Coartación aórtica: el estrechamiento de la aorta todavía busca solución

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La coartación aórtica (Coa) representa aproximadamente el 5% de las anomalías cardíacas congénitas. Es poco común y es predominante en hombres, pero, ¿En qué consiste concretamente esta compleja afección?

Es una estenosis congénita, es decir, un estrechamiento de la arteria aorta que causa una obstrucción del flujo sanguíneo. Más específicamente, el estrechamiento se produciría por un engrosamiento de la capa media aórtica con hiperplasia intimal, es decir, un engrosamiento de la capa íntima del vaso sanguíneo. La aorta es la arteria que sale del corazón desde el ventrículo izquierdo y transporta la sangre enriquecida en oxígeno hacia el resto del cuerpo, dividiéndose en aorta abdominal y torácica, y ésta última subdividiéndose a su vez en partes (aorta descendente, ascendente y el cayado aórtico). Comúnmente la coartación se produce cerca del nivel del diafragma, en la aorta torácica descendente, distal al origen de la arteria subclavia izquierda que irriga el brazo izquierdo, aunque puede producirse en cualquier tramo de la arteria. La coartación suele presentarse junto con la presencia de una válvula aórtica bicúspide, la cual no puede ser completamente eficaz y puede causar problemas de regurgitación aórtica entre otros.

Palidez, sudoración pérdida de peso…

Los síntomas que presenta dependen de la severidad de la malformación y el hecho de que existan otras anomalías cardiacas asociadas. Si es leve no suele producir síntomas, hallándose sobre todo en exploraciones rutinarias en pacientes con una hipertensión severa. De todas formas, una característica significativa de la hipertensión por coartación es que el flujo sanguíneo en brazos, aunque la presión sea un 40-60% mayor, es casi exactamente normal. Esto es debido al desarrollo de una autorregulación a largo plazo que provoca que los mecanismos de control del flujo sanguíneo local compensen casi totalmente las diferencias de presión. Otros síntomas que se pueden experimentar son palidez, sudoración, respiración rápida y/o dificultosa, pérdida de peso, retraso en el crecimiento o falta de pulso o pulso disminuido en los pies entre otros, pero si la obstrucción es severa, se pueden dar problemas de insuficiencia cardíaca.

Cirugía y seguimiento de por vida

Respecto al diagnóstico, se suele identificar mediante electrocardiogramas anormales o radiografías de tórax, aunque es el ecocardiograma el que identifica la obstrucción y permite saber el grado de severidad de este. En los casos que la aorta torácica descendente no se pueda ver bien mediante las técnicas descritas, se optaría por una resonancia magnética o un TAC.

El tratamiento es diferente según el grado de severidad, pero en todos los casos debe ser tratada mediante una cirugía. La corrección más común consiste en resecar la zona estrecha y anastomosar los dos cabos de la aorta entre sí con una sutura simple, después de haber provocado un ensanchamiento del ductus mediante la suministración de fármacos; se trata de una anastomosis término-terminal. Otras técnicas consisten en ampliar la zona estrecha mediante un parche o un colgajo de la arteria subclavia.

La mayoría de los pacientes con reparación quirúrgica de la coartación aórtica llevan vidas sanas, aunque se mantiene un seguimiento regular por parte de un cardiólogo durante toda la vida del paciente.