Diario de un MIR (Episodio III: Aunque la pseudomona se vista de seda…)

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Hola de nuevo desde la caverna MIR. A estas alturas mis compañeros me consideran un caso perdido por dedicar un ratito para escribir esta entrada. Y es que esa época conocida como segunda vuelta ha tocado a su fin. Se acabaron los juegos, baby. Aunque el pescado no está vendido, sí que hemos salido de la lonja con la furgoneta cargada y ahora tenemos que gestionar eso de la mejor forma posible.

Diera la sensación de que siete meses son insuficientes para ser capaces de manejar casi toda la medicina. Nada más lejos de la realidad, da tiempo de sobra. Esa es quizás una de las paradojas del MIR: no se trata de conocer a la perfección el 100% de la teoría (eso es imposible), sino de tener la capacidad de, con los conocimientos que de modo intensivo estudiamos, enfrentarnos a un examen.

La primera vuelta que se hace durante sexto no deja de ser una aproximación para la mayoría, aunque es extremadamente esencial si quieres sentar una base muy sólida de cara a la preparación intensiva. La segunda, bueno, completa lo que la primera no alcanzó y es donde realmente se hace el estudio más profundo, donde intentamos saber exactamente de qué va cada materia.

En todo este tiempo ha sido más importante el peso netamente “de estudio teórico”. También aprendíamos a manejar el simulacro: sus tiempos, sus bloques, los descansos, el dopaje (o los betabloqueantes, según el caso mire usté).

La tercera vuelta no consiste en aprender mucho más de lo que ya sabemos. Más bien tratamos de darle el uso adecuado y perfeccionarlo. Vamos a cristalizar cada una de las pequeñas gotas de conocimientos y datos que hemos guardado poco a poco. Ahora es mucho más fácil responder una pregunta con conocimientos de otras asignaturas, razonando a través de diversas fisiopatologías o machacar el punto de corte entre el tratamiento médico y la operación de esa maldita válvula aórtica.

Es tristemente cierto que el ánimo comienza a cambiar también. Ya no son todo bromas y se ven caras un poco más largas. Es posible que ni el tono de esta entrada os parezca el mismo comparado con los post anteriores.

Sobre todo: ánimo. Ahora es más necesario que antes, si cabe. No olvidar que estamos corriendo la recta final de una larga marcha que va para seis años y medio de distancia, que estamos peleando por nuestro sueño, que ya saboreamos. Sobre todo: no dejarse llevar por un mal resultado, por no creer estar a la altura de las expectativas que nosotros mismos nos marcamos. Sobre todo: ser un poco más soñadores en nuestro realismo.

Preparar el MIR es enfrentarse ante la persona en que nos hemos convertido desde aquel primer día en que pisamos la facultad de medicina por primera vez, que en ningún caso (por mucho que mi preparación me obligue a desconfiar de tan cerrada afirmación) debe ser la misma de hace seis años.
No sé si tengo más o menos palabras que ofreceros, no sé si tendrán algún sentido, pero esto es un diario. Se trata de contar lo más fielmente posible esta vivencia, que espero algún día leáis y os sea de utilidad u os arranque un ápice de empatía.

Nos vemos en Navidad. Hasta entonces, a seguir luchando.

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