La Anatomía Patológica puede ser más sencilla si sabemos dónde leer

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Escojo ‘el Robbins’ (‘Robbins y Cotran. Patología estructural y funcional’). Sí, de todos los libros que he usado durante la carrera es mi favorito. Es parecido a unos vaqueros, puede que no te los pongas todos los días, pero es bueno tenerlos ahí. Así es como veo yo este libro que me ha acompañado desde tercero a sexto de carrera. Todo empezó con la Anatomía Patológica.

¡Bendita Anatomía Patológica!

Cualquiera que la haya estudiado entenderá a la perfección el término de compleja y desordenada. Siempre suele ser una asignatura difícil, por la amplitud y abstracción de su temario, pero cuando la ves por primera vez te parece imposible. Piensas que las clases y el laboratorio de histología sirvieron para algo hasta que ves miles de imágenes, teoría de canceres que no sabias ni que existían y te desesperas.

Cuando estudie anatomía, todo fue más visual y, gracias a los atlas, obtuve de forma rápida una visión del tema. Al principio parecía imposible memorizar hueso a hueso pero al tener una imagen como apoyo y hacer mil dibujos acabas sabiendo donde se inserta el sartorio, al menos el día del examen.

Sin embargo, aun en sexto a mi me parece difícil ver las alteraciones celulares (sí, volveréis a estudiarlas en oncología) o distinguir los tipos celulares y los diferentes tejidos. En este libro se encuentran capítulos de gran ayuda, no solo por los diagramas y dibujos, sino también por todas las imágenes y sus explicaciones. A lo largo de la carrera os iréis dando cuenta de cuál es la forma que mejor se adapta a vuestro estudio y de qué manera sois capaces de memorizar más cosas en menos tiempo. Esto es una carrera de fondo y se resume en horas y horas de biblioteca. En primero no sabréis como estudiar, haréis un tipo test y parecerá un juego más que un examen pero, a medida que pasa el tiempo, encontrareis la manera que mejor se adapte a vosotros. En mi caso ha sido la memoria visual. Si veo fotos de la enfermedad que estudio o dibujos soy capaz de recordarlo el día del examen mientras que si solo leo texto me parece mucho más complicado. Este es el principal motivo por el que ‘el Robbins‘ ha sido uno de los mejores libros que he usado.Ver la asignatura organizada, las imágenes, sus explicaciones y dibujos me permitió hacerme la idea de algo abstracto.

Lo que más me gusto de este libro fue cómo ilustra las alteraciones celulares en los distintos tejidos, explicando el mecanismo de producción de éstas y sus consecuencias en los diferentes órganos del cuerpo. En sus dos partes, patología general y enfermedades de sistemas orgánicos, obtenemos una visión de conjunto que hará más sencilla esta asignatura. Sin este libro las presentaciones, clases y prácticas de laboratorio habrían sido un acto de ciencia ficción. Pensé que cuando aprobara Anatomía Patológica nunca más lo volvería a usar, pero me sorprendí al recurrir a él en distintas asignaturas, sobre todo durante este curso en Oncología o Ginecología.

Aun ahora, estudiando el MIR, donde cada vez la fotografía y la memoria visual adquiere mayor competencia, me doy cuenta de la importancia que supone un buen apoyo visual a la hora del estudio. Os recomiendo este libro que a mí me ayudo, y sigue haciéndolo, pues es una de mis lecturas obligadas. Probablemente leáis esto y no estéis de acuerdo, pero os puedo asegurar que en cuanto veáis en los simulacros preguntas con imágenes de histología pensareis: “Oh, no… de verdad era importante. Ojalá hubiera estudiado con el Robbins”

Robbins y Cotran, Patologia estructural y funcional. Editorial Elsevier.

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