Osteoporosis, enfermedades óseas metabólicas y endocrinología

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Las enfermedades óseas metabólicas más prevalentes como la osteoporosis, la osteomalacia, la osteítis fibro-quística o la osteodistrofia renal tienen como causas el exceso o defecto de diferentes hormonas. Eso justifica el gran peso que tiene la especialidad de la endocrinología en su manejo en diferentes países, siendo quizá Norteamérica el ejemplo más claro. En cambio, curiosamente, en nuestro país, cuando se es endocrinólogo y se tiene una cierta dedicación al hueso y a su metabolismo, casi se siente uno necesitado de justificarse. El motivo probablemente se relaciona con un relativamente menor interés de la comunidad endocrinológica en este apartado de su disciplina en comparación con otras especialidades con, si no mayor interés, al menos mayor peso en la atención e investigación como la reumatología, medicina interna, cirugía ortopédica o ginecología.

Desde hace ya bastantes años, un grupo cada vez más amplio de endocrinólogos entre los que me incluyo, intentamos modificar esa realidad y conseguir una mayor visibilidad en un campo en el que venimos trabajando desde hace décadas en clínica y en investigación, y en el que pensamos que hemos hecho y podemos hacer aportaciones útiles.

En una primera vista rápida parece evidente que los endocrinólogos están preparados para abordar las osteoporosis secundarias a enfermedades endocrinológicas y nutricionales, para cuyo manejo publicamos una guía de práctica clínica, basada en la revisión sistemática según el sistema GRADE hace un par de años, que deberá actualizarse en una fecha próxima.

Entre esas enfermedades endocrinológicas prevalentes con potencial efecto en el metabolismo mineral se encuentra la diabetes (especialmente la tipo 2, que afecta a casi el 14% de los adultos españoles) y que, a pesar de presentar una masa ósea elevada frente a los no diabéticos, tienen de un 40 a un 70% de mayor riesgo de fracturas osteoporóticas del esperado. Otro ejemplo claro es el hiperparatiroidismo primario, que en sus variantes asintomática y normocalcémica, se ha convertido en un desafío clínico común en diferentes consultas y para la que en el caso del hiperparatiroidismo normocalcémico, también hemos aportado un documento de consenso sobre su manejo, que pensamos puede ser útil a otros colegas de diferentes especialidades que también deben enfrentarse a ese problema clínico habitual.

Otros ejemplos de enfermedades que causan o empeoran el riesgo de fractura osteoporótica son el hipertiroidismo primario o el secundario al uso de dosis supresoras de TSH en el manejo del cáncer de tiroides, el hipogonadismo primario o secundario al tratamiento de diferentes cánceres como el de mama o próstata, el déficit de hormona de crecimiento o el hipercortisolismo endógeno o exógeno, los cada vez más sujetos tratados quirúrgicamente por obesidad, la celiaquía, la anorexia u otros problemas nutricionales como los sujetos que reciben nutrición parenteral o enteral a largo plazo.

En resumen, los endocrinólogos deben tener un papel relevante en el manejo de las enfermedades óseas metabólicas, especialmente las relacionadas con las patologías de su especialidad. Además, su conocimiento del medio interior y hormonal hace que tengan los conocimientos adecuados para tratar la osteoporosis y colaborar en equipos multidisciplinares en unidades de metabolismo mineral que sean punteros en la investigación clínica y básica y en la atención de calidad de la osteoporosis y otras enfermedades metabólicas óseas.

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