El papel de la investigación en la formación de los estudiantes de Medicina

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En nuestro paso por los primeros años de la carrera de Medicina tenemos contacto con las ciencias básicas y divisamos horizontes de un mundo maravilloso y vasto que se abre ante nosotros. Durante estos comienzos se pretende que los alumnos adquieran un gran número de conocimientos nuevos, memoricen conceptos, comprendan procesos, analicen y resuelvan problemas.

Al llegar a los hospitales y entrar en contacto con los enfermos descubrimos que hay mucho más que aprender, que los conocimientos adquiridos no son suficientes y que además de inteligencia se necesitan habilidades, destreza y seguridad.

En este punto, al estar cara a cara con la complejidad de un ser vivo, nos volvemos verdaderamente conscientes de lo mucho que nos queda por aprender. Por primera vez comprendemos lo que Hipócrates escribió hace siglos “la vida es breve; el arte, largo; la ocasión, fugaz; la experiencia, engañosa; el juicio, difícil”.

Dada la enorme cantidad de información que necesitamos conocer como estudiantes de Medicina y el poco tiempo que se tiene para lograrlo, es cosa común encontramos ante un vacío en el conocimiento y seguir de largo o dedicarnos a leer otro tema. Resulta bastante raro el planteamos la idea de adentrarnos en aquello que se desconoce o, de alguna forma, tratar de encontrar esa respuesta a través de la investigación práctica. Pero ¿por qué no hacerlo? ¿Acaso investigar es una pérdida de tiempo? ¿O es que la investigación no beneficia nuestra formación?

Adentrarnos en lo desconocido puede ser algo maravilloso que cambie nuestras vidas. Robert Frost escribió en un poema: “Dos caminos se dividían en un bosque, y yo, tomé el menos transitado, y eso ha hecho toda la diferencia”.

Creo que acercarnos a la investigación puede aportarnos muchísimos beneficios, que al inicio ni siquiera imaginamos. En muchas ocasiones nuestros primeros acercamientos a la investigación pueden parecer tediosos, confusos y carentes de utilidad práctica,  sin embargo, este pequeño contacto con la ciencia puede ser increíblemente beneficioso si tenemos interés.

Cuando se investiga se adquieren muchos conocimientos, se aprende a aprender, se recupera o ejercita la capacidad para cuestionar aquellas acciones que observamos, se adquiere una visión crítica de lo que leemos o escuchamos y, al mismo tiempo, nos volvemos capaces de tomar una postura y exponer nuestros puntos de vista para resolver un problema.

Conocer un tema a fondo es apasionante, comprender la base molecular de las enfermedades o de los procesos fisiológicos en el organismo, conocer las teorías y las preguntas que aún quedan por responder, es equiparable a leer una buena historia o ver una película con un final enigmático. Una vez que logra atraparte ya no te puedes escapar, llega el punto en el que sólo quieres saber más, conocer el final, averiguar aquello que todavía no se sabe.

La veracidad, el compromiso, la rigurosidad, la disciplina y el pensamiento ético, son cualidades indispensables para realizar una investigación científica, pero no son exclusivos de un laboratorio, ni se encuentran en las batas de esas personas desaliñadas de cabellos grises.  Tampoco están reservados para algunos elegidos, son aplicables a todos los aspectos de nuestra vida académica y, de adquirirlos, serán extremadamente útiles para nuestro desarrollo personal.

Por estas razones considero que la investigación no debe resultarnos ajena y extraña, sino cercana, placentera y útil. Es nuestra tarea apreciarla y hacer que se considere como uno de los puntos claves de nuestra formación académica.

Autor: Whitman Enrique Villada Ledezma, estudiante de 3º de Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México en la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza