El dolor

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Cuando nos hacemos una herida, ¿es efectivo el “sana sanita”?

Supongo que nos habrá pasado a todos, que cuando éramos pequeños y nos caíamos al suelo, nos pillábamos los dedos, o nos hacíamos cualquier tipo de herida, por pequeña que fuese, íbamos llorando a nuestra madre, padre, o abuelos, que nos cogían de la mano, nos soplaban la herida, y nos cantaban el conocido “sana sanita”.

Incluso nosotros, si ahora nos hacemos una herida, o nos damos un golpe, nos apretamos la zona, movemos el brazo, o incluso cantamos, para reducir de alguna forma la sensación de dolor.

¿Pero con qué fin hacemos todo esto? ¿Tiene algún sentido fisiológico?

Pues me atrevo a decir que sí, que por tontería que parezca, estas simples acciones, siguen una vía neurológica, que consigue modular realmente la sensación de dolor. En definitiva, es un tema que va a tener también una estrecha relación con el sistema límbico, dueño de nuestras emociones, y sentimientos.

El dolor, es una de las sensaciones, que mejor puede modular nuestro SNC. La madre, sin ser consciente de ello, activa diversos mecanismos que reducen el dolor.

El primero, se explica con la “teoría de la compuerta”, y es que existen unas fibras aferentes de tipo C, que informan a una segunda neurona medular (de una metámera cualquiera), de la información dolorosa. A su vez, si se produce lesión, estas fibras C inhiben a una interneurona inhibitoria de la segunda neurona.

mecanismo de inhición

Es decir, en caso de dolor, la información asciende, llegando a la segunda neurona. Además, la fibra C colateral produce la “desinhibición” de nuestra 2ª neurona, para que la sensación siga su camino normal.

Por otro lado, las fibras A-Beta aferentes, se encargan de recoger información del tacto, y hacen sinapsis en la interneurona inhibitoria de la 2ª neurona (mencionada antes). En este caso, hace una conexión de tipo excitatorio.

Cuando la madre sopla en la herida, la frota, o incluso nosotros movemos el brazo, o hacemos presión en la zona, se activan estas fibras de tipo Beta, que van a hacer su efecto, que no es otro que activar, ahora sí, la inhibición de la 2ª neurona, mediante la interneurona inhibitoria. Llegamos al punto clave, que consiste, en que por un lado el dolor produce una activación de la 2ª neurona, y por tanto de la vía del dolor, y por otro lado, esa sensación táctil, que provoca una reducción de la sensación dolorosa, al activar la interneurona gabaérgica inhibitoria.

Pero es ahora, cuando hace falta tener en cuenta, una vía descendente de tipo inhibitorio, que comienza en la sustancia gris periacueductal del mesencéfalo, y termina en el asta dorsal de la médula espinal, en nuestra 2ª neurona, de la que ya hemos hablado. Entre medias, discurre por los núcleos del Rafe bulbares, o por el locus ceruleus.

Con experimentos, se ha demostrado, que esta vía provoca analgesia mediada por opiáceos endógenos, tales como endorfinas, cuya producción se controla por el Sistema Límbico.

Y es que cuando la madre nos da un beso en la herida, o nos canta la canción, nos sentimos queridos, mimados, (sensación que procesa el Sistema Límbico: la amígdala, el hipotálamo), por lo que aumenta la producción de opiáceos, que activan esta vía, que antes estaba inhibida. De esta forma, también modulamos en médula, la sensación dolorosa de la lesión, al reducir aún más la aferencia que llega por la tan mencionada 2ª neurona, al tálamo, y a la corteza somatosensorial.

Por tanto, esos pequeños gestos, sin que ellos lo sepan, van más allá del cariño, y realmente tienen una significación neurofisiológica, que nos alivia el dolor.

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