¡No cuestiones a tus mayores! ¿O sí?

Cuestiomar-mayores.jpg

Ser estudiante de ciencias de la salud tiene muchas ventajas. Nos permite ser conscientes de muchas de las cosas que pasan a nuestro alrededor. Sabemos que por un simple constipado no nos hace falta ir a por antibióticos, porque no nos los van a dar. Sabemos las diferencias entre ibuprofeno, paracetamol y aspirina, y que no da igual a la hora de tomarse uno para un dolor de cabeza. También sabemos que muchas de esas leyendas que hay acerca de mil y una cosas son mentira. Y por desgracia, creemos que sabemos más de lo que realmente sabemos.

Esto es así, y por mucho que nos duela, mientras se es estudiante no se tienen las respuestas a todo. A día de hoy, llevando ya unos años en la facultad de farmacia, sigo sin saber lo necesario como para aconsejar a alguien sobre su medicación. Y no lo se porque aún no me corresponde saberlo.

Tenemos que tener claro, que hasta que nuestra formación no esté completa, no somos nadie para decir o protestar sobre algo que nos dice alguien con más experiencia que nosotros. El claro ejemplo de esto es la siguiente situación. Hace ya unos meses estábamos mi grupo de amigas y yo esperando para entrar a un examen. Una de ellas llevaba unas semanas encontrándose fatal, tenia dolor de garganta, mucho cansancio, malestar… Síntomas típicos de tener algún virus. Ella había ido al médico varias veces porque no mejoraba, y siempre le habían dicho que era un simple virus de garganta, que se le había juntado con el estrés de los exámenes. Eso no fue suficiente para nosotras. Hablando decidimos que ese médico se equivocaba, y que lo que ella tenía en realidad era mononucleosis y no un simple virus de garganta. Cinco o seis estudiantes de segundo, que daba la casualidad que habían estudiado un par de semanas antes este virus, decidieron que esto era lo que tenia nuestra amiga. Menos mal que se trataba de algo en la garganta y no de lesiones en la piel, porque habríamos acabado “diagnosticándole” lepra. Finalmente y por desgracia sí que tenía mononucleosis. Sí, el médico se equivocó. Sí, nosotras acertamos por casualidad.

En su defensa diré, que como muchos ya sabéis, la mononucleosis no es una enfermedad “fácil” de diagnosticar, a no ser que hagas pruebas específicas. Tampoco es una enfermedad en la que se desarrollen los síntomas en todos los casos. Por lo que, acertar a la primera que alguien la tiene es como buscar una aguja en un pajar.

Por otra parte, días después de decidir escribir sobre este tema, me toco ir al oftalmólogo. Conforme salía la paciente que iba antes que yo, una chica de mi edad con una mochila llena de apuntes, oí que le decía la doctora “La próxima vez que notes que ves peor y te duela la cabeza no pienses que lo que tienes es un glaucoma, piensa que lo que pasa es que tus gafas ya no sirven.” Por el libro que vi en su mochila deduje que se trataba de una estudiante de medicina. Seguramente hacía poco habría estudiado patología ocular y había relacionado lo que le pasaba con un glaucoma. El conocimiento es poder, pero en estos casos para lo único que nos sirve tenerlo es para sugestionarnos.

Si eres estudiante de medicina, enfermería, farmacia… o cualquier otra carrera en la que se hable de la salud humana, no te creas que lo sabes todo. No lo sabes, y no lo sabrás hasta que acabes. Y posiblemente ahí seguirás sin saberlo todo, porque te faltará experiencia.

No cuestiones lo que un profesional sanitario diga porque, ¿Quién te crees tú, estudiante de ciencias de la salud, para rebatir lo que un profesional, con años de experiencia y unos estudios acabados ha dicho?

Share
Tweet
Share
Share