El diablo viste de bata blanca

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Primer día de prácticas del semestre, ya era hora pisar el hospital. Te toca una especialidad que te encanta y que barajas como posibilidad en el MIR. La bata recién planchada y de un blanco que rivaliza con el de la lejía, el pijama te sienta mejor que un Armani hecho a medida y ya quisieran los  Manolo Blahnik quedar tan bien como tus zuecos. El mundo para ti hoy es fabuloso, los monitores de vitales tienen una musicalidad peculiar (una especie de armonía a contratiempo), la gente sonríe en los pasillos, las enfermeras son amables, jurarías haber atisbado un arcoíris en la zona de lavado quirúrgico… y de pronto llega tu tutor. Ingenuo de ti, vas con la mejor de tus sonrisas profesionales a ofrecer tus servicios al que será tu guía en esta rotación. Ja. Te presentas… y a él le basta con una mirada (la misma que usaría si viera una cucaracha en el quirófano, esa misma que ponen todas las instrumentistas cuando ven que estas cerca de su zona estéril) para que entiendas que vas a sufrir. En el mejor de los casos te ignorará durante el resto de tus prácticas. No importa que aparezcas al día siguiente con el mismo entusiasmo, en cuanto él haga su entrada en escena es como si hubiese irrumpido un dementor en la sala. ¿Por qué estas cosas siempre te tienen que pasar a ti? De un plumazo tus prácticas deseadas se convierten en un infierno diario, no te ves capaz de soportar a esa mala persona durante otra semana más, tu estrés y mal humor comienza a contagiarse al resto de tus relaciones y la sensación de inutilidad se está apoderando de tu cuerpo.

Es así señoras y señores, todos hemos tenido alguna vez algún tutor de prácticas, profesor o doctor que nos ha hecho la vida imposible. Nos tratan de forma despectiva, nos humillan delante del paciente, nos ignoran por completo, nos hacen sentir  miserablemente inútiles en la práctica médica… elijan la forma de tortura que más le guste a su nuevo amo del sado.  El problema es que, te guste o no, vas a tener que soportarlos y es altamente probable que te califiquen. Así pues aquí os dejo una serie de consejos (basados en mi experiencia) para tratar con estos personajes:

  • Recordad que son seres humanos: pensaréis “a ver, es obvio que son humanos”, vale, pero esto es algo que tiende a olvidarse. Ellos tienden a pensar que son los dioses del Olimpo (la mano ejecutora de Dios en la tierra) y yo tiendo a pensar que son el castigo que se me ha impuesto por no ir a misa de manera regular. Pero la realidad es que son de carne y hueso, personas como tú y como yo. Ello implica que pueden tener un mal día o una mala época, que tienen preocupaciones a parte del trabajo,  sentimientos, equivocaciones, orgullos, manías, etc.  Puede que en fondo sea una persona hasta simpática y simplemente esté pagando su frustración en otro aspecto de su vida con el primer ser vivo que se cruce en su camino (que podría haber sido un mosquito, pero has resultado ser tu).
  • Nunca se habla mal de su especialidad: Esto no es tener mano izquierda, sino sentido común. Puede que tú seas de médicas puras y estés rotando en ese momento por cirugía, que tu vocación sea la interna y estés sufriendo en trauma o que te guste cortar más que a Jack el destripador y tu torturador personal sea neumólogo. Para el caso da lo mismo. El primer mandamiento es “alabarás su especialidad”, tanto si te gusta como si no. No tienes que decir que te la planteas para un futuro, pero puedes decir cosas tipo : “yo es que creo que esta especialidad es muy sacrificada o requiere mucho conocimiento  y no me veo preparado para eso” u “ojalá pudiese yo hacerla, pero dudo que tenga suficiente nota”…da igual la excusa. Pensad que es algo a lo que ha dedicado una cantidad considerable de años de su vida, despreciarlo no es la mejor de las ideas para ganarte su aprecio.
  • Los dogmas de fe no se discuten: Esto no quiere decir que si tu doctor es del Real Madrid y tu del Atletico tengas que cambiar tu equipo, no (hasta puede que le haga gracia y te pique un poco con el tema). Pero si para él la secretaria de infecciosas es una borde que no atiende bien su trabajo, tú no eres quién para hacerle cambiar de idea. Tened en cuenta que para ellos, vuestro criterio y el de un delirium tienen el mismo valor, si coincidís en la estimación es porque algo se os está pegando de ellos. Lo dicho: mucho cuidadito con lo que sale de vuestra boca, mejor estar callado que molestarles.
  • Los acentos y los quistes son para las ferias: hay gente que considera insoportable ciertos acentos. Es así, no lo hacemos a posta, pero por experiencia casi todos conocemos “ese acento” que nos irrita y nos despierta aversión. Intentad rebajar vuestra entonación a la forma más neutral y profesional que podáis, recordad que estáis hablando con una eminencia (según su juicio), dirigirse a él con respeto es algo mandatorio por protocolo. Además estaréis evitando prejuicios. Es horrible, lo sé, pero es lo que hay.
  • Consideradlo unas prácticas en psiquiatría: suelen ser gente con mucha tensión y responsabilidad y por lo general criticar es su deporte favorito. Los hay que no callan ni bajo agua. Necesitan desahogarse y sois lo que tienen más a mano para despotricar (la otra opción era hablar con las puertas, pero ellas no les asienten con la cabeza). Imaginaros que son pacientes de la planta de PSQ que sufren delirio megalomaniaco.
  • Intereses comunes: el futbol mueve masas, pero la medicina es una filosofía de vida. De manera que si vuestro médico es un forofo de la diabetes, vuestro cometido será meteros en revistas de endocrinología y empaparos de los nuevos estudios realizados en este campo (a más controvertidos sean mejor). Y si tenéis que crearos una camiseta con la frase “Lo siento chicas, mi único amor es el Levemir” pues uno se sacrifica y la lleva con orgullo bajo la bata. Por un lado le estaréis dando un tema de conversación con el que se sienta cómodo, que le apetezca comentar, y por otro verá que estáis interesados en esa especialidad.
  • El valor del silencio: al igual que hay médicos que hablan hasta con las paredes también los hay de los que parecen vivir en una película muda. Mi consejo con estos: respeta sus silencios, normalmente eso de socializar no es su fuerte, de manera que manteniendo un clima profesional en el que cada uno haga su trabajo y comentando solo lo necesario, se sentirán más cómodos en tu presencia.
  • Buscad un mantra:  si a pesar de estos consejos sigues sin poder soportar un minuto más a tu profesor y lo de tirarte por el hueco de la escalera del hospital cada vez parece más apetecible, lo mejor que puedes hacer es crear en tu cabeza un sitio alejado de esa personificación satánica. Puede que no seas libre físicamente, pero tu pensamiento es solo tuyo. Dale al botoncito de desconexión a tu sistema auditivo. Respecto al tipo de mantra que debéis usar eso depende de vosotros y de la cantidad de odio que llevéis acumulado, hay ejemplos que van desde “pobre doctor, que triste tiene que ser su vida” hasta “algún día seré médico y entonces llegará mi venganza ¡¡no te voy a dar ni Lidocaina!!”.
  • Normas generales: sobra decirlo pero por si acaso también os lo recuerdo. Haced lo posible por llegar puntuales, llevad el pijama/bata/calzado de manera acorde a vuestro entorno, no os marchéis a casa demasiado pronto, poned buena cara aunque estéis con ganas de acuchillarlo (usad el mantra), nada de exceso de maquillaje o faldas muy cortas o zapatillas que podían criar  Pseudomonas en sus suelas….

Ya sé lo que estáis pensando “¿Dónde queda tu dignidad? Vender tu alma  por un mísero aprobado no vale la pena”. Bueno dejadme deciros que mi alma solo la tendrá el diablo unas semanitas, pero el aprobado quedará en mi expediente para siempre. ¿No os parece un trato justo? Puestos a pasar una temporada en el infierno  ¿quién no querría tener al diablo como aliado?

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