La experiencia es un (pos) grado: las metas claras

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Cuando empiezas la facultad por primera vez, te sientes perdido y nervioso porque en tu cabeza asaltan demasiadas preguntas. ¿Cómo serán mis compañeros? ¿Estaré a la altura de lo que se me pide? ¿Los profesores serán empáticos? ¿Dónde está el aula de anatomía?

A medida que va pasando el tiempo, uno se va adaptando a las circunstancias, conociendo mejor al profesorado, los compañeros y la dinámica de grupo así como la sorpresiva cantidad de estudio y trabajos además de prácticas que se han de realizar.

Esto no es nada nuevo ni sorprende para el que ya lo ha vivido. Ahora bien, empiezan los agobios por no llegar a tiempo a una práctica, suspenderla o suspender un parcial. Aquí la desmotivación y la frustración empiezan a ganar terreno porque para algunos, las perspectivas de estudiar medicina se han basado más en un elemento de reconocimiento social que en una vocación. Y todo estudiante y médico sabe y conoce que medicina es una profesión vocacional. Ésta es una de las razones por las que muchos estudiantes ya en segundo dejan la carrera alegando “esto no es lo mío”.

Es en esta etapa en la que uno empieza a entender el esfuerzo que realmente está haciendo para sacarse no sólo la carrera, sino especializarse según resultados del MIR. La presión de los exámenes y prácticas a veces, lejos de abandonar nos obliga a tomar dos conductas: una positiva y otra negativa.

Conducta positiva.

Esforzarse al máximo dando lo mejor de sí, compartiendo y ayudando a los compañeros en la medida de lo posible y aceptando las pequeñas derrotas, como los suspensos o las notas bajas.

Conducta negativa.

Esforzarse mínimamente creyendo que es “demasiado” todo lo que se ha de estudiar con mínima motivación y utilizando para ello como excusa técnicas de copiado que sólo perjudican a la larga al estudiante.

A veces nos esforzamos más en aprobar que en aprender y es por eso que adquirimos actitudes negativas que de alguna manera moldean nuestra manera de enfocar la carrera.

A la hora de estudiar medicina, se han de tener las metas claras y que nuestro objetivo sea estudiar para aprender, pues sólo así, aunque suspendamos, aprobaremos. Y eso se conseguirá mediante una conducta positiva y armoniosa con el estudio, los compañeros y sobre todo y más importante: con la vida, pues al fin y al cabo estudiamos para ayudar a los demás así también, aprendiendo de la vida, que es en realidad nuestra auténtica meta.

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