Calor y cambios anímicos: ¿Cómo nos afecta la ola del calor?

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En este 2015 se han sucedido en España hasta tres olas de calor y, ya desde principios de julio, las temperaturas se han disparado anormalmente, de acuerdo con los registros históricos.  Esta situación no solo provoca los conocidos problemas sobre la salud física, con riesgo especial para poblaciones vulnerables a los golpes de calor (ancianos, niños, personas que deben trabajar en las horas centrales del día, etc.), sino también efectos sobre las emociones que deben ser tenidos en cuenta desde un enfoque global de la salud.

Desde hace decenios se sabe que las respuestas de ansiedad y la agresividad aumentan con la subida de la temperatura. Pero la investigación ha revelado que esta afirmación debe matizarse. En primer lugar, porque estos incrementos no son lineales, es decir, que no hay más tensión, ansiedad o agresividad por cada grado que aumente la temperatura, sino que, a partir de cierto momento, la relación se invierte y a más temperatura se produce un descenso de la actividad, un “bajón”, y la preocupación de las personas se dirige exclusivamente a escapar de la asfixia.

Se han analizado objetivamente los efectos del calor sobre diferentes tipos de tareas: vigilancia, memoria, cálculo mental o tiempo de reacción y se han demostrado que el calor afecta a la realización de tareas complejas, aunque no a las sencillas. El rendimiento óptimo se sitúa alrededor de 20-22º para trabajos sedentarios, y entre 16-18º para trabajos que requieren fuerte intensidad muscular. En las tareas sencillas hasta los 35º aproximadamente se puede mantener un buen nivel.

Por otro lado, varios estudios han demostrado que la relación entre temperatura y agresividad no es tampoco lineal, sino que son los incrementos rápidos de la temperatura los que pueden favorecer la agresividad. Es probable que esto obedezca a la dificultad para acostumbrarse al calor, lo que nos haría más vulnerables a  las olas de calor.

Otro aspecto psicológico que debe considerarse radica en la preocupación generada en la población por los medios de comunicación que aluden repetidamente a las olas de calor y amedrentan a la población con mensajes alarmistas. Los profesionales sanitarios deben, por supuesto, ofrecer las recomendaciones adecuadas ante las temperaturas altas, pero, igualmente, tranquilizar respecto a los efectos de esta situación. En muchos casos, más que ante los riesgos físicos se debe actuar para tranquilizar. Con técnicas de relajación, reestructuración cognitiva y mindfulness puede ofrecerse una ayuda terapéutica efectiva.

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