Reseña: Lectura crítica de la evidencia clínica

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El modo de transmitir el saber fue objeto de discusión desde la antigüedad clásica. Sócrates defendía la transmisión oral y Platón también defendía las ventajas de la oralidad, aunque, paradójicamente, nos informaba de ello por escrito en Fedro. Sea como fuere, existe una larga tradición en la transmisión del saber por escrito y, desde luego, es la forma habitual de transmisión del conocimiento científico y médico. En consecuencia, si deseamos usar las evidencias científicas para el mejor cuidado de los pacientes, hemos de incorporar a nuestras decisiones ese conocimiento que se transmite a través de la literatura médica. Este libro, Lectura crítica de la evidencia clínica, trata de la interpretación de los textos que contienen las evidencias necesarias para la práctica clínica, es decir, el conocimiento necesario para el mejor cuidado de los enfermos.

También señalaba Platón que el texto no elige a su lector y que siempre ha de ser interpretado. Esa interpretación de los textos (hermenéutica) era antaño un saber reservado a los iniciados (escribas, sabios, sacerdotes, etc.) en contraste, aparente, con la situación actual.

La interpretación de la evidencia se ha considerado, tradicionalmente, un asunto trivial asociado al sentido común clínico. Sin embargo, dos circunstancias hacen que ya no pueda ser visto de ese modo: Por una parte, la aparición de modernos métodos de investigación (vinculados al extraordinario progreso de la epidemiologia Clínica) que atañen tanto al diseño de estudios clásicos como al de nuevos estudios de síntesis, y también a la producción de sumarios de evidencia y guías de práctica clínica. Por otra, el desarrollo de nuevos modos de presentar la evidencia, con aparición de nuevas convenciones de escritura y de nuevos tipos de documentos (estudios, sinopsis, síntesis, sumarios). Ambas circunstancias hacen que la lectura crítica deba ser específicamente entrenada.

Pero, en simetría con el comentario platónico, tampoco el lector elige “sensu stricto” al texto: hay todo un camino previo en el que el texto ha de sortear el entramado editorial y aun así su llegada al lector está a merced de las distintas estrategias usadas para difusión de la evidencia por parte de los diferentes agentes (Editores, Industria, Sistemas de salud, etc.) lo que hace que esa elección tampoco sea realmente activa. En cuanto al camino del texto, no hay pruebas de que el sistema “peer review” garantice la calidad de lo publicado. Adicionalmente, hay evidencias crecientes que apuntan a que la elección de algunos diseños concretos, algunos tipos de financiación de los estudios y otros múltiples factores externos, son capaces de afectar sustancialmente a los resultados de la investigación y, por supuesto, de condicionar su difusión.

Así pues, porque la investigación clínica es ahora diferente y porque el contexto de acceso y difusión a la evidencia cambia vertiginosamente, ya no basta el sentido común clínico para leer la evidencia publicada, y la lectura crítica de la evidencia emerge como una habilidad básica para la clínica del siglo XXI.

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