¿Obsesionados o sanos? Dismorfia muscular (Vigorexia)

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En los últimos años de los trastornos de la conducta alimentaria. En este sentido, la Vigorexia o Dismorfia Muscular, presente generalmente en jóvenes entre 18 y 35 años, se caracteriza por la percepción distorsionada de la imagen corporal propia, especialmente del tamaño muscular, la persona considera su musculatura por debajo de lo deseado y sobrestima los beneficios tanto psicológicos como sociales de tener un cuerpo musculado, lo que le genera una gran insatisfacción con el cuerpo y una baja percepción de atractivo físico.

Es posible que os hayáis dado cuenta del incremento exponencial de la presencia de campañas que animan a la población a unirse al deporte, lo cual es razonable, puesto que en España no deja de crecer el número de personas con obesidad y sobrepeso. No obstante, asistimos a una creciente preocupación por la apariencia física, que se une a las creencias sobre los beneficios de tener un “cuerpo perfecto”, la fiebre del “running” ha llegado; todas las tiendas exponen material deportivo a la última y todo el mundo publica en sus redes sociales cuántos kilómetros al día ha corrido. Todo lo anterior, ha generado nuevas necesidades orientadas a conseguir los ideales estéticos marcados por la sociedad, que generalmente responden más a criterios mercantilistas que de salud y bienestar.

Síntomas de una insatisfacción

Es cada vez mayor el número de jóvenes que realizan dietas muy estrictas y ejercicios de musculación de forma compulsiva, llegando a entrenar estando lesionados, provocando así lesiones más graves y duraderas. En este sentido, es frecuente presentar una adicción al entrenamiento de musculación, que provoca en la persona la necesidad de comprobar incesablemente su hipertrofia y definición muscular, lo que se observa en las continuas conductas de verificación, ya sea frente a un espejo o subiéndose a la báscula, preguntando a sus compañeros de gimnasio, familia o amigos.

Es habitual que las personas que presentan vigorexia también sufran problemas de concentración, fatiga crónica, pérdida de vitalidad, dolores y calambres en los músculos, además de ritmo cardíaco lento; comprometiendo directamente su salud.

En algunas ocasiones, las personas que sufren vigorexia consumen anabolizantes, lo cual puede generar graves consecuencias tanto en hombres como en mujeres (imagen).

Por ello, se considera que la insatisfacción con la imagen corporal –y todas las consecuencias que se unen a ella- es un problema de salud pública, que debería abordarse de forma temprana, ya que los daños en salud física y mental podrían ser devastadores para un gran número de la población.

Bibliografía:
Belloch, A., Sandín, B., y Ramos, F. (Dirs.) (2009). Manual de Psicopatologia. (Vols II). Madrid: McGraw-Hill.
Caballo, V. (2014). Manual de Psicopatologia y trastornos psicológicos. Madrid: Pirámide.
González-Martí, I., Fernández, J.G., y Contreras, O.R. (2012). Contribución para el criterio diagnóstico de la Dismorfia Muscular (Vigorexia). Psicología del Deporte, 21(2), 351-358.
Nelson, R.J. (2015). An introduction to behavioral endocrinology. Sunderland, MA, US: Sinauer Associates.
Perpiñá, C., y Baños, R.M. (1990). Distorsisión de la imagen corporal. Un estudio con adolescentes. Anales de Psicología, 6(1), 1-9.
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