Alcohol y fisiología humana: Capítulo 4- Cáncer y sociedad

bodyalcohol.jpg

Llegamos al penúltimo capítulo de la serie firmada por Santiago Soldo, ‘El alcohol y su efecto en la fisiología humana’. Hoy, nuestro embajador repasa su relación con cáncer y la sociedad.

Sin duda alguna, el alcohol y el cáncer son dos variables que no se pueden analizar una sin la otra cuando se trata de pacientes con cáncer que son consumidores habituales de alcohol ya que el consumo crónico se asocia a un aumento de la incidencia de cáncer en la cavidad bucal, faringe, esófago, hígado y mama. Aunque el etanol no es un carcinógeno de acción directa, el acetaldehído, como comentamos en el segundo capítulo, puede actuar como promotor tumoral. La inducción por parte del etanol de las enzimas que metabolizan el citocromo P-450 puede potenciar la activación metabólica de otros carcinógenos e incrementar el estrés oxidativo celular. Un ejemplo de ello, es la degradación intensa del retinol en el hígado y el déficit resultante de vitamina A, asociado a un aumento en incidencia de cáncer. Otras dos sustancias químicas como el metanol, pueden ser ingeridas de manera accidental o consumidas como sustitutos baratos del etanol y es peligroso porque se metaboliza a formaldehído y ácido fórmico, evidenciándose casos graves de acidosis metabólica, vértigo, vómitos, visión borrosa y depresión respiratoria.

Por lo general, los riesgos asociados con niveles no seguros de consumo de alcohol establecen, de forma protocolaria, que antes de desarrollar cáncer, habría problemas digestivos, úlceras, inflamación del páncreas, HTA, dificultad para desempeñar sus tareas en la vida cotidiana e incluso haber daño cerebral permanente, cirrosis hepática, etc. Esto no quiere decir que en todas las personas antes de desarrollar cáncer por alcohol tenga que suceder todo esto. De hecho, se ha visto que en muchos casos, la patología oncológica por alcohol puede aparecer como primer efecto (y a veces incluso inmediato) de consumo crónico de alcohol.

La relación entre el consumo de alcohol y el cáncer se ha establecido hace tiempo en la literatura científica. La relación entre su consumo y el cáncer del tracto respiratorio y digestivo (boca, faringe, laringe, esófago) está ampliamente demostrada y fuera de toda duda. Asimismo hay evidencias de relación entre consumo de alcohol y cáncer de hígado y parece probable la relación entre la ingestión de alcohol y cáncer de mama y recto; las mujeres que consumen diariamente más de 10 gramos de alcohol (vaso de vino, cerveza, licor, vasito de whisky, etc.) el riesgo de cáncer de mama es elevado en comparación con una población control. Puesto que el cáncer de mama es una causa de muerte frecuente entre las mujeres, incluso este pequeño riesgo es importante desde el punto de vista de la salud pública. No hay correlación con el cáncer de vejiga y/o estómago, páncreas y próstata.

Normas sociales y consumo de alcohol

El consumo de alcohol está profundamente arraigado en la mayoría de las culturas occidentales. Las normas culturales y sociales perfilan los patrones del modo de beber en una sociedad. Las normas determinan cómo se integra la bebida en la vida diaria. Por ejemplo, se sabe que el consumo de alcohol prevalece entre los hombres más que las mujeres, y que el consumo excesivo en las mujeres está sancionado más que en los hombres.

La mayoría de personas jóvenes en muchos países tienen su primer contacto con el alcohol a una edad muy temprana cuando es crucial esa etapa para el desarrollo óptimo de los órganos encargados de metabolizar el etanol, por lo que se puede escindir que la adolescencia es la peor etapa para el consumo crónico de alcohol en un sujeto sano. Y lo que es peor: las tendencias principales en el patrón de bebida de la gente joven son las de una experimentación mayor con el alcohol entre los menores y de un aumento en las actividades de alto riesgo como “beber para emborracharse”. Además, hemos de comentar que además del alcohol, es común hoy en día, ver a los jóvenes no sólo consumiendo alcohol, sino tabaco y drogas ilícitas.

Se cree que ya no es tanto, la moda de los jóvenes y de las influencias a consumir alcohol; se está estudiando la incidencia del marketing de las etiquetas y firmas de bebidas espirituosas que llegan a los jóvenes con la incidencia de patologías asociadas. El valor que los jóvenes le dan a estas bebidas atrae a estos a consumir dicha bebida y por ende “creer que están consumiendo un producto que les hace ser gente ‘top’”. Mucha de esta culpa es el alcance que las bebidas alcohólicas tienen en los menores y su entorno, pues muchas de estas marcas están presentes y se promocionan en las redes sociales de los menores que carecen de control alguno para que les salten dichos anuncios. Esto hace que en su momento de ocio, decidan compartir los momentos con sus amigos en compañía de una botella de alcohol, sin hacer caso de la gravedad que implica consumir una bebida con una graduación de 40 ó 50 grados de alcohol ya que a veces no se tiene en cuenta qué es lo que realmente significa la graduación alcohólica.

Concepto de grado alcohólico

La graduación alcohólica se expresa en grados y lo que mide es el contenido de alcohol absoluto en 100 cc o lo que es lo mismo, el porcentaje de alcohol puro que tiene la bebida.

Por ejemplo, una bebida que tiene 30 grados de alcohol, significa que 30 cc de cada 100 (30 % de la bebida) es etanol o alcohol absoluto. A cada unidad de porcentaje de alcohol en el volumen total le corresponde un grado en la escala alcohólica. Así, por ejemplo, se habla de un vino con 13,5° de alcohol cuando tiene un 13,5% de alcohol, o sea 13,5 ml de etanol en cada 100 ml de vino.

Hay que tener en cuenta que hay amplias variaciones respecto a la concentración de las bebidas alcohólicas utilizadas en diferentes países. Desde la perspectiva sanitaria, tiene mayor relevancia determinar los gramos de etanol absoluto ingerido que el volumen de bebida alcohólica.

Conclusiones y recomendaciones

Una amplia evidencia científica demuestra que ciertas estrategias preventivas son efectivas y pueden compensar los gastos sociales y de salud. La efectividad a largo plazo de estos servicios deben ser monitorizadas. Sorprende que se hayan publicado pocos estudios de costo-beneficio o costo-efectividad en el área de la prevención.  Aún es más llamativo los pocos estudios que se han llevado a cabo sobre la implementación de la prevención, con el resultado de que tenemos bastante buen conocimiento sobre cómo prevenir los problemas relacionados con el alcohol pero somos incapaces de llevar a cabo las correspondientes estrategias.

Como mencionamos el capítulo 1, el alcohol como tal es un antioxidante que nos puede ayudar a la hora de prevenir complicaciones neurales u oxidativas. Pero al ser nocivo en cantidades abundantes, quizá sería correcto analizar algunos alimentos antioxidantes que posean propiedades similares a un vasito de alcohol. Quizá e va a sorprender la respuesta por ser un tópico, pero la clave es llevar una dieta saludable y equilibrada, ya que no existe ningún alimento que sustituya como tal al alcohol ya que todos son diferentes entre sí. Lo que llamamos ‘antioxidantes’ tiene su sinónimo en las palabras ‘vitaminas’ y ‘minerales’: vitamina A, C, betacarotenos, vitamina E, zinc, aceites esenciales como Omega 3 y 6, magnesio, etc. Compuestos que a la larga ayudarán al organismo en todo sentido y por ende, ayudan a disminuir el desgaste -oxidación- celular:

  • huevos, zanahorias, pollo, cerdo etc (vitamina A)
  • naranja, limón, pomelo, kiwi, etc (vitamina C)
  • aceite de girasol y pipas, frutos secos como cacahuetes o almendras, cereales, etc. (vitamina E)
  • frutos secos -por abundancia también de Omega 3 y 6-, quesos, carne roja, etc. (zinc)
  • Frutas y verduras en general, legumbres, cereales, lácteos, etc (selenio)

Hemos de dejar claro que la diferencia entre el alcohol y estos alimentos es que un exceso de ingerir no acarrea las complicaciones que trae el alcohol (a no ser que sea intolerante o alérgico a alguno de estos o alguna otra complicación en particular: obesidad, hipertensión, etc.)


“Si bebes alcohol, tanto si es cerveza, vino o licores, hay que moderar el consumo diario a dos bebidas en el caso del hombre, y una en la mujer” – Código europeo contra el cáncer.


Referencias