Debate: ¿Tiene sentido que haya tantas plazas universitarias?

Hoy, en el debate de Generación Elsevier, nuestros embajadores José Antonio Villén y Antonio Suárez debaten sobre esta peliaguda pregunta: ¿Hay demasiadas plazas universitarias en España?

José Antonio: La crisis actual que estamos viviendo afecta a todos los sectores laborales, y en gran medida a los más jóvenes de nuestro país. Los severos recortes del último gobierno (tanto en educación como en investigación) están haciendo que los estudiantes españoles (que tan bien preparados están) tengan que buscar otras oportunidades en el extranjero, ya que no pueden encontrar trabajo “de lo suyo”.

Antonio Suarez: Hace unos meses un ministro del anterior gobierno de España comentó muy alegremente que en España hay muchos estudiantes universitarios y que estos superan en número a los de cualquier país europeo, este dato, por cierto, quedó desmentido rápidamente en las redes. ¿Cómo puede decir un ministro de educación que existen demasiados estudiantes universitarios? No debemos olvidarnos que la universidad no es un centro de formación de trabajadores, también es el vehículo de la cultura en todos sus campos y por tanto, no debe ser, en ningún momento un campo limitado a las élites. Ya se encargará el mercado de seleccionar a los mejores, nunca un número clauso.

¿Tiene sentido que haya tantas plazas para estudiantes en las universidades españolas?

J.A: Para mí no. Evidentemente lo ideal sería que todo el mundo pudiese acceder a la universidad, pero en el contexto en el que vivimos esto es imposible, o al menos económicamente inviable. Por lo general, en una universidad pública, un estudiante puede pagar desde 0 euros hasta 1.000 o 2.000 euros (dependiendo de si recibe beca, de la comunidad autónoma, etc), pero realmente ese no es el coste total de la matrícula ya que el 75% de ésta la paga el estado (por lo general), con lo cual una matrícula universitaria cuesta íntegramente 6.000 o 7.000 euros.: Desde mi punto de vista mantener tantas plazas para estudiantes en las universidades es un malgasto de dinero público por dos razones fundamentalmente: Primero porque esa inversión que realizamos no revierte en un beneficio para el conjunto de la población española, debido a que los jóvenes en los que hemos invertido tienen que emigrar a otro país. En segundo lugar, muchos egresados no encuentran trabajo de lo suyo, por lo que en lugar de desempeñarse como profesores, médicos o psicólogos tienen que buscarse la vida en empleos de mucha menor cualificación (hostelería normalmente).

A.S.: Debo discrepar de forma total y absoluta con mi compañero José ya que su visión es demasiado económica. Como ya dije, la universidad no es un centro de formación profesional, es algo que va mucho más allá, su espíritu es, en última instancia formar mentes, no trabajadores y no podemos, por tanto, limitar las plazas por motivos laborales ¿Cómo podemos mirar a la cara a un ciudadano que tiene por aspiración ser biólogo, psicólogo, filólogo, tras haberle negado una plaza en su carrera deseada y solo por un criterio económico? La disminución del número de plazas por esta razón debería de ser el último recurso de ahorro para el estado, no invertir en educación es la sentencia de cualquier país.

¿Tendría algún beneficio disminuir el número de plazas universitarias y qué criterios y condiciones podrían aplicarse?

J.A.: Fundamentalmente el ahorro y la inversión de esos fondos en cuestiones mucho más útiles. Es verdad que es difícil encontrar cosas más útiles que la preparación académica de los jóvenes, pero dadas las circunstancias que he comentado, el dinero que invertimos en preparar a jóvenes para que después estén en el paro, trabajando de camareros o en el extranjero, podríamos emplearlo para aumentar la inversión en otras cuestiones académicas como la investigación o el emprendimiento.

En mi opinión una reducción del número de plazas en las universidades debería ir acompañada de la total gratuidad de los estudios. Esto no sólo permitiría ahorrar para incentivar la investigación y el emprendimiento, sino que incluso mejoraría la igualdad de oportunidades en la universidad ¿Por qué? Pues porque si hay dos estudiantes que tengan que pagar 2000 euros porque arrastren alguna asignatura, si uno es rico podrá seguir costeándose sin problemas los estudios, pero el otro tendrá que abandonar los estudios. La única condición que debería considerarse a la hora de que un estudiante permanezca o no en la universidad es su rendimiento académico, sin que medien otras variables como la situación académica. Es verdad que para mejorar esa igualdad de oportunidades habría que suprimir las universidades privadas, pero eso ya es otra cuestión que rebasa el objetivo de este debate.

A.S.: Lo que mi compañero José propone es, en esencia, la formación de una élite intelectual/económica ya que propone la limitación de las plazas a cambio de que, los privilegiados que consigan un asiento en su universidad no paguen ni un euro. Si bien esto podría ser beneficioso, es extremadamente injusto. Debemos recordar que el rendimiento académico, y más en la universidad española, no tiene que ver con las capacidades del alumno ni con el esfuerzo dedicado ya que puedes estudiar al dedillo el temario y en el examen encontrarte problemas que ni siquiera el profesor sabe responder (cosa que ocurre a menudo en carreras como ingenierías).

Si bien es cierto que podría tener un beneficio económico para el país ¿De qué sirve destinar dinero a investigación, por ejemplo, si no hay nuevos investigadores debido al número tan limitado de plazas que planteamos? ¿Y si el próximo Fernández Otín se encuentra entre los descartes de este nuevo sistema?

José argumenta que muchos graduados se ven obligados a trabajar en hostelería ¿Acaso sin estudios superiores van a tener posibilidades de acceder a un trabajo mejor del que plantea?

Obviamente, no. Este es por tanto un argumento falaz para el tema de este debate. En mi opinión es mucho mejor un médico español en el extranjero demostrando el nivel de la universidad española que un camarero que nunca pudo entrar en su carrera soñada y vive amargado deseando ser algo que está queda fuera de su alcance por culpa de una estúpida nota de corte que no refleja las capacidades del estudiante.

J.A.: Ciertamente, mi posición a este respecto es muy económica. Y entiendo que pueda parecer frío, pero desafortunadamente vivimos en una sociedad capitalista y competitiva, cuyos países funcionan mejor cuanto más productivos sean, e insisto, desafortunadamente. La universidad es cultura, y no se trata de abolirla, que parece que ahora mi posición es esa. Mi posición es limitar (no en gran medida) el número de plazas en cada carrera en función de la demanda profesional, de hecho en las facultades de medicina, si no me equivoco, ya lo aplican, y de hecho es una de las profesiones con menor tasa de paro. Sin embargo en Psicología que es mi especialidad entran cientos y cientos de estudiantes nuevos cada año sin ningún criterio que establezca el límite de cupos, y la tasa de paro de estos profesionales es bastante alta.

Respecto a las personas que no cursen estudios universitarios, no tienen por qué trabajar de camareros, se podría incentivar la formación profesional. Tiene que haber todo tipo de profesionales (médicos, abogados, fontaneros, psicólogos, conductores de autobús), y ojalá todos ellos tuviesen la oportunidad de cursar estudios universitarios, pero eso sería insostenible para mantener otros ámbitos públicos que aseguran el estado del bienestar, como las pensiones, la sanidad pública e incluso la mismísima educación pública.

¿Qué criterio usaremos para escoger a los estudiantes? ¿Seguiremos con el obsoleto sistema de PAU?

A.S.: Como ya he hablado en algún artículo, la PAU supone un filtro injusto que no mide en absoluto las capacidades necesarias para un grado en ciencias de la salud y tampoco mide su nivel de vocación para con el trabajo que desempeñará, causando problemas de depresión, por ejemplo entre muchos trabajadores de la salud que se ven frustrados al verse atrapados en una profesión que no les gusta y que escogieron sin pensar demasiado en el futuro. Es necesario por tanto, si queremos limitar las plazas, trabajar en un método de selección que si mire por estos factores que he destacado.

J.A.: Una vez más, por desgracia, vivimos en una sociedad competitiva donde para hacer algo que quieres tienes que estar por encima de otro en una determinada habilidad (en el caso de la PAU capacidades intelectuales y cognitivas). Creo que es cierto que esta evaluación es muy limitada, pero a mí no se me ocurre nada mejor. Además la PAU garantiza el anonimato del alumnado, sin que haya “chanchullos” que puedan beneficiar a unos en perjuicio de otros. Tengo entendido que el gobierno quiere o al menos quería abolir la PAU, cosa que sería muy perjudicial para la equidad de los estudiantes.

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