. Es uno de los médicos españoles más importantes del siglo XX, a pesar de haber nacido en Ljubliana (Eslovenia). Su Tratado de Medicina Interna es un libro que, quien lo adquiere, lo hace porque realmente lo quiere y lo necesita. Uno de esos libros que se desea, se estudia, se consulta, se anota y se conserva”.

En el haber del profesor Rozman, el Dr. Cardellach suma la transmisión del concepto de Hematología integral, que englobaba la clínica, el laboratorio y la hemoterapia. El legado se amplía “por su visión internista del paciente, que arraigó en numerosos discípulos suyos, a modo ‘estilo Rozman’, que ha servido de modelo para la Hematología española moderna. Muchos de estos discípulos dirigen o han dirigido cátedras universitarias, jefaturas de servicio u otras importantes responsabilidades universitarias y asistenciales”.

El ‘Tratado de Medicina Interna’, un legado eterno

Una exposición de la historia de esta obra de referencia en la Universidad de Barcelona fue el resorte que hizo saltar la retrospectiva sobre el Profesor en los pasillos de su Facultad de Medicina y el argumento que dio pie a este tributo. Sin duda alguna, el Tratado de Medicina Interna es uno de los proyectos más relevantes del profesor Rozman, por su liderazgo desde su 8ª edición en el año 1972, a la última (18ª edición) del año 2016, aunque su participación (ya destacada) con su maestro Farreras-Valentí arranca en la 5ª edición del año 1955. Algo que, sin duda alguna, le regalará la inmortalidad en la especialidad. En este espacio del capítulo abordamos la relación que iniciaron los doctores Carmena, Feliu, Sierra y Cardellach con el Profesor, con ‘el Tratado’ como puente, y el valor y papel que juega este texto en sus vidas hoy en día.

La obra es un excelente instrumento para que el estudiante de Medicina entre en contacto por primera vez con un conocimiento estructurado de las entidades nosológicas y estudie la etiología cuadro clínico, diagnóstico, pronóstico, prevención y tratamiento de las enfermedades internas” -Dr. Carmena

Rafael Carmena recibió a finales de los años setenta una invitación de Profesor Rozman para participar por vez primera en la obra Farreras-Rozman; “desde entonces he tenido el privilegio de colaborar, sin interrupción, en la sección de Enfermedades del Metabolismo y la Nutrición en todas las ediciones que han ido apareciendo”. Su peso como director en el Tratado está fuera de toda duda: “Ciril Rozman ha sabido mantener una extensión razonable, condensando la patología esencial de cada aparato y sistema. La obra es un excelente instrumento para que el estudiante de Medicina entre en contacto por primera vez con un conocimiento estructurado de las entidades nosológicas y estudie la etiología, cuadro clínico, diagnóstico, pronóstico, prevención y tratamiento de las enfermedades internas”. El Dr. Carmena tiene claro que el “Tratado de Medicina Interna Farreras-Rozman, actualmente en su XVIII edición, continua siendo el libro de referencia de los estudiantes de Medicina y los médicos internistas del mundo hispano”.

“El Tratado de Medicina Interna Farreras-Rozman, actualmente en su XVIII edición, continua siendo el libro de referencia de los estudiantes de Medicina y los médicos internistas del mundo hispano” -Dr. Rafael Carmena

El Dr. Feliu entró a trabajar en Ediciones Doyma SA en el año 1983 como redactor de la Revista Medicina Clínica y en los años 1992-2000 fue el Secretario de Redacción y Subdirector del libro Farreras-Rozman: Medicina Interna. Su relación con la obra, más allá de la labor editorial, se circunscribe a  su consulta de Medicina Interna y Hematología, “la cual mantengo desde hace más de 40 años y esta obra ha sido y continúa siendo mi libro de cabecera”. El Dr. Sierra ha sido continuadamente autor de capítulos relacionados con el trasplante hematopoyético y la leucemia mieloide aguda desde los años ochenta. Para él, el Tratado es “el libro de texto con el que preparo las clases de Hematología de cuarto de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona y el que recomiendo como primera opción a los alumnos”.

“El Tratado de Medicina Interna es el texto con el que preparo las clases de Hematología de cuarto de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona y el que recomiendo como primera opción a los alumnos” -Dr. Jorge Sierra

Para acabar esta sección, nadie mejor que el Dr. Cardellach, actual director del Tratado. Para el catedrático de Medicina hablamos de una obra que “personalmente he utilizado desde el primer día de contacto con los pacientes, en la que he colaborado con auténtica devoción desde hace muchos años y en la que figuro como subdirector desde su 16ª edición, del año 2008”. La clave de su éxito (aparición ininterrumpida durante casi 90 años) “nace de la propia raíz del libro, con una fuerte impronta de la escuela alemana, muy reconocida por su énfasis en la semiología y propedéutica, bases de una buena medicina interna. Todo ello le confiere unas características muy adecuadas para el estudio de la medicina por parte de estudiantes y profesionales, independientemente de su especialidad.

Lejos de jubilarse

El adiós a este Tributo a Rozman es solo un punto y seguido en su trayectoria personal y profesional. Y es que este homenaje nada tiene que ver con su retirada y mucho con un reconocimiento a su día a día. Si algo hemos aprendido de su figura a lo largo de estos 9 capítulos es su insaciable apetito de conocimiento. El Dr. Feliu reconoce que el verso “jubilarse” no figura en el diccionario de Ciril Rozman: “Ha copiado el modelo americano y, tras su jubilación oficial, ha continuado trabajando mucho y visitando pacientes en su consulta, basada en una experiencia muy dilatada y un gran ojo clínico, cosa que no se enseña en las facultades”.  Feliu le ha visto hacerse mayor, “pero no aburrirse”,  y sigue viendo “un cierto grado de estrés en su vida, cosa necesaria en él”. Preguntado por su futuro, su discípulo lo tiene claro: “Ha decidido que no tira la toalla, que quiere continuar hasta que las fuerzas lo acompañen y que morirá al pie del cañón”. Buenas noticias para la Medicina.