La mayor carrera de ultrafondo es, sin duda, la Medicina

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Antes de ser estudiante de Medicina, el acto de correr no era, para mí, más que una forma de desestresarme, de sentirme mejor conmigo mismo, de tener la sensación de que huía de algo que me estaba persiguiendo y lo dejaba atrás. Al empezar la universidad, ambas aficiones se llegaron a unir de tal forma…que no concibo mi vida sin ellas.

Por tanto, no sólo estudio Medicina y la concibo en mi vida como una titulación larga, exigente y compleja; también la integro como una carrera de ultra fondo. Una carrera que comienza muy suave y que con el paso de los años cada vez se va volviendo más inestable, más dura, más emocionante. Una carrera con una meta muy lejana, a la que vale la pena llegar.

No hace mucho, tuve la suerte de superar una competición deportiva que me llevó hasta el límite de mis fuerzas y que me permitirá explicaros cómo concibo la carrera de Medicina. El evento deportivo al que me refiero es: “Los 101 Kilómetros de Ronda en 24 horas”.

Durante meses te estás preparando mental y físicamente para ser capaz de afrontar tal cantidad de kilómetros y no perecer en el intento. Debes aprender a madurar como corredor, siendo lo más profesional posible y, pese a todo, te verás desamparado y con problemas a la hora de la verdad. Es comparable a los años previos a comenzar la universidad. Esos dos años de bachilleratodonde damos lo mejor de nosotros mismos para poder entrar en la carrera que nos gusta. Pero pese a todo lo que estudiamos…no estamos realmente preparados para lo que se nos viene encima. La carrera de verdad…comienza en la universidad.

Primero de carrera podría compararse a los primeros 15 kilómetros de los 101. Estás emocionado a la par que desubicado, te dan un discurso motivacional cada dos por tres contándote las virtudes de la profesión, lo emocionante que es, que debes intentar luchar para dar lo mejor de ti mismo porque después, podrás ser médico. 

Sin duda, muy similar al discurso que nos dio uno de los Generales de la Legión antes de dar el pistoletazo de salida. Sin duda, muy semejante a las palabras de motivación que te darán los corredores. Y sin duda, muy similar la sensación que tienes durante esos primeros kilómetros donde te cuesta arrancar pero finalmente terminas cogiendo el ritmo. Así es primero de Medicina. Cuando acabas este tramo de la carrera, aún estás emocionado, ilusionado y con fuerzas para seguir adelante.Puedes comerte el mundo.

Segundo y Tercero de Medicina equivaldrían perfectamente al tramo que va desde el kilómetro 16 al 50. La cosa se va poniendo difícil. Las asignaturas son más complejas pese a ser de modalidad “básica”. Comienzan algunas prácticas que requieren dedicarle más tiempo a cada cosa que haces, pero aún estás “a tope”.

En los 101 es parecido. El cuerpo se va calentando, llevas un ritmo considerable y comienzas a escuchar a tu cuerpo, a presentir sus necesidades a adaptarte a cada situación y saber afrontarla. Pero comienza a aparecer el cansancio, las rozaduras en los pies, algún que otro calambre (buen símil para las asignaturas pendientes), los desniveles positivos o cuestas que te dejan sin aliento (parecido a las asignaturas como Farmacología, Anatomía Patológica, Patología Médica…). Pero vas bien, aún puedes sonreír y seguir corriendo/estudiando. Con más o menos complicaciones, terminas el primer ciclo.

Ahora viene lo jodido. Cuarto de carrera. En mi caso, con asignaturas pendientes y alguna que otra que se me resistía desde segundo. Asignaturas que te hacen estudiar en verano, que no te permiten descansar, que te hacen llegar cansado y desanimado si no consigues sacarlas adelante. Todo ello sumado a un aumento de la carga de trabajo, al comienzo de las duras (aunque importantes) prácticas clínicas, a la dificultad de las asignaturas, etc.

Cuando llegué al kilómetro 60, me acordé de cuarto de Medicina. Sentía todo el cuerpo dolorido, agarrotado, cansado. La motivación comenzaba a flaquear y para colmo, se acercaba la noche. Sólo gracias al apoyo de mi pareja, de mis familiares y amigos, conseguí tirar de mí mismo, cambiarme en el avituallamiento y colocarme el frontal que iluminaría mi camino los últimos cuarenta kilómetros de carrera. En ese momento empiezas a sentirte como una pequeña luz dentro de la oscuridad, una luz que con el paso de las horas…va mermando.

Así es cuarto de Medicina. Un momento en el que comienzas a plantearte incluso abandonar. Un momento en el que internamente sabes cuánto deseas estar en ese lugar, cuánto deseas conseguir la meta de ser médico, cuánto deseas luchar. Y pese a todo, estás molido. Y del mismo modo que en una carrera: aprietas los dientes, y sigues corriendo.

Y llega quinto de Medicina. Cinco años de tu vida. Cinco. Media década estudiando, afrontando el día a día con entereza. Aprendiendo muchísimo, pero también sufriendo. Si pensabas que cuarto era difícil…amigo mío, no has visto quinto. Las asignaturas aún más difíciles, las prácticas más exigentes y para colmo, se le suma la cercanía/presión de elegir academia e incluso de ver cercano el momento de compaginar la carrera con el estudio del MIR. Si superas quinto de Medicina, la gloria estará a un palmo de distancia.

Llega el kilómetro 70-90. Tu cuerpo apenas te responde, literalmente. Sigues andando por inercia, por algún tipo de piloto automático que te insta a seguir adelante. Los pies abiertos en carne, el estómago cerrado, los músculos pinchándote como si de cuchillos se tratase, el aliento jadeante con cada subida-bajada y la cabeza lanzando los pocos mensajes de ánimo que es capaz de procesar. Sigues porque no queda más remedio, sigues para conseguir lo que tanto has luchado, sigues por todo lo que has recorrido y dejado atrás. Sigues, porque deseas con toda tu alma llegar a la meta y cruzarla. En el horizonte…no ves el final. Y la luz del frontal cada vez menos luminosa y la oscuridad más densa. Pero la noche acaba, y llega el amanecer.

De los últimos diez kilómetros a nivel “médico” aún no puedo contarte mucho, no he tenido la suerte de llegar todavía. Por el momento, sigo rezagado en el penúltimo tramo tras haber sufrido múltiples tropiezos y haber aprendido a levantarme.

La mayoría de los estudiantes, hacen Medicina en seis años y llegan a sufrir todo lo que he comentado hasta ahora. Pero también los hay como yo, que necesitan un poco más de tiempo, de paciencia y de “cojones” para ser capaz de llegar al final.

Los mismo ocurre en los 101 de Ronda. La mayoría llega antes de 20 horas. Pero los hay que llegan más justos, que necesitan más tiempo y que no por ello son mejores o peores, son tan campeones como los primeros en llegar a meta. Todos, absolutamente todos habrán vivido el recorrido y habrán pasado lo suyo. Todos seremos “finishers” tarde o temprano, mejor o peor.

Sexto debe ser como este último tramo de diez kilómetros. Un último tramo en el que tomas aire y se te empiezan a saltar las lágrimas. Un tramo en el que ves el pueblo de Ronda (el lugar de meta). a lo lejos y cada vez más cerca. Un tramo donde tiran de ti tus seres queridos, donde tu pobre cuerpo hecho añicos saca energías de lo más profundo, donde la idea de que lo has logrado, por fin es palpable. Y pese a que, a nivel de Medicina, aún no sé cómo será la sensación de terminar la titulación, sí que he terminado los 101 kilómetros de Ronda.

Y precisamente por eso, por ser corredor, por haber terminado una prueba tan dura como ésta, sé cómo será sexto de Medicina: estoy seguro de que el día de mi graduación lloraré, sonreiré y me colgaré la banda como si fuera una medalla, compartiendo la alegría con mi gente.

Estoy seguro de que cuando termine sexto, del mismo modo en que hoy puedo presumir de ser “cientounero”, también viviré la emoción de decir: soy médico.

Si sois corredores o simplemente deportistas, en gran parte, podréis llegar a entender mis comparaciones. Es más, os recomiendo que las apliquéis a vuestra manera y según vuestras experiencias. Aunad la medicina y su estudio con algún tipo de afición como correr. Compaginar ambas y compararlas posee un efecto sanador y motivador que os ayudará muchísimo a afrontarlas.

Por supuesto, os invito a conocer la historia de cómo viví los 101 Kilómetros de Ronda buscando en Google “Los 101 Kilómetros de Ronda. Victoria”, una entrada en la que narro la segunda mayor aventura de mi vida.

La aventura más importante, terminar medicina, aún no ha acabado, pero no le falta mucho. Espero que os haya gustado la entrada y que os ayude a seguir adelante.

Sin duda, vale la pena, compañeros y recordad: nunca os rindáis.

Mucho Ánimo.

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