¿Es mejor estudiar Medicina en una universidad pública o privada?

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Hoy lanzamos un debate que está más vigente que nunca: medicina pública vs medicina privada. Ambos sistemas conviven en España, con un predominio claro del público, a diferencia de la gran mayoría de nuestros vecinos.

¿Crees que la medicina privada y la pública pueden convivir armónicamente?

Javier Del Águila:

Yo opino abiertamente que NO. En un país como el nuestro con un Sistema Nacional de Salud tan fuerte y consolidado, que brinda sus servicios al grueso de la población, la medicina privada solo puede competir por la vía del negocio. Lo que ocurre en muchas ocasiones es que los propios especialistas del sistema público, que pueden llegar a tener listas de espera de meses y meses, tienen luego sus consultas (suyas, de aseguradoras, de centros particulares…) en las que, por un precio se atiende antes, con más tiempo por paciente, y con acceso a algunos recursos que en la pública se encuentran más regulados o sujetos a protocolos de priorización. Básicamente, la medicina privada se convierte en un privilegio para aquellos que pueden permitirse “saltar” las listas de espera frente a aquellos que no, centrada fundamentalmente en las banalidades resolubles, y que rápidamente recurre al sistema público cuando el problema se vuelve demasiado “caro”.

Julia Díaz:

Por mi parte, pese a estar claramente a favor de nuestro Sistema Público de Salud, no veo la necesidad de desterrar la medicina privada y su ejercicio de nuestro país. De la sanidad pública podemos destacar su universalidad y fácil acceso (no diré gratuita, como le gusta mucho denominarla a algunos, pues no lo es, y debemos tomar conciencia de ello si pretendemos darle un mejor uso), mientras que en la sanidad privada se valoran parámetros como la agilidad en la atención y el trato.

Tanto es así, que podemos usar el ejemplo de MUFACE (Mutualidad de Funcionarios Civiles del Estado), que da a escoger el tipo de sanidad para sus asegurados, de los que aproximadamente el 80% elige el servicio privado. De ello podemos concluir que, eligiendo libremente, (al menos en este colectivo) se prefiere la sanidad privada por encima de la pública. El número de personas que optan por contratar un seguro de salud está aumentando cada vez más en los últimos años. Siendo así, ¿por qué no han de convivir ambos sistemas en nuestro país?

¿Qué ventajas y desventajas presentan cada uno de estos sistemas?

Julia:

Por parte de la medicina privada, uno de los motivos prioritarios por la que la escogen es la posibilidad de evitar tiempos masivos de espera, la opcicón de elegir al especialista que quieren que les atienda y el hecho de que para acudir a éste, no necesitas pasar necesariamente por el filtro del Médico de Atención Primaria, como ocurre en la sanidad pública.

La hospitalización también tiene una serie de características que la diferencian de la que se da en la pública: habitaciones individuales, sin masificación y que aportan mayor tranquilidad para el paciente.

Muchas compañías aseguradoras ofrecen además la posibilidad de obtener una segunda opinión médica referente a un determinado diagnóstico, así como servicios complementarios como fisioterapia o rehabilitación.

Asímismo, el sueldo de los médicos privados suele ser considerablemente superior al de los facultativos de la SS.

Como desventajas, podemos destacar claramente el hecho de que no se costea con nuestros impuestos, el que determinados servicios funcionan mediante un sistema de copago, es decir, que a parte de la cuota mensual, pueden pedirnos una cantidad determinada en función de la consulta o servicio prestado.

Además, las enfermedades crónicas pueden no estar cubiertas, o de estarlo, aumentar el coste de la cuota del seguro debido al elevado gasto que originan.

Javier:

Siendo, efectivamente, eso así, ¿por qué entonces los pacientes con patologías más graves (y caras de tratar y operar) son derivados a la pública? Básicamente, porque no son clientes rentables, sino pacientes problemáticos. La sanidad privada no deja de ser un negocio, lo cual es precisamente la principal virtud de nuestro sistema público: que atiende a las personas en su totalidad independientemente del costo. Al final, la privada tiene que competir en lo que pública no puede centrarse tanto en proporcionar que es la comodidad y la atención integral (fisioterapia, por ejemplo). Por supuesto que es un extra para el paciente, pero es lo que estás pagando, al fin y al cabo. Y no todo el mundo puede permitírselo

¿Qué sucede con aquellas capas de la población que no pueden costearse un médico privado?

Javier:

Si el coste no es tan abultado, ¿por qué no todo el mundo contrata sanidad privada? Es un tema netamente comercial, por lo que debería haber una guerra de precios a la baja que no sucede. Es probable que la mayoría de compañías privadas tengan precios acordados. Por no hablar de los nefastamente famosos sistemas público-privados que han surgido al calor de la reciente crisis, y que hasta ahora están demostrando ser tan solo una forma más de esquilmar la ya dañada sanidad pública en favor de un negocio privado a costa de la salud de miles de personas

Julia:

Éste es, sin duda, el principal problema al que hace frente la medicina privada. Para empezar, la contratación de un seguro médico es fundamental si pretendes ser atendido con asiduidad por médicos de la privada, de lo contrario, tu nómina puede sufrir un vertiginoso descenso hacia los números rojos. Sin embargo, a este respecto, existen multitud de opciones de seguros de salud, si bien su cobertura varía en función del coste que las distintas atenciones generen, por ejemplo:

  • Cuadro médico sin copagos (sin pagar nada por visita o consulta, puedes elegir entre todos los centros o profesionales que tengan acuerdos con la aseguradora).
  • Cuadro médico con copagos (pagando un precio por cada visita o consulta, puedes elegir entre todos los centros médicos o profesionales que tengan acuerdos con la aseguradora).
  • Cuadro médico + Reembolso (tienes libre elección de médicos, independientemente de si tienen o no acuerdos con la aseguradora, pero debes pagar por adelantado a aquellos que no se encuentran en el cuadro médico. Después, la aseguradora te reembolsará parte de este coste).

Los hay con múltiples tarifas, que oscilan desde 2€ (un seguro dental), 8€ (consultas sin hospitalización) hasta los más caros, de 70€ en adelante, por lo que tendríamos que entrar a valorar las necesidades del paciente con respecto a su nivel de ingresos. Debemos tener en cuenta que nuestra sanidad privada no es la misma que pudiéramos observar en EEUU, donde los precios son absolutamente desorbitantes.

Las condiciones laborales de los médicos privados suelen ser más ventajosas que en la sanidad pública: mejores horarios, más sueldo, menos guardias… también la calidad de vida del profesional influye a la hora de decidir en qué sistema trabajar.

Julia:

Para empezar, trabajar en la privada suele suponer ingresar un sueldo mayor que el que obtendríamos trabajando en un hospital o centro de salud público, destacando el caso de los especialistas en Cirugía y los Anestesistas y no digamos ya, los médicos dedicados a la Dermatología (que ahora está en auge), la Medicina Estética (sí, la del bótox) y a la Cirugía Plástica y Reparadora. Por ello, el sueldo de un médico privado, puede llegar a duplicar o incluso triplicar el sueldo de un facultativo que trabaje para la Seguridad Social.

Por otra parte, trabajar en la medicina privada te exime (cuidado con esto, pues de incurrir en negligencia, la pena es mayor) de pasar forzosamente por el MIR. Por poner un ejemplo; podrías realizar las tareas de un traumatólogo (siempre que no te hicieras pasar por tal) sin que se considerara intrusismo profesional.

Otro de los aspectos que puede resultar atractivo es el menor número de “guardias”. ¿Por qué lo entrecomillo? Porque las guardias hospitalarias de veinticuatro horas, obligatorias para los médicos que trabajan en la sanidad pública, no suelen estar reguladas en el ejercicio de la medicina privada. Está recogida la jornada ordinaria, pero no la complementaria (la referida a las guardias).

Asímismo, serán tus pacientes los que determinen el valor de tu trabajo, de una manera directa. Esto es, al poder elegir médico al que acudir, podemos entender que aquel que tenga mayor número de pacientes será poque realice un mejor trabajo o porque sus pacientes tengan un mayor nivel de satisfacción.

Javier:

Sí, es cierto que ciertos profesionales se encontrarán mucho más cómodos en la privada que en la pública, pero ¿es así con todos?

He tenido la oportunidad de conocer a diversos tipos de profesionales de la privada y sí, algunos tenían todas esas ventajas, generalmente médicos ya con un prestigio que tenían un valor añadido que aportar, pero también hay un cuerpo amplio de médicos que, generalmente siendo jóvenes, realizan casi el mismo trabajo por apenas un poco más de dinero, y además teniendo que trabajar más solitarios y con menos medios a su alcance, ya que no cuentan con todos los recursos de un hospital.

Hablas de la autonomía del médico privado pero no acabo de ver eso como una ventaja. Cuando tu sueldo depende de la cantidad de pacientes que seas capaz de ver en una jornada, al final lo que necesitas buscar es maximizarlos, con lo que se pierde un componente de seguridad que trabajar en el sistema público aporta, al saber que te puedes volcar mucho más en el paciente sin que eso te suponga una merma de tus ingresos. Aunque es verdad que te reconozco que es mucho más fácil compaginar la asistencia privada con otras actividades como la investigación o la docencia.

Entonces, ¿cuál podría ser un modelo de futuro de cara a la convivencia de estas dos formas de ejercer la medicina?

Javier:

Como he venido defendiendo durante el debate, creo que se debería desinvertir gran parte del dinero inyectado en las “externalizaciones” (privatizaciones encubiertas) así como en los hospitales público-privados, y usar todo ese dinero para recuperar y mejorar nuestro sistema público. El papel de la privada debería seguir siendo el de segunda consulta y atención más personalizada y cómoda, por qué no, respetando la libertad de elección del paciente, por supuesto, pero nunca una alternativa al mismo nivel que la atención pública.

A nuestro sistema le quedarán muchos aspectos por pulir, por supuesto, empezando por recuperar lo perdido durante la crisis, pero debe seguir siendo el buque insignia de nuestro estado de bienestar.

Julia:

Antes de concluir, debemos remarcar que nuestra sanidad está considerada el servicio público mejor valorado en España (encuesta del CIS, 2014). La calidad de nuestro sistema sanitario, sus buenos resultados en salud, su bajo coste y sus principios de universalidad, solidaridad y equidad ha sido clave para ello. Sin embargo, hay numerosos puntos sobre los que incidir, en aras de mejorarla. El despilfarro, la existencia de profesionales desmotivados que persiguen más el interés propio que el bien general, los propios ciudadanos que hacen un uso inadecuado de los recursos sanitarios y las tradicionales fórmulas de gestión pública hacen que el propio sistema resulte financieramente insostenible.

Pienso que no estaría mal la puesta en práctica de técnicas de gestión empresarial propias de la medicina privada, que enfatizan la importancia de elementos como la gestión profesional, medición y evaluación de objetivos y resultados obtenidos, siempre que se respeten los principios rectores tradicionales del sistema sanitario público, y que además sean complementados por otras normas como la transparencia y la equidad, tomando como objetivos la promoción y la defensa de una asistencia de calidad y eficiente. En ese sentido, creo que sanidad pública y privada deberían aprender la una de la otra, complementándose para ofrecer la mejor asistencia sanitaria posible.

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