El e-bolsillo: información médica concisa, actualizada y acreditada

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Ser un buen profesional de la medicina implica hoy en día más “saber dónde encontrar rápidamente” que saber de memoria la respuesta contrastada a aquellas dudas cotidianas de tu práctica clínica habitual. La generalización del uso de las guías de práctica clínica y algoritmos de actuación ha supuesto un avance en el rigor y la uniformidad con la que se realiza el acto médico, pero el contrapunto es la gran cantidad de información que tiene que manejar el profesional médico en su día a día, porque prácticamente la elección de cada acto viene sustentado en un algoritmo o fórmula matemática en la que basar el siguiente paso.

La evolución natural de este escenario es la búsqueda por parte del médico de un sistema de información accesible que, en el mejor de los casos debe ser conciso, actualizado y acreditado, pero que, en todo caso, pueda ser consultado en cualquier momento y situación. Aunque la búsqueda bibliográfica, la preparación de seminarios, revisiones o sesiones clínicas siguen realizándose desde ordenadores, el médico busca cada vez más en su bolsillo (o en el bolsillo de la bata) la respuesta a su duda específica en el manejo clínico de sus pacientes.

La razón a este cambio de actitud se basa en dos pilares: Uno, las altas prestaciones tecnológicas de los teléfonos inteligentes o “smartphones” , y, otra, la aparición de las tabletas electrónicas. Sin embargo, y aunque tabletas y teléfonos se hayan hecho el método estándar para la búsqueda de información “inmediata”, el contenido que se consulta tiene un origen mucho más variable.

Existen partidarios de la versión PDF de libros de texto completos, otros que utilizan versiones online de libros electrónicos y otros, que directamente buscan en Internet a través de los dispositivos anteriores. Una cuarta fuente de información son las aplicaciones electrónicas, las famosas apps, que pueden variar su aplicabilidad desde la realización de un simple cálculo matemático, como la determinación del índice de masa corporal, hasta completas herramientas clínicas capaces de conferir a su portador la sensación de ser inmune a cualquier duda médica que se le plantee.

Sin embargo, y a pesar del avance tecnológico, no existen en la actualidad estándares legales para la comercialización de este tipo de aplicaciones, con lo que, después de toda esta evolución tecnológica, podemos encontrarnos con que no sabemos si el origen de la información médica que estas aplicaciones nos ofrecen, está sustentado en fuentes confiables.

La FDA (Food and Drug Administration), el organismo de control de medicamentos norteamericano, ya ha anunciado que piensa regular por ley en aquel país aquellas apps que se dirijan al profesional para su práctica médica. Una de las dos fuentes principales de alojamiento deapps para descarga, AppStore, revisa desde hace unos meses el origen de la información médica que contienen las aplicaciones, a través de un sistema en el que los desarrolladores tienen que especificar este origen antes de la autorización de comercialización.

En España, algunas iniciativas intentan poner un poco de orden en este campo (por ejemplo, la iniciativa AppSaludable). Hasta que exista un marco legal que proporcione la tranquilidad al usuario sobre el contenido consultado, se impone la lógica: decantarse por apps médicas realizadas por profesionales sanitarios, y en las que pueda realizarse fácilmente la trazabilidad de la información médica incorporada.

En conclusión, ayuda electrónica sí, pero de calidad. Recordemos que, al fin y al cabo, es responsabilidad última del profesional médico el elegir la opción adecuada. Y esta responsabilidad no entiende de “bytes”.

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