Métodos de estudio para mejorar el rendimiento académico. Parte II

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Muy buenas de nuevo queridos seguidores de Generación Elsevier. En esta ocasión os traemos la segunda entrega de Métodos para estudiar. La razón de ser de este segundo post son las miles de visitas que recibió el primero (más de 100 mil), y por ello me gustaría daros algunas otras recomendaciones que me dejé en el tintero y que podrían tener mucha utilidad.

En el primer post sobre métodos de estudio os hablé de muchas cosas que pueden afectar al rendimiento y que podemos mejorar fácilmente (las emociones, la motivación, las distracciones y la memoria). Pero hay algo que no mencioné y que es capital a la hora de recordar de forma clara aquello que estudiamos: El repaso.

El Repaso de la Información.

En la universidad normalmente los exámenes son globales, es decir cada cuatro meses tenemos cinco, seis o siete exámenes, y hemos de aprovechar al máximo ese tiempo que tenemos hasta el temido momento. Lo más recomendable es empezar a estudiar tres meses antes sobre todo para aprovechar las ventajas del repaso. Repasar de forma adecuada nos hace más eficientes (y esto va también para aquellos que preparan oposiciones). Entonces, ¿Qué hay que hacer exactamente para no olvidar lo que ya hemos estudiado? A ser posible, el primer repaso ha de ser el día siguiente tras la primera sesión de estudio, otro repaso a los siete días, otro al mes y otro a los tres meses. Por tanto completaríamos cinco repasos y en el quinto el recuerdo sería tan bueno o mejor que en la primera sesión. Si repasásemos la información con intervalos de tiempo muy largos entre repaso y repaso prácticamente estaríamos en el punto de partida, y tendríamos la sensación de que nos lo estamos estudiando por primera vez.

Así pues, como se puede ver, empezamos repasando la información con intervalos cortos de tiempo entre repaso y repaso, para ir progresivamente aumentando ese intervalo. Además, una vez que hemos estudiado algo, la segunda vez que lo hacemos empleamos la mitad de tiempo, y en la siguiente la mitad de la mitad. Por tanto repasar tal y como os he indicado no sólo va a mejorar el recuerdo, sino que incluso os puede permitir ahorrar tiempo. Os dejo un gráfico de una curva del olvido para que veáis lo fácil y rápido que se olvida lo estudiado por primera vez, mientras que lo estudiado por tercera vez tiende a fijarse mejor y por más tiempo en nuestro cerebro.

El Esquema.

En el primer post hice una pequeña mención a este gran aliado de nuestras tardes de estudio, sin embargo al verlo publicado me dio la sensación de que tendría que haber hecho más hincapié en ellos. Los esquemas o mapas conceptuales nos ayudan a organizar la información, y como ya os comenté, de un solo golpe de vista podemos ver cómo se estructura el tema que estamos estudiando. Pero creo que muchos estudiantes, quizás de niveles más bajos (bachillerato y ESO, aunque algunos universitarios no se libran) no saben cómo crearlos para que sean útiles. Un esquema para empezar tiene que ser muy claro, que esté limpio y que contenga palabras claves, y no textos enteros. Aquí tenéis en primer lugar un ejemplo de cómo NO hacer un esquema. Hay muchas palabras y demasiado texto.

En este segundo ejemplo tenemos la forma correcta de hacer un esquema. Utilizando una y cinco palabras. El esquema como os he dicho nos sirve para estructurar, organizar y saber “dónde está cada cosa”. Para memorizar ya tenemos el libro, los resúmenes y los apuntes.

Una técnica de memoria para recordar números.

En el primer post di a conocer un par de técnicas muy útiles para recordar palabras. Básicamente se trataba de asociar a las palabras imágenes, pero es difícil asociar una imagen a un número. Esta técnica nos ofrece la posibilidad de asociar números con palabras, las cuales a su vez podríamos asociarlas a imágenes o historietas. Consiste en asociar a cada número (del 0 al 9) una, dos o tres consonantes, y formar pequeñas palabras o frases con el siguiente código numérico. El siguiente código consonántico es una adaptación del contenido en el manual de Fernández y Amigo (2008).

 Número Letra Asociación sugerida.
 1 t, d Letras alargadas
 2 n, ñ Letras con dos patas
 3 m Letras con tres patas
 4 c, k, q Suenan a cuatro
 5 l, ll Cincuenta en números romanos es L
 6 s, z, c La s suena a seis
 7 f, j, g La f girada y la j invertida se parecen a un siete
 8 ch El ocho lleva ch
 9 p, b, v P y b se parecen al 9
 0 r, rr El cero es un aro

Una vez que sabemos qué letra le corresponde a cada número podemos memorizar muchos números con mayor facilidad. Por ejemplo; “El 48,59% de las personas en España tiene los ojos marrones”. En este caso podría asociar el 4 con la c y el 8 con ch. Para representarlo a mí se me ocurre una palabra que contiene esas dos letras “coche”. En el caso del 59 asociaría el cinco con ll y el 9 con la v; una palabra que contenga ambas consonantes es llave. Por lo tanto podría formar una historieta con ambos términos o simplemente imaginarme los objetos: “El coche se arranca con la llave”.

Por si no os queda claro os pongo otro ejemplo, el año en que Colón descubrió América, 1492. Para el 14 las letras t(1) y q(4) y para el 92 v(9) y n(2). Una palabra que contenga la t y la q (toque) y una palabra que contenga la v y la n (vino). Podríamos formar la siguiente frase “Un toque de vino”.

Con esta técnica difícilmente nos olvidaremos de las fechas o de los porcentajes de algunas cosas.

Referencias Bibliográficas.

Fernández, C. y Amigo, I. (2008). Aprender a estudiar. ¿Por qué estudio y no apruebo?, Madrid: Ojos Solares.

Concurso válido hasta el 30 de abril de 2016.

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