Por una educación más justa: STOP tasas universitarias

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Cuando comencé la universidad, uno de los aspectos que más me preocupaba era el coste de la matrícula universitaria. Aunque en España se aboga por una educación pública y se facilita la inclusión de los estudiantes en este tipo de estudios, los precios de las matrículas siguen alejándose muchísimo de la evidente gratuidad de estudios inferiores.

Aún somos uno de los países donde estudiar en la universidad es “más barato”. Con la llegada de la crisis, dichas tasas se dispararon hasta el punto de pagar unos 600-700 euros cuando entré en primero de carrera, a pagar unos 800-1000 euros a partir de segundo con la llegada de los cambios gubernamentales. Todo ello sumado a un aumento del coste de la vida, que hacía que la universidad fuera barata en comparación con otros países de Europa, pero relativamente cara para los propios españoles.

Además las propias tasas en sí como la subida que se realizó variaban muchísimo entre las distintas comunidades autónomas. En algunas como Madrid o Cataluña los precios se dispararon. En otras comunidades como Andalucía, la subida fue algo más modesta. Sin embargo, el aumento se hizo de notar.

Fue en ese mismo periodo, cuando aprobaron la normativa que disparaba las tasas universitariasen el precio de las asignaturas en segunda, tercera y cuarta matrícula. Si un estudiante tenía que repetir una asignatura… se le complicaba muchísimo pagar su próxima matrícula. Si tenía que repetirla por tercera vez, le podía suponer dejar de estudiar. Y a uno que tuviera la mala suerte de tener que repetirla en cuarta matrícula…casi con total seguridad, abandonaría la carrera por falta de medios.

En ningún momento se tuvo en cuenta las variables que entran en juego en: las distintas titulaciones, la dificultad de algunas asignaturas o incluso las situaciones personales de los propios estudiantes. Dicho aumento se realizó con un claro afán recaudatorio. Hay formas mucho mejores de aplicar medidas “punitivas” para evitar a los estudiantes que quieran vivir del cuento de la universidad o que realmente no valgan para estudiar una titulación. Medidas que no ahoguen a los estudiantes que valen la pena y que tengan dificultades concretas.

De hecho, a través de este tipo de “tarifazos” lo que se busca no es excelencia ni favorecer un mejor proceso de aprendizaje. Lo que se busca es que puedan estudiar los que lo puedan pagar, aprueben o no a la primera. Se busca que estudien en la universidad aquellas personas que puedan asumir una subida de tasas de casi un 65% en comunidades como la de Madrid, en plena crisis económica. Lo que se buscaba (y se busca)…es el elitismo educativo.

El aumento de las tasas no ha supuesto una mejora en instalaciones, en calidad educativa, en mejoras docentes y contrataciones, o en prestigio a nivel externo. Más bien todo lo contrario. De hecho, España se sitúa a nivel mundial como uno de los países con peor educación universitaria. Se han despedido a infinidad de profesores, universidades como la de Medicina de Sevilla…han salido en noticias por sus deficiencias terroríficas en infraestructuras, etc.

Los propios estudiantes se han mantenido firmes y opositores a las abusivas tasas universitariasde los últimos años. Sin embargo, ni se les ha tenido en cuenta a ellos ni a sus familias, algunas de las cuales se han tenido que hipotecar y asfixiar para que pudieran estudiar sus hijos. Se ha instaurado un modelo más semejante al estadounidense, que al europeo que nos impusieron allá por la aprobación del maltrecho “Plan Bolonia”.

Con la llegada de las elecciones generales, muchas comunidades están haciendo una reducción de las tasas universitarias. En Madrid por ejemplo, se van a reducir un 10% en 2015-2016, después de la subida del 65% que aplicaron en 2011-12. Una medida tan irrisoria como fútil, pero que al menos, aliviará un poco el coste de las matrículas de los futuros universitarios.

Por supuesto, las becas universitarias del Ministerio de Educación no han cubierto nunca los costes universitarios (cada vez dan menos cantidad y a menos estudiantes) y evidentemente, no cubren el precio de las segundas matrículas en adelante (si fueran más bajos…quizás sería asumible becarlos). Menos prestaciones, menos facilidades, mayor precio, gran negocio.

Para finalizar, el nuevo gobierno desea implantar un modelo donde las titulaciones pasen a tener tres años y la obligatoriedad posterior de realizar un máster. Con ello, sólo se evidencia una vez más el afán recaudatorio a través de la educación postobligatoria. Especialmente si tenemos en cuenta la gran cuantía que vale un máster, y que las tasas en esta modalidad educativa ascendieron aún más que las universitarias.

Todo ello me lleva a la siguiente conclusión: el aumento de las tasas universitarias sólo ha empeorado la educación pública en nuestro país, ha ayudado a dejar sin estudiar a miles de estudiantes, ha empeorado la calidad del sistema y ha supuesto una caída mayor de la excelencia de nuestros estudiantes en relación al resto del mundo.

Somos el hazmerreír de Europa y una vergüenza en cuanto al trato degradante y monetario que hacen de los estudiantes. Las tasas y otra serie de medidas asquerosas impuestas por el odiado señor Wert, han creado una comunidad estudiantil que no busca formarse sino terminar lo antes posible. Una comunidad elitista donde cada año se hace más cuesta arriba poder asumir los costes y donde el futuro, no presagia nada bueno.

¿Tasas universitarias? Llamémoslas más bien tasas hipotecarias. Son 360 créditos los que tiene que sufrir un estudiante de medicina, con su correspondiente dificultad, para tener la potestad de llamarse médico y evitar lo antes posible seguir desangrando la economía familiar. Tasas universitarias para cubrir el coste de estudiar, sí. Tasas elitistas, no.

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