Conoce las claves de la astenia veraniega

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Con el calor nos sentimos agotados y parece que hasta lo más fácil se convierte en un reto casi imposible. ¿Por qué nos cuesta tanto trabajar o mantenernos activos durante el verano? La respuesta, en muchos casos, está relacionada con la astenia veraniega.

Los expertos explican la astenia o fatiga como una sensación subjetiva de debilidad, falta de energía y cansancio. Estos síntomas son motivo de consulta frecuente durante los meses más calurosos en Atención Primaria.

Para conocer más detalles sobre esta afección, hemos hablado con el Dr. Joan Gené, editor adjunto de la revista Atención Primaria de Elsevier.

¿Qué pacientes son más susceptibles de sufrir astenia veraniega?

En verano asistimos a un exceso de mortalidad asociado al calor que afecta principalmente a los ancianos, a las personas con enfermedades crónicas y a aquellos pacientes que presentan problemas cardiovasculares, respiratorios y renales. Por el contrario, las que presentan trastornos afectivos estacionales se muestran más alegres y energéticas durante el periodo estival.

Pero el calor también afecta a las personas sanas. Se ha observado que la sensación de cansancio por el calor se produce especialmente en aquellas personas que tienen problemas para conciliar el sueño. Este grupo supone casi una cuarta parte de la población. En cambio no afecta tanto a los que duermen perfectamente.

En personas sanas el fuerte instinto de la sed hace que prácticamente no podamos atribuir cambios en el humor o cansancio a este fenómeno. Los estudios sobre deshidratación y humor no aportan datos concluyentes. Alguna evidencia, sin embargo, apunta que los niños y los ancianos con función renal alterada, mejoran su atención y rendimiento intelectual con una adecuada hidratación.

¿Han aumentado este tipo de consultas en los últimos años? ¿A qué se debe? ¿Qué previsiones hay para este año?

Es habitual que los pacientes consulten por fatiga o cansancio. Es un síntoma inespecífico que hace pensar en una gran lista de problemas físicos y psíquicos. En verano esta demanda crece ligeramente, especialmente desde que asistimos a un aumento progresivo de la temperatura relacionado con el cambio climático global. Este problema emergente es especialmente relevante en las grandes ciudades por el efecto “isla de calor urbana” que genera el gran consumo energético que se produce en las grandes urbes. El alto consumo de aire acondicionado no hace más que agravarlo.

¿Cómo afecta la atención de esta consultas en Atención Primaria?; ¿Influye en el ritmo habitual de la consulta?

Cada época del año aporta un diferente perfil diferente de la demanda que no debe hacernos olvidar la necesidad de realizar una atención personalizada a cada paciente. De la misma forma que en invierno no podemos pensar que toda fiebre es una gripe, en verano no debemos atribuir cualquier queja por astenia al calor. El conocimiento de la biografía del paciente y de sus circunstancias personales y familiares, así como una adecuada anamnesis y exploración deben orientar al médico de familia sobre la causa de la astenia que presenta el paciente. Seguramente, esta atención es más complicada en las áreas de veraneo, donde además de la sobrecarga asistencial estacional, se suma el desconocimiento del paciente por parte del médico de familia que los atiende. Por el contrario, en las grandes ciudades que quedan desiertas en agosto, los médicos de familia cuentan con más tiempo para realizar esta atención.

¿Qué posibilidades hay para su tratamiento?

Los Departamentos de Salud de las distintas autonomías y el Ministerio de Sanidad aportan recomendaciones básicas de actuación ante las olas de calor, especialmente dirigidas a los sectores de más riesgo de la población: ancianos y pacientes crónicos. Van desde estrategias para protegerse del calor hasta evitar el ejercicio al sol y mantener una correcta hidratación. Unos consejos lógicos y tradicionales en un país caluroso como el nuestro. Algunas autonomías incluyen también programas específicos para recordar estas recomendaciones a los pacientes de más riesgo que viven solos.

Efectivamente las mismas medidas pueden ayudar a los pacientes que presentan astenia veraniega. Sin embargo existen pocos estudios que permitan afirmarlo con rotundidad. Hay indicios de que dormir con el aire acondicionado no mejora la calidad del sueño y por lo tanto tampoco reduce la astenia el día siguiente. Por otro lado la utilización de estos aparatos incrementa el calor global, especialmente en las grandes ciudades.

Tampoco ha demostrado ser efectivo ingerir complejos vitamínicos, como recomiendan algunos. Sin duda, el exceso de bebidas excitantes como café o té para ganar energía tampoco son beneficiosos. Se propone mantener una adecuada hidratación con un consumo adecuado de frutas y verduras.

¿Qué novedades y líneas de investigación destacan en este campo?

El campo de la astenia estival preocupa más a las revistas de divulgación general que a las publicaciones científicas. Sabemos poco de su epidemiología y de los mecanismos fisiopatológicos que la producen. Es un fenómeno que se ha estudiado especialmente en el campo de la medicina del deporte. Actualmente se piensa que es poco probable que un único sistema neurotransmisor sea el responsable de la fatiga central. El mecanismo exacto de la sensación de fatiga es desconocido. Presumiblemente sea debido a una combinación de factores centrales y periféricos. Posiblemente la fatiga central este producida por diferentes sistemas neurotransmisores, con un protagonismo especial de las catecolaminas dopamina y noradrenalina.

Sin duda la creciente preocupación por el exceso de mortalidad atribuible al calor que muestra la creciente población anciana y con patologías crónicas obligará a investigar sobre alternativas terapéuticas a la sobra, el abanico y el vaso de agua.

Por comunidades, ¿cuáles son las que presentan mayor prevalencia de astenia veraniega?

Tenemos poca información sobre la epidemiologia de la astenia veraniega en nuestro país. Destaca el estudio Vytal elaborado por la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN). En él, se señala que un 73% de la población declara padecer astenia, especialmente las mujeres. La encuesta indica que los que más la padecen son los canarios, seguidos de los vascos, catalanes, madrileños y andaluces. Parece curioso que la población con menor cambio climático estacional sea la que más astenia presente. Seguramente porque el estudio no sólo recoge las astenia estacional, sino la relacionada con muchos otros factores como los horarios de trabajo, las horas de dormir, la alimentación, o el nivel de estrés.

Todo síntoma menor que afecta a la mayoría de la población no debe etiquetarse como enfermedad. Especialmente cuando puede combatirse con medidas higiénicas básicas y de sentido común. Si medicalizamos este tipo de situaciones acabaremos pensando que la llegada del otoño no es la cura de la astenia estival sino la entrada del síndrome postvacacional.

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