Elsevier explora: Pharmazie-Historisches Museum, un viaje a los inicios de la curación

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Basilea es una ciudad suiza que está ubicada en la frontera de Francia y Alemania. Pases por donde pases, el encanto de la ciudad te atrapa, en sus sinuosas calles y serios pero preciosos edificios. Es un lugar que vio nacer a personajes ilustres como Erasmo de Rotterdam o Leonhard Euler, el principal matemático del s. XVIII, y que tiene una reputación de ser una de las ciudades culturales más importantes ya que contiene casi 40 museos, componentes esenciales de la cultura de Basilea. Uno de ellos, lo encontramos en un pequeño patio de una estrecha calle, y en él se producirá todo un viaje en el tiempo. Pharmaziemuseum der Universität Basel o Museo de la Farmacia de Basilea permite realizar una pasada desde los orígenes de la farmacia, esta disciplina fusionada originalmente con la práctica médica y que hoy en día es inconcebible una sin la otra.

La entrada es una réplica de una antigua farmacia que empieza a ponerte en situación de todo lo que te espera en el museo. La primera parte, son figuras y animales, algunos disecados, otros solamente algunas partes, como pieles de serpiente, o algún pez globo. Todos estos representan los inicios de la ciencia de la curación, la alquimia, aunque era una práctica pseudocientífica.

Avanzas y te trasladas a Grecia con la Terra sigillata, una especialidad farmacéutica del s. V a.C originaria de las islas del mar Egeo, usada como antídoto para venenos, trato de úlceras, hemorragias, dolores renales o infecciones oculares, un remedio aunque limitante, muy eficaz  por las propiedades absorbentes de sus componentes.

Te trasladas a Persia y los diferentes países de la Ruta de la Seda, hay muestras de opio, de los primeros analgésicos utilizados, y diferentes aceites usados para tratar inflamaciones, quemaduras y muchos males diferentes. Junto con las distintas muestras de productos, aceites y polvos se encuentran las herramientas usadas para fabricarlos.

Destaca, en la estancia, una muestra de cada uno de los elementos de la tabla periódica de los elementos, imprescindible para la fabricación de los fármacos. Llegamos a la época medieval, los utensilios empiezan a perfeccionarse, se ven grandes conjuntos de pesos para calcular las cantidades y elaborados muebles para guardar las preparaciones.


Entonces llegas al lugar. Una réplica de una botica, cuidado hasta el más minucioso detalle, con los nombres de diferentes principios activos grabados en las cerámicas. Libros con todas las ciencias que se necesitan para poder dominar la disciplina: botánica, química orgánica, farmacología…

Este museo, es uno de los primeros que he visto de este campo y mi conclusión es que es más que necesario visitarlo. Las ciencias médicas se nutren mutuamente unas de las otras, y en este sitio se pueden observar instrumentos y elementos que en la actualidad se han especializado en las diferentes especialidades de la vía sanitaria. Por eso recomiendo, que, aunque no seas un farmacéutico, visites este lugar. Porque es asombroso observar la evolución de algo que hoy en día se encuentra tan especializado y pensar que lo que un día fue el trabajo de una persona en una pequeña trastienda con un juego de balanzas y aceites con hierbas, hoy en día permite salvar vidas.

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