Microbiota intestinal, ¿saludable o nociva? La profecía de Metchnikoff

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Elio Metchnikoff (1845-1916) en su libro, The prolongation of life (1907), nos relata sus observaciones y deducciones sobre el efecto de la “flora intestinal” (microbiota, según la terminología actual) sobre la salud. El título de la obra es muy elocuente pero, ¿tiene algún fundamento? Hoy sabemos que sí. La experimentación animal y los casos clínicos publicados lo avalarían, aunque con muchas matizaciones que iremos comentando aquí y en sucesivos posts.

Para entender la relación que existe entre la microbiota intestinal y la salud de la especie humana hay que tomar distancia y servirse del prisma de la hipótesis GAIA [James Lovelock (1919) y Lynn Margulis (1938-2011)] bajo la luminaria evolutiva de Theodosius Dobzhansky (1900-1975). Desde esta perspectiva, puramente biológica, el planeta Tierra estaría habitado por un bioma de múltiples especies emparentadas, descendientes de una misma célula [LUCA (Last Universal Common Ancestor), hace 3.850 millones de años]. Parece lógico, por tanto, que exista una gran interdependencia entre las partes de este macroorganismo, de forma análoga a los tejidos de un organismo multicelular.

De hecho, seguramente, ninguna especie es absolutamente independiente de otras. Tanto es así que, si faltase alguna, otras dejarían de sobrevivir, al menos en ese ambiente concreto (simbiosis mutualista). Pues bien, lo mismo ocurre entre ciertas especies de procariotas (archaeas y bacterias) y la especie humana. ¿Estamos diciendo que si faltasen las bacterias el hombre dejaría de existir? Sin duda.

La Microbiología tuvo su “edad de oro” (1857-1914) con muy sobresalientes descubrimientos, como por ejemplo los de Pasteur (1822-1895), Koch (1843-1910) y tantos otros que dieron lugar a la teoría “germen-enfermedad”: el principio del fin estaba en descubrir la causa de dichas enfermedades. Fue tal el impacto que tuvo en una sociedad tan marcada por las enfermedades infecciosas que la opinión generalizada era que todas las bacterias eran dañinas. Por eso llamó tanto la atención la aparición en escena de Metchnikoff, que proclamó las bondades saludables de ciertas bacterias que habitan en nuestro intestino.

Metchnikoff sería Premio Nobel de Medicina en 1908 por sus trabajos sobre la inmunidad innata (descubridor de la fagocitosis). Trabajó en el Instituto Pasteur de París desde 1888 (Pasteur fallece en 1895). Apoyándose en sus propios estudios de Anatomía comparada y en diversas publicaciones médicas, llegó a proponer una correlación entre la actividad de algunas bacterias proteolíticas o el estreñimiento con problemas diversos de salud. Y, por el contrario, correlacionaba la presencia en el intestino de bacterias del ácido láctico o las continuas evacuaciones con la longevidad. Su obra The prolongation of life fue publicada hace más de cien años, pero es tremendamente actual. Metchnikoff puntualiza sobre el efecto que tienen algunas bacterias de nuestro intestino como fuente de sustancias tóxicas para nuestro sistema nervioso, contribuyendo así al envejecimiento, al pesimismo, a la depresión…Y, por el contrario, relata el efecto positivo del yogur, del kéfir y de los alimentos fermentados ricos en bacterias del ácido láctico. Es decir, nos habla de Probiótica, de salud, de contrarrestar la senilidad, de prolongar la vida, etc.

Sí, los probióticos, en la actualidad, objeto de grandes campañas publicitarias como fuente de salud, parece que han sido descubiertos recientemente y fueron descritos y definidos hace más de un siglo.

Hoy tenemos evidencias preclínicas y clínicas sobre la influencia de la microbiota intestinal en enfermedades como la colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn, diabetes tipo 1, esclerosis múltiple, artritis reumatoide, alergia, obesidad, etc. Si realmente es así, ¿podríamos curar e incluso prevenir enfermedades cambiando nuestra biota errónea? ¿Sería factible el trasplante terapéutico de microbiota de una persona sana a otra enferma?

En palabras de Metchnikoff: “(…) sys­tem­atic in­ves­ti­ga­tions should be made on the re­la­tion of in­testi­nal mi­crobes to pre­co­cious old age, and on the in­flu­ence of diets which pre­vent in­testi­nal pu­tre­fac­tion in pro­long­ing life and main­tain­ing the forces of the body. It can only be in the fu­ture, near or re­mote, that we shall ob­tain exact in­for­ma­tion upon what is one of the chief prob­lems of hu­man­ity”. [Debería estudiarse de forma sistemática la relación que existe entre los microorganismos intestinales y el envejecimiento precoz así como la influencia de las dietas que impiden la putrefacción intestinal en la prolongación de la vida y la conservación de la fortaleza corporal. Deberemos esperar al futuro, cercano o remoto, para disponer de información exacta sobre uno de los principales problemas de la humanidad].

Parece que ese tiempo ya llegó. En próximos posts trataremos de profundizar en estas cuestiones a la luz de los conocimientos actuales.

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