Mi futuro es Medicina

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En estas fechas que se acercan en las que se oye hablar de selectividad, preinscripciones, notas de corte, listas de espera, llamamientos… recuerdo todo el proceso que viví hasta poder entrar en Medicina.

Entré en bachillerato pensando que sería duro pero si mi media de secundaria era de sobresaliente, lo único que tenía que hacer era seguir siendo constante.

En primero de bachillerato me llevé algún que otro palo. Nunca había suspendido y la operatividad en Matemáticas iba a por mí. Ahí es cuando tienes que confiar más en ti, contar con el apoyo de tu familia. Les planté cara y dije que ese suspenso se convertiría en un notable como mínimo. No era orgullo sino necesidad. Necesitaba seguir manteniendo mi media si quería entrar.

Segundo de bachillerato no fue fácil pero tampoco imposible. La selectividad cada vez estaba más cerca. Había conseguido pasar el bache de primero y ahora tocaba mantenerme o intentar subir.

Mi promoción fue la última que tuvo la opción de estudiar el bachillerato y examinarse en selectividad por la doble vía, es decir, hacer el de ciencias de la salud y el tecnológico a la par obteniendo finalmente dos notas de selectividad. Eso implicaba estudiar: Matemáticas, Química, Física, Biología, Dibujo Técnico (sólo en primero de bachillerato, que me enamoró) y las comunes (Lengua, Filosofía, Historia, Inglés y Francés…).

Una de las cosas que les recomiendo a todos los estudiantes, es que luchen por la máxima notasin importar lo que vayas a estudiar porque nunca puedes saber qué pasará en un futuro. En mi caso decidí emplearme a fondo en sacar la mejor nota en todas ellas. Física era mi optativa y la profesora daba la opción de que quien no fuese a presentarse a selectividad, con asistencia y realizando las tareas y trabajos mandados, estaba aprobado. Esa no era una opción para mí. No podía dejar escapar ninguna oportunidad.

Llegó final de mayo. Nos graduábamos. La palabra selectividad estaba hasta en la sopa. Te hablan tanto de ella, te machacan tanto, te exiges tanto para esos exámenes

En mi centro de estudios nos ofrecían la posibilidad de prepararnos de forma intensiva los quince días que había entre la entrega de notas y la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). Pero de todas formas mis padres optaron por apuntarme a una academia de preparación intensiva lo cual me pareció buena idea y ahora les agradezco enormemente.

Mi plan era ir a las clases que ofrecía mi centro por las mañanas y reforzar en la academia por las tardes. ¿Qué pasó? Que al segundo día opté por no ir por las mañanas y quedarme en casa siguiendo las directrices de la academia. Por las mañanas ya no había control ninguno. Los profesores venían a nuestras clases o no, la mayoría de compañeros hablaban más que estudiaban y yo en ese momento necesitaba concentración y no perder ni un segundo. Todo depende de las necesidades y prioridades de cada uno. La mía estaba clara.

Llegaron esos días tan temidos. La PAU. La Selectividad. Nervios. Muchos nervios. Intentaba no hablar mucho con mis compañeros sobre las asignaturas y exámenes para no ponerme nerviosa. También veía a otros estudiantes como yo que, o bien la cosa parecía que no iba con ellos o bien parecía el fin de mundo y tenían montado un santuario en la entrada del aula del examen a base de estampitas, medallas colgadas, amuletos de la suerte…

Hablaba antes de que hice la PAU por la doble vía, es decir, que realicé un examen más que la mayoría de mis compañeros (el de Física) obteniendo finalmente dos notas en selectividad. Pues por tomar este camino, la Física fue quien me salvó y me dio la oportunidad de entrar en Medicina.

También tienes que ver qué es lo que se te da mejor o peor y confiar en ti mismo. A diferencia del resto de compañeros, yo opté por presentarme a selectividad por Francés porque lo domino muchísimo mejor y sin duda fue la mejor de las decisiones junto con hacer Física.

Excepto golpes de suerte (pocos) o que se alineen los planetas y tengas un día de perros, en selectividad se refleja tu trabajo y constancia durante los dos últimos años.

Después vino el viaje con mis compañeros y el merecido descanso. Lo hecho, hecho estaba y sólo nos quedaba esperar a las notas. Es muy probable que escuchéis esta frase pero: disfrutad de ese verano. Es el verano más largo de vuestra vida probablemente. Después vendrían reclamaciones, dobles correcciones (no solicité ninguna) y el período de preinscripción.

Con las preinscripciones me gustaría hacer un llamamiento a la responsabilidad: siéntate y reflexiona. No rellenes la preinscripción por rellenar, porque tengas una nota muy alta y como no sabes qué hacer vas a solicitar entrar en la titulación que tiene una nota de corte muy alta… no por favor. Con esa actitud sólo impides que se cumplan los sueños de muchos estudiantes como tú.

Es importante que si realmente quieres cursas una carrera en concreto y no te importa dónde acabes, que te informes de los plazos de preinscripción de cada universidad y de los requisitos burocráticos a realizar.

Tras eso sólo queda esperar a la siguiente fecha importante: la publicación de las adjudicaciones.

Fue una mala noche. Estas listas salían a las 00:00. Recuerdo que en ese momento me encontraba en un campo de trabajo y tenía localizado un ordenador con internet para esa noche cuando saliesen los resultados. Estaba tan segura de que entraría, había luchado tanto… nunca es bastante.

La aplicación me informaba que tenía a algo más de ochocientas personas delante de mí para entrar en Medicina. No había persona que me consolase esa noche y que ahuyentase el malestar o decepción que rondaba mi casa.

El resto del verano fue un poco agónico. Estuve pendiente de varias listas de espera en diferentes universidades. A principios de octubre decidí matricularme Enfermería y cambiar mi estrategia para entrar en Medicina. Hay quien decide volver a hacer selectividad, pero mi opción sería terminar Enfermería y acceder por el cupo de titulados a Medicina.

Fue un lunes 23 de noviembre cuando noté que mi móvil vibraba y en la pantalla aparecía un número muy largo. Salí de mis clases de Bioquímica. Llamaban para preguntarme si seguía interesada en la plaza para Medicina. No podía creerlo. Aún sigo conservando amistades muy buenas de ese par de meses en Enfermería y seis años después estoy terminando Medicina. También he tenido compañeros que accedieron por Formación Profesional y por el cupo de Titulados.

Los inicios tampoco fueron fáciles: el cuatrimestre estaba prácticamente ventilado, ya se habían hecho grupos en las clases e incluso algunos ya han tenido sus redecillas, llego sola a una ciudad que no conozco, yendo al único piso que encontré libre por esas fechas sin mayor opción a elegir y a muchísimos kilómetros de mi familia y amigos. Y todo por poder estudiar esta maravillosa carrera.

Lo difícil no es la carrera. Lo difícil es entrar. Después se podrán atragantar asignaturas, pero eso pasa en todos lados. Una décima fue la que determinó estar pendiente todo el verano y principios del curso de las adjudicaciones. Si hubiese cogido el camino fácil de quedarme con el aprobado de Física y hacer lo mismo que todos mis compañeros y examinarme de Inglés… estaría escribiendo otras líneas, pero no estas.

Muchísimo ánimo a todos los que tenéis el sueño de estudiar esta carrera. Hay muchas vías de acceso y después, merece la pena.

“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños” Anna Eleanor Roosevelt

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