Síndrome post-vacaciones de navidad: cómo hacerle frente

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Tras las fiestas y las vacaciones de Navidad es probable que aparezca el temido “síndrome post-vacacional”. No tiene que ver con enfermedades, ni se explica con predisposiciones genéticas, constitucionales, de personalidad, ni de ningún otro tipo, sino que se asocia con las condiciones del trabajo y con la satisfacción en él. Así nos lo explica el Dr. Jorge Barraca, presidente de la Sociedad Española de Psicología Clínica y de la Salud (SEPCyS), en una entrevista para Conecta Elsevier:

¿Qué recomendaciones deben seguir, especialmente los profesionales sanitarios, para evitar el estrés después de estas vacaciones?

Lo primero que hay que hacer es aprovechar esa información: si se vive realmente con dificultad ese regreso, está claro que hay un problema de vinculación con la actividad; y más aún, si, pasado un tiempo lógico (dos o tres semanas), se sigue uno encontrando mal (deprimido, ansioso, irritable, agotado, con insomnio, dolores de cabeza, malestar general…) entonces deben analizarse más pormenorizadamente los sentimientos respecto del trabajo y tomar medidas para cambiar la situación. Hay que entender que es muy difícil ofrecer unas pautas generales que, en todos los casos, eviten ese estrés si las exigencias del trabajo son superiores a los recursos personales y si la actividad que se desarrolla en él frustra y desmotiva.

En caso de sufrir estrés o síndrome post-vacacional, ¿qué se debe hacer para reducirlo al mínimo deseado?

Si este nivel de este estrés se encuentra en niveles lógicos y manejables –y hay que entender que casi todo el mundo tiene en alguna medida estos sentimientos– pero se repite cada año, lo lógico es que se adopten algunas estrategias para minimizarlo. Las más características son dividir las vacaciones para que no se acumulen en un único (y más extenso) periodo, seguir desarrollando algunas actividades de ocio y deporte, incorporarse al trabajo a mitad de semana (o cerca de alguna festividad), apuntar y valorar las cosas positivas del trabajo (y el hecho de tenerlo) en vez de focalizarse en lo que se pierde por finalizar las vacaciones, cambiar detalles del entorno laboral para volverlo más atractivo o distinto, o tratar de llegar a la ciudad de trabajo unos días antes de retomar la actividad e ir acomodando los horarios progresivamente.

En el caso de los profesionales sanitarios ¿es más complicado no caer en este temido síndrome?

Sin duda es una profesión con mayor riesgo de sufrirlo. En particular, posee el inconveniente de tener que incorporase de golpe a una actividad frenética y de gran concentración. Es lógico que durante las vacaciones haya descendido nuestro ritmo y tener que pasar “de 0 a 100” en un breve intervalo de tiempo, representa una dificultad añadida. Además, la atención al público y el desequilibrio horario por guardias o intervenciones muy largas suponen, qué duda cabe, un agravante para este problema.

¿Los estados de ansiedad y/o estrés tras el periodo vacacional son comunes y frecuentes entre facultativos?

En aquellos facultativos que añaden a las dudas y a una menor satisfacción con su trabajo mucha presión laboral, una actividad constante y de cara al público, horarios cambiantes y nocturnos, y una alta exigencia por parte de responsables o superiores, son muy frecuentes este tipo de respuestas emocionales.

¿Y entre los pacientes que acuden a las consultas de Atención Primaria?

Sin duda. Hoy en día las consultas de Atención Primaria son un lugar para canalizar este tipo de demanda. De hecho, varios estudios de rigor incontrovertible han mostrado que problemas de ansiedad, depresión y las somatizaciones son los cuadros más prevalentes en la Atención Primaria española, con porcentajes por encima del 40%. Y bien pueden relacionarse estos con situaciones como el estrés post-vacacional aquí descrito.

¿Es un problema que suele estar relacionado o provocado por otros problemas psicológicos?

Se trata de un problema de naturaleza psicológica y este hecho proporciona el marco de referencia para su tratamiento. Habitualmente, no es un cuadro grave o preocupante, por lo que con una buena orientación desde el principio debería solventarse sin complicaciones. En el ámbito de la Atención Primaria, mi opinión es que es un tipo de dificultad que debería encomendarse a un psicólogo (aunque la falta de estos profesionales en este nivel sanitario supone todo un problema), y no derivarse a la especialidad de salud mental. El análisis de las circunstancias estresantes del paciente, el dotarle de estrategias cognitivas y comportamentales para que él mismo se enfrente efectivamente a él y busque alternativas y el desarrollo de medidas ambientales de salud y autocuidado constituyen los ejes de la mayoría de las intervenciones en estos casos.

¿Y si este suceso se repite cada año?

Si se repite cada año y se incrementa el malestar de la persona tras volver de sus vacaciones, es importante hacer una reflexión más a fondo sobre las circunstancias en que está desarrollando su trabajo. No cabe ninguna duda de que si en la vida lo satisfactorio son las vacaciones o los fines de semana y nunca el trabajo, estamos en una situación a cambiar por hondamente insana. Si se me permite el símil futbolístico, sería lo mismo que perder un partido por 11 goles a 1, lo que desde luego es un pésimo resultado en el partido de la vida.

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