Yo soy estudiante (un relato desde la estética)

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“Buenos días, mi nombre es Víctor, estudiante de 5º de medicina“. Como a las vacas, me grabé esta frase en el cerebro tan a fuego que lo digo casi por instinto, como un acto reflejo que se dispara al entrar en contacto con batas y pacientes. Y a pesar de ser la misma exacta sucesión de palabras, estas se han ido cargando de infinitos matices al decirlas.

Todo comenzó como un cordial saludo al entrar en la consulta. Me veo en mi tercer año, esperando ante una puerta cerrada, preguntándome si tocar, entrar directamente o esperar. Mientras, desesperado, miro en el reloj como cada segundo llego más tarde a mi primer día de prácticas. Lo primero es el paciente así que espero a que termine la consulta y me asomo, me presento y entro casi de puntillas. Tuve suerte porque Don Enrique decidió responderme con su nombre y señalar con una sonrisa afable la silla que había a su lado.

A veces me cuesta hasta admitir que con los años la frase se ha cargado de hastío y desgana. Ya son demasiadas las ocasiones en las que tengo que pasar la mañana sin saber el nombre de quien tengo a mi lado hasta que reconozco algún garabato en la receta del paciente o lo atisbo en su gastado sello. Mi saludo se ha convertido en un desafío de decencia, de honestidad, de respeto. Soy estudiante y tengo nombre, supongo que tu eres médico, pero…

En otras ocasiones, parece que ser estudiante es un acto de rebeldía. “Hola, soy el doctor X y este es mi compañero que va a explorarle” – “Buenos días, mi nombre es Víctor, estudiante de 5º de medicina, ¿si no le importa me gustaría…?” Y es que por mucho que el médico se moleste conmigo por no seguirle “la coartada” yo seguiré siendo.

Los pacientes son enormemente comprensivos con nuestro papel en los hospitales universitarios. Nunca ni un solo paciente se me ha negado a que pase media hora preguntándole cosas de su vida privada, ni a que le realice un tacto rectal, ni a que les cosa yo los puntos, ni a que le explore los reflejos a cañonazos… y aunque se negaran constantemente, seguiré siendo estudiante y diciéndolo junto a mi nombre.

Hace unos meses en un congreso me senté en una mesa a cenar rodeado de médicos que no conocía. No quedaba otra mesa libre y pedimos permiso para ocupar los dos asientos que quedaban. Después de unas palabras vacías Juan interrumpió a dos que estaban hablando entre sí para preguntarnos si podíamos decirle nuestro nombre y donde estudiábamos. Cuando terminamos preguntó si teníamos novia y no pude evitar recordar muchos de los eventos a los que acudo donde en círculo solemos decir nombre, curso, facultad y si estamos solteros. Es un protocolo, pero te hace sentir conectado a los que te rodean. Luego Juan hizo algo que me recordó la importancia del nombre, señaló al barbudo doctor que estaba a nuestra derecha con un gesto sutil de la mano y soltó “¿podrían continuar?”. Así nos presentamos toda la mesa y compartimos una maravillosa cena con cordialidad y confianza. Nos pusimos de alguna forma al mismo nivel al contar algo de nuestra vida.

La importancia de compartir y conocer el nombre de las personas que nos rodean está sumamente estudiada. Hay experimentos que demuestran que cuando los médicos se refieren a los pacientes por su nombre obtienen mejores resultados en los tratamientos. En cuanto a la docencia, un estudio que leí hace mucho dividía a los estudiantes en tres grupos. En el primero el profesor se aprendía sus nombres y les valoraba el trabajo positivamente, en el segundo también los llamaba por su nombre pero les decía lo que hacían mal y en el tercero el profesor no se refería a ellos nunca por su nombre. Un jurado certificó como los mejores resultados eran obtenidos por el primer grupo, seguido por el segundo. Llamar a la gente por su nombre activa nuestro sistema de aprendizaje, refuerza los vínculos humanos y nos hace sentirnos parte de nuestro entorno. A mí no me queda otra que continuar con mi presentación o algún día cantarles la canción de Perales “quisiera decir tu nombre”.

¿Han sentido alguna vez algo así? ¿Qué importancia le dan ustedes a presentarse en la consulta?

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