Fuentes de error en la administración farmacológica de riesgo (y dosis) en situación de emergencia prehospitalaria

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Seguridad clínica en los servicios de emergencias prehospitalarios titula uno de los textos de referencia y mayor calidad en torno a la seguridad del paciente en la emergencia prehospitalaria. La obra ofrece una estructura para una visión práctica y global del tema, abordando la cultura de seguridad, las estrategias de gestión, la disponibilidad de material y su mantenimiento, incluida la medicación y su uso seguro, el trabajo en equipo y su entrenamiento en simulación, la adecuada documentación y el aprendizaje de los errores a través de la investigación de los incidentes de seguridad. Además, trata escenarios exclusivos del ámbito prehospitalario, como el transporte aéreo o las catástrofes, y los que, por ser menos habituales, suelen aportar un factor de estrés adicional a los profesionales, como son el manejo seguro del paciente pediátrico en la urgencia y el transporte extrahospitalario. Un buen ejemplo del valor de este título es el contenido que compartimos a continuación: la fuentes de error en la administración farmacológica de riesgo y cálculo de dosis en situación de emergencia prehospitalaria.

Medicamentos de alto riesgo

La administración de medicamentos clasificados como fármacos de riesgo por el Institute for Safe Medication Practices (ISMP) es una intervención frecuente en las urgencias prehospitalarias. Se denominan “medicamentos de alto riesgo” los que, cuando se utilizan incorrectamente, presentan una mayor probabilidad de causar daños graves o incluso mortales a los pacientes (cuadro). Dentro de este grupo están incluidos los medicamentos de estrecho margen terapéutico, aquellos en los que la dosis que logra el efecto terapéutico está próxima a la que causa efecto tóxico, como los agonistas adrenérgicos, la insulina, la digoxina, el litio, la heparina y, por extensión, la terapia anticoagulante.

Medicamentos alto riesgo emergencias La exactitud de la dosificación es primordial en estos casos. Las soluciones concentradas de electrólitos (potasio) y los opiáceos son objeto de recomendaciones y alertas específicas, y la EMA ha publicado recientemente recomendaciones de prevención de errores con antidiabéticos orales e insulina por ser medicamentos de amplia utilización con alta probabilidad de error. Todas las organizaciones dedicadas a la seguridad del paciente insisten en la necesidad de establecer programas y procedimientos explícitos con un enfoque multidisciplinar para reducir el riesgo de errores cuando se manejan estos medicamentos. Así, es recomendable:

  • Establecer y difundir una relación con los medicamentos de alto riesgo disponibles.
  • Estandarizar su prescripción, almacenamiento, preparación y administración.
  • Establecer dosis máximas y alertas automatizadas.
  • Limitar el número de presentaciones y de concentraciones disponibles, particularmente para la heparina, los opiáceos y la insulina.
  • Implantar prácticas de doble chequeo en la preparación y administración de estos medicamentos.

Error en el cálculo de la dosis

Los errores de dosificación constituyen uno de los errores relacionados con la medicación más frecuentes en todos los niveles de atención sanitaria. Los pacientes pediátricos forman parte del grupo de población de pacientes con mayor riesgo de padecer errores de dosificación. El estudio de Hoyle et al., con 5.547 niños menores de 11 años atendidos por paramédicos en Michigan, concluye que deben desarrollarse estrategias de seguridad para reducir los efectos adversos en los pacientes pediátricos, ya que el 34,7% de las dosis administradas eran consideradas dosis erróneas en el caso de los fármacos salbutamol, atropina, dextrosa, difenhidramina, adrenalina y naloxona (desviación ≥ 20% respecto a la dosis adecuada por kilogramo de peso).

Existen diversos factores para que se produzcan estos errores:

  • Diferencias y cambios farmacocinéticos dependiendo de la edad y el estadio madurativo del paciente, básicamente en cuanto a función hepática y renal.
  • Necesidad de calcular dosis individualizadas basadas en la edad, peso, superficie corporal y condición clínica del paciente. El proceso matemático que comporta el cálculo de dosis en los niños introduce una fuente de error aumentada si se desconoce el peso real del niño o lactante.
  • Falta de disponibilidad de formas de dosificación en concentraciones apropiadas para la administración a niños. Ello requiere cálculos adicionales y la manipulación de los productos comerciales disponibles, a menudo sin tener en cuenta la estabilidad, compatibilidad o biodisponibilidad del producto.

Las abreviaturas, símbolos y expresiones incorrectas de la dosis han causado errores de medicación registrados en el programa del ISMP. Por ejemplo, la utilización de la abreviatura «U» para indicar unidades puede crear confusión con los números «0» o «4» y ha ocasionado errores graves e incluso mortales por sobredosificación, al multiplicar la dosis por 10 o más. Otra abreviatura que puede dar lugar a errores de medicación graves es « μ g», por el riesgo de confusión con «mg», lo que supone multiplicar la dosis por 1.000.  Las recomendaciones sobre la prevención de errores de dosificación en todos los pacientes, independientemente de su edad, son las siguientes:

  • Disponer de un sistema de formulario o una guía actualizada con normas para la evaluación, selección y utilización terapéutica de los fármacos y dispositivos para administración. Como ayuda extra, en la actualidad existen distintas aplicaciones informáticas certifi cadas por entidades sanitarias con esta fi nalidad. Disponer de dosifi cación estándar para diferentes pesos en niños y adultos de las medicaciones que se utilizan en situaciones de emergencia o de dispositivos que nos informen en tiempo real de su peso.
  • Disponer de documentación de la medicación actual de cada paciente en cuanto a tiempo y método de administración, para que cada dosis se administre exactamente según el esquema.
  • Realizar una doble comprobación de los cálculos realizados para asegurar que sean correctos.
  • Siempre que sea posible, es recomendable la utilización de soportes tecnológicos con calculadoras de dosis y sistemas de alertas integrados a la prescripción para la prevención de errores potenciales y bombas de infusión programables con velocidades máximas y mínimas, así como alertas de limitaciones de dosis.

Más información de la obra aquí.

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