Diario de un MIR (Episodio 1: Verano y comienzo de curso )

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¡Hola a todos!

Espero sinceramente que hayáis disfrutado de un gran verano: los que habéis gozado de los dos meses completos, los que habéis tenido que estudiar, los que estáis emocionados porque estáis comenzando vuestra aventura médica… y los que estamos estudiando el MIR.

Y es que, si seis años de carrera no son suficientes, ese horizonte difuso que es el examen MIR nos ha acompañado a lo largo de los años. Formando parte de una épica de final de viaje, va tornándose cada año más real. Y finalmente, llega. Llevo dos meses preparando la prueba MIR, y quiero compartir con todos mi experiencia a lo largo de este periodo. Con este propósito en mente, y agradeciendo a Generación Elsevier la oportunidad, os presento… DIARIO DE UN MIR.

EPISODIO 1 – La amenaza fantasma verano y comienzo de "CURSO"

Quizás uno de los mantras más extendidos es aquel de “Jope, tio, qué verano más feo vas a pasar… ¿no te quieres venir a la playa a pasar el día? Llevamos tortilla de patatas, carne, barbacoa, castillo hinchable, fuegos artificiales y David Bisbal se viene después de comer” Sí, me he comido escenas como estas a pares. Y es que si algo cuesta es concienciar a tus amigos de que, sencillamente, este verano no existes.

Afortunadamente tengo unos amigos que son unos amores, a los cuales aprovecho para enviar un saludo y felicitarles por esa capacidad de aguantar el rechazo tan envidiable. A mí se me habría partido el corazón mucho antes.

De este pequeño “gag” arranco con el que creo que es sin duda uno de los factores más importantes a lo largo no sólo de estos dos primeros meses (¿Dos, en serio, ya?): Rodéate de la mejor gente posible.

Y no me refiero solo a tus amigos “de toda la vida”, sino también de tus compañeros de estudio MIR. Te quedes en la ciudad en la que has estudiado, vuelvas a tu ciudad (mi caso), o directamente cambies de ciudad, debes saber que tus compañeros serán tu mayor sostén. Haced piña, estudiad juntos, comed juntos, id al baño juntos, tomad una cerveza juntos al terminar la jornada. Te darás cuenta de que, poco a poco, os convertiréis en una familia.

He de hacer una confesión: he disfrutado de este verano. Sé que esta frase contraviene hasta el último de los tópicos de estudiar el MIR. ¿En qué cabeza cabe que estudiar 8-10h diarias pueda ser divertido? Bueno… a mí me gusta mucho jugar y así me he planteado el MIR. Como seguramente os apuntéis a cualquiera de las academias, todo vuestro estudio estará perfectamente planeado, de modo que sólo os tendréis que preocupar de lo importante: estudiar.

Por tanto, cada día hay un objetivo a cumplir, así que prácticamente no hay lugar para el aburrimiento. Los días pasan volando, ya os daréis cuenta. Y cada x tiempo: simulacro. Que es como el Boss del final del nivel.

Así, entre el estudio diario, ir aprendiendo a manejar las preguntas del examen y los simulacros con los que comprobaréis vuestra evolución y vuestros puntos débiles, veréis cómo las semanas se suceden y cómo poco a poco ganáis confianza en vuestras propias habilidades y en vuestra capacidad de afrontar el día a día.

Insisto en que todo esto que os cuento es mi experiencia puramente personal.

También os quiero hablar de otra cosa, no menos importante: el tiempo libre.

Si lo pensáis, un estudio de 8h al día, con otras 8h de sueño, dejan otras 8h libres. Quitando comidas (3h), ¡Tenéis una buena cantidad de horas cada día para vosotros mismos! Usar esas horas correctamente es fundamental de cara a mantener la cabeza en su sitio y los ánimos altos.

Lo más importante, sin duda: PROHIBIDO HABLAR DE MEDICINA DURANTE ESAS HORAS. El MIR no existe, son los padres (al menos, hasta la mañana siguiente).

Aún es pronto para obsesionarse con los resultados: lo más importante es el trabajo diario, ser conscientes de dónde y por qué fallamos, Y APRENDER A SUBSANAR ESOS ERRORES. Curiosamente, son esos errores los que se convertirán en tus mejores maestros… si les dejas. Nadie va a exigirte metas todavía.

Como conclusión: Estudiar el MIR es el último año real de la carrera de medicina. No es ningún drama, es tan sólo una etapa más. Y es bastante satisfactoria: ¡por fin empiezo a sentir que sé algo de medicina, que soy capaz de entender y razonar casos más o menos complejos, de entrelazar especialidades, esos ladrillos aislados durante la carrera. Siento que, en mi cabeza, por primera vez, reside un médico (o algo parecido)!

BONUS: quiero agradecer desde aquí a mi maestro de aula y de vida, amigo y director de la sede en la que estudio, FdT, por su gran labor que este año celebra sus 25 años. Sin tu alegría, capacidad motivadora, tu arte, y tu enorme capacidad de motivación, este pequeño artículo sin duda sería más sombrío. Va por ti.

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