Efectos del alcohol sobre la fisiología humana

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¡Muy buenas a todos! Aquí estamos un mes más y esta vez con ganas de hablaros del alcohol y los efectos que causa sobre el organismo desde un punto de vista más profundo. Me refiero a que todos sabemos a grandes rasgos los efectos de beber más de la cuenta: ese estado de éxtasis emocional, que tras unas horas se convierte en dolor de cabeza, náuseas y malestar general. Pero lo cierto es que el alcohol afecta a nuestro organismo de muchas más maneras a largo plazo, muchas de ellas no visibles en un principio y de las que estoy seguro os interesará saber.

Comencemos por el sistema digestivo. El esófago presenta una alteración en su motilidad en individuos a los que se les administra alcohol ya sea bebiéndolo o por vía intravenosa. Esto, sumado a una peor acción de los esfínteres esofágicos superior e inferior, contribuye al reflujo y al vómito de cualquier cosa que ingiramos. Esta motilidad se ve permanente afectada en bebedores crónicos, si bien en sujetos sanos se revierte pasadas unas cuantas horas.

En las paredes del estómago tenemos unas células que segregan ácido clorhídrico. Este crea en el interior estomacal un ambiente tremendamente ácido (pH cercano a 2) necesario para llevar a cabo la digestión de los alimentos. El hecho de que no se “digiera a sí mismo” se debe a que está recubierto por dentro por una capa de mucosa que segrega bicarbonato, logrando un efecto tampón que mantiene un pH estable. Pues bien, el alcohol consume esta capa mucosa, dejando tejido no resistente a la acidez al descubierto y provocando gastritis aguda, úlceras o hemorragia (efectos que parecen potenciarse si previamente se han tomado ácido acetilsalicílico o antiinflamatorios entre otros). De nuevo este efecto revierte al cabo de unos días en sujetos sanos y es más grave en bebedores habituales.

La velocidad de vaciado gástrico también disminuye con altas cantidades de alcohol. Esto tiene bastante sentido si consideramos que el primer paso de la digestión del alcohol se da en el estómago con el enzima alcohol deshidrogenasa (ADH).  La ADH transforma el alcohol en otras sustancias que deberán ser eliminadas por el hígado, logrando que pase menos alcohol al intestino que es donde más se absorbe (en el estómago se absorbe una pequeña cantidad). Este hecho también presenta la paradoja de que las bebidas con más de 400, al quedar más tiempo retenidas en el estómago, son menos absorbidas que las de 20-300.

También actúa sobre el intestino delgado acelerando el tránsito intestinal, aunque la relación es bastante multifactorial y no está del todo clara. Se cree que es por efecto directo del etanol sobre las fibras musculares, así como sobre el sistema nervioso parasimpático. En cualquier caso la descomposición asociada al alcohol revierte en pocos días.

Más importante es su papel en el flujo de absorción de nutrientes y fluidos. El alcohol ralentiza este proceso contribuyendo a la malnutrición, especialmente en bebedores crónicos.

Los efectos sobre el sistema circulatorio a largo plazo como la arritmia y la hipertensión, predisponen a quien los padece a sufrir una insuficiencia cardíaca que puede finalizar en un infarto. Estos efectos también se dan en intoxicaciones etílicas agudas, si bien se vuelve a la normalidad bastante deprisa.

El alcohol dilata los vasos sanguíneos periféricos, lo que hace que se pierda calor (otra cosa es que no sintamos el frío debido al efecto sedante sobre el sistema nervioso).

Por otra parte, los beneficios de un consumo moderado de alcohol sobre el sistema cardiovascular son reales. La propia American Heart Association concluyó que los bebedores moderados tienen un 40-50% menos de riesgo de padecer un infarto de miocardio. Esto se debe al efecto vasodilatador y “antiadherente” sobre el endotelio de los vasos coronarios (los que irrigan el músculo cardíaco).

Aproximadamente el 90% del alcohol que pasa a la sangre es eliminado por oxidación en el hígado. Esto puede darnos una idea del gran esfuerzo que tiene que hacer para eliminar una sustancia tóxica. Un consumo excesivo produce en este órgano la famosa cirrosis, caracterizada por una acumulación de colágeno en el hígado (imaginarlo como “cicatrices” producidas por el alcohol) que destruye su arquitectura normal hasta producir un fallo hepático.

En las fases iniciales de la intoxicación etílica aguda aparece un menor autocontrol, mayor fluidez verbal, sensación de bienestar, risa fácil y desinhibición. Después aparecen los efectos típicamente sedantes con una reducción de la capacidad de rendimiento y concentración, torpeza motora, desequilibrio, pérdida de reflejos… Estos efectos tan observables en los jóvenes de fin de semana son difíciles de explicar a nivel neurológico. Por ejemplo, parece ser que el alcohol estimula de manera indirecta el centro del placer y la recompensa del sistema nervioso central, aumentando la liberación de dopamina y produciendo euforia.

Tradicionalmente se viene creyendo que el alcohol destruye neuronas. Este fue un error cometido por los científicos americanos Harper y Krill que, hallá por los noventa, llegaron a tal conclusión al observar que cerebros de alcohólicos tenían menos neuronas que cerebros de gente normal. En un artículo publicado en abril en la Scientific American Mind el alcohol daña transitoriamente las dendritas y con ello la sinapsis neuronal, pero no destruye a las neuronas. Un estudio similar fue publicado en el 93 en The Lancet que además añadía como nota positiva que los cerebros de alcohólicos podían regenerarse con un tratamiento adecuado. Puede que no se les hiciera mucho caso.

Otro de los efectos más destacados a nivel cerebral se produce en el hipotálamo. Desde ahí se controla de manera indirecta la producción de la hormona vasopresina, cuya liberación contribuye a la retención de líquidos. El alcohol hace que tengamos más ganas de orinar porque inhibe la producción de esta hormona. Aprovecho para decir, que una de las teorías actuales de la aparición de la resaca es la deshidratación cerebral causada por este efecto.

Estas son algunas de las patologías más importantes del consumo excesivo de alcohol. Como podéis observar la mayoría de las complicaciones que surgen de una borrachera pasan poca factura al organismo, pero se vuelven bastante serias cuando el consumo es habitual. Sin embargo el coma etílico, que es la pérdida de conocimiento causada por el alcohol puede suponer la muerte del individuo por depresión del sistema cardiorespiratorio o por asfixiarse con su propio vómito. ¡Así que bebed con moderación!

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