Plan Bolonia: ¿Qué hemos perdido los estudiantes?

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Hace ya seis años que se implantó el sistema universitario de Bolonia y parece que todo sigue igual pero… ¿es eso realmente así?

No, obviamente no todo sigue igual y no hablo sólo de las carreras que han visto modificados los años de su duración, hablamos de pérdidas de derechos o facilidades que implican hechos tan importantes como la incapacidad de estudiar o trabajar.

El primer aspecto reseñable es la pérdida de personalización del expediente académico. Al menos en Oviedo, existían unas asignaturas llamadas de libre configuración (aparte de las propias optativas de la carrera) que permitían al estudiante matricularse, incluso, en asignaturas que no fueran de su carrera. Por ejemplo, un estudiante de medicina que planea hacer un doctorado en embriología y quiere tener una base para realizar su tesis sobre anatomía comparada humano-animal, en el modelo anterior, podría coger embriología animal de la licenciatura en biología. Actualmente, esto es imposible, limitando la formación adicional que el alumno pueda desear.

Otro aspecto muy importante, sobre todo para los estudiantes de medicina, es el hecho de tener que asistir de forma obligatoria a las clases, porque entonces… ¿Cuándo estudiamos/vivimos?

No está de más recordar que los estudiantes de medicina tienen prácticas en el hospital por la mañana y clases por la tarde. Al menos, en Oviedo es así. Por suerte, la mayoría de los profesores no se toman muy en serio la asistencia a las clases teóricas y gracias a esto podemos sobrevivir. Sin embargo, tengo constancia de que en otros lugares sí es necesaria la asistencia para aprobar la asignatura. Esto, además, está relacionado con la imposibilidad de compatibilizar cualquier actividad laboral con el estudio de las ciencias de la salud.

Tampoco debemos olvidar la inmediata mercantilización de la educación tras la implantación de Bolonia ya que, ahora mismo, quien no tiene un máster es como si no dispusiera de titulación alguna. Máster que, por otro lado, puede costar más de 6000€ dependiendo cuál deseemos obtener. Esto limita el acceso a la educación a la gran mayoría de los estudiantes.

Por último, está el aspecto de pérdida de nivel, ya que, al parecer, se ha observado que los contenidos de las asignaturas han bajado su calidad, al restársele horas lectivas. Muchas veces no sólo baja el nivel sino que, además, los profesores se ven obligados a explicar una versión muy reducida del temario que exigen y pasa a ser tarea del alumno ampliar el contenido y entenderlo por su cuenta, cosa que, podría estar muy bien, si el profesor no explicara 20 páginas de apuntes y el resto del contenido de la guía docente alcanzara las 200.

Y estos son sólo algunos de los aspectos negativos de la implantación de Bolonia…

Es posible que el nuevo plan tenga aspectos positivos. Yo, de momento, no se los he encontrado (al menos en la forma en la que Bolonia se ha aplicado en España) y entre otras muchas cosas, seguimos teniendo la misma masificación en las aulas, ya que los grupos no han sido reducidos conforme a lo que proponía el plan original.

Es por todos estos ataques contra la universidad, que no debemos de dejarnos engañar y tragar con que Bolonia es estupendo y maravilloso pues no va más que en detrimento de nuestros derechos como estudiantes y de nuestra formación.

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