Tributo a Rozman. Capítulo 7. La esencia del internismo: “La capacidad de ofrecer a su paciente una atención integrada de tipo bio- psico- social”

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A lo largo de este dilatado homenaje a la figura de Ciril Rozman y su obra, hemos repasado su biografía, su trabajo investigador o su visión de las Ciencias de la Salud. Todos ellos cimientos sólidos de su prestigio. Pero hoy, por fin, nos detenemos en el ‘quid del tributo’: la Medicina Interna; la especialidad que le ha erigido en un referente mundial y en la que algunos no dudan en señalarle como el último gran exponente. Iniciamos el viaje desde el concepto hasta la esencia guiados por el propio Profesor. Arrancamos.

El mejor médico de la historia

No es nada fácil definir un concepto tan amplio y con tanto peso en las Ciencias de la Salud como es la Medicina Interna. Para ello, Rozman comienza por decirnos primero lo que no es: “Una simple especialidad médica”, y lo cierra con lo que sí debe suponer para el profesional: “un auténtico espíritu que debe dominar al médico que la ejerce”.

En el título hablábamos de esencia. Con el concepto presentado, toca turno para ubicarnos en sus orígenes y ‘profetas’. Para ello nos remonta hasta el siglo XIX y nos presenta al que es, para él, “el internista de mayor prestigio del siglo pasado”: William Osler, quien definió a la Medicina Interna como una especialidad muy adecuada para cualquier médico. Junto a sus características generales le añadió el apodo de “distinguido”, dotándola de una mayor profundidad de conocimientos.

William Osler nació el 12 de julio de 1849 en los bosques de Canadá, hijo de un presbiteriano británico emigrado y ejerció la medicina con excelencia en numerosas universidades estadounidenses. En 1892 publicó el primer libro importante sobre la materia: The Principles and Practice of Medicine, el cual tuvo una enorme influencia durante la primera mitad del siglo XX. Se editaron 16 ediciones, la última en 1947. En 1905 William Osler se trasladó a Oxford, donde terminaría su brillantísima carrera y acabaría falleciendo (1911). Es tal el valor de la obra de Osler, que Rozman no duda en señalarle como “el mejor de todos los médicos de la historia”.

El especialista cambia todo

Para Rozman la afirmación de William Osler de que dedicarse a la Medicina Interna constituía una magnífica elección era acertada, “pero tan sólo hasta la tercera parte del siglo pasado”. Según relata el Profesor, hasta ese momento los grandes internistas ejercían la máxima influencia en la sociedad, y contaban con gran prestigio social. Destaca las figuras de Carlos Jiménez Díaz de Madrid y Agustín Pero y Pons de Barcelona. Pero todo esto cambiaría en la década de los setenta. En aquellos años surgen con fuerza los especialistas. Los pacientes ya no se dirigen a las grandes figuras del  internismo, sino a sus colegas especializados. Rozman lamenta que este episodio pone el punto y final a la época dorada de la Medicina Interna, aunque reivindique en los profesionales actuales y futuros que mantengan viva la llama “el espíritu del internismo debe permanecer vivo”.

Como eminente representante de la Medicina Interna, a Rozman no le parece adecuado que un especialista, por muy valioso y erudito que sea en su materia, responda a un paciente: “Esto no es de mi incumbencia. Vaya usted a otra parte”. A juicio del Profesor, cualquier profesional especializado debe mantener los suficientes conocimientos de Medicina Interna, para poder orientar en una primera visita a su paciente. Los especialistas que carecen de tal capacidad, no deberían realizar primeras visitas”.

¿Y cuál es la esencia del internismo?

Y llegados a este punto, Rozman se encarga de dar respuesta al capítulo. Lo tiene claro: “Es la capacidad de ofrecer a su paciente una atención integrada de tipo bio- psico- social. No solo debe reconocer una o varias dolencias de diversos aparatos y sistemas, sino tener la habilidad de detectar hasta qué punto en el cuadro clínico del enfermo influyen sus características psíquicas o circunstancias sociales. Este espíritu del internismo no desaparecerá jamás”.

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