Cuáles son los métodos de estudio más eficaces

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Emilio José Delgado

Cuando empiezas la universidad, piensas que la capacidad de estudios obtenida durante bachillerato será suficiente para asumir la nueva carga teórica. Sin embargo, esa carga no solo se multiplica, sino que crece exponencialmente. Es entonces cuando debes decidir si vas a ir estudiando “al día” las lecciones de clase, o si tus prioridades están más centradas en tomar los apuntes para empapártelos un par de semanas antes de exámenes.

En mi caso, estuve todo primero y segundo de carrera prácticamente estudiando todos los días. El método no era el clásico de ponerte frente a los apuntes y memorizarlos, sino que estaba basado precisamente en elaborar dichos apuntes. Por tanto…mientras que pasabas el trabajo a limpio, algo se te quedaba. Después, tenía que volver a releer lo escrito para asegurarme de que estaba correcto antes de imprimirlo, por lo que le daba otra vuelta más.

A partir de tercero, esta tarea no sólo me resultaba anodina y extenuante, sino que era bastante inútil. Sin la presión aportada por la cercanía de los exámenes, la cabeza leía al temario con interés pero sin mucho ahínco por aprender. Sin embargo, las semanas previas a las evaluaciones, con tiempo “libre” para poder dedicarlo a estudiar…el aprendizaje y memorización era más productivo.

Llegó un momento en el que pasé a formar parte del inmenso colectivo de estudiantes que se funden los apuntes las semanas o los días previos al examen. Y la verdad, funciona. Además, teniendo en cuenta que las clases teóricas estaban basadas en ver a un señor leyendo una presentación de power point, asumir esa pesadez diaria junto al estudio…era insostenible. Por tanto, pasé a la opción de asistir a las clases obligatorias, ir resumiendo las presentaciones en los ratos libres y estudiar toda la materia cuando se terminasen las clases, a pocos días del examen. Todo ello, sin llegar al extremo de algunos compañeros que se quedan varios días e incluso la noche antes del examen, estudiando como si no hubiera un mañana.

En base a lo comentado y a la experiencia, aquí van mis primeras conclusiones: las clases de medicina no sirven para nada (más allá de que te den el temario a posteriori) y estudiar todos los días… puede ser práctico pero es una absoluta pérdida de tiempo, la cual podrías invertir de forma concentrada en los días previos al examen. De todas formas, la prioridad del sistema universitario español no es que aprendas, sino que apruebes.

Beatriz Atienza

Cuando empiezas una carrera como la nuestra piensas que “lo difícil ha sido entrar”. Pasas los primeros 15 días celebrando el inicio del curso con tus nuevos compañeros y los dos primeros meses pasan volando. Ni te enteras. De repente, cuando los carteles de “Fiesta de X curso de Medicina” van desapareciendo de las paredes paulatinamente y observas que la gente se va apalancando en las bibliotecas, poco a poco, te das cuenta que eso que llaman EXÁMENES se está acercando.

En mi experiencia, durante mi primer cuatrimestre intenté aprovechar al máximo todas las oportunidades que la Facultad me brindaba: desde asociaciones, hasta la representación. Así que, cuando llegó principios de Diciembre y me vi la pila de apuntes que tenía que estudiar, casi me desmorono. Con el pánico entre los pies, unas Navidades bibliotecarias y un enero con un horario de estudio muy estricto logré superar los obstáculos.

Cuando ves el peligro tan de cerca, lo más natural es prometer “esta vez lo llevaré al día”. Y te das cuenta que, así, entiendes las prácticas, sabes de lo que hablan los profesores y hasta comprendes conceptos que estudiaste con anterioridad. Repentinamente, todo cobra sentido. Y si, además, redactas tus propios apuntes con la ayuda de las presentaciones de tus profesores (si tienes la suerte de que ponen algo más que imágenes en los Power Points) y los libros de referencia, conseguirás hacer un gran manual de esa asignatura de digno uso posterior a tu curso.

Fundirse los apuntes de una asignatura como Anatomía en una semana puede traer beneficios tan placenteros como aprobarla y hasta con buena nota. Sin embargo, el inconveniente que no ves en ese momento pero verás en pocos meses: todos los conocimientos que memorizaste a una semana vista los habrás olvidado completamente.

De esta forma, quiero aclarar que, personalmente, a mi me encanta asistir a clase. Podrá sonar a masoquista, pues hay algunas lecciones que son meritorias del Premio Nobel al Aburrimiento y Poca Competencia. No obstante, creo que aunque estés pensando en los cerros de Úbeda mientras el profesor está explicando, siempre algún conocimiento se quedará impregnado. Aunque sea una imagen.

Ahora sí… aunque estudiar día a día comporte un desgaste psíquico y emocional por la sensación de pérdida de tiempo constante; opino que, aunque lo que se premie en la Facultad sea el “aprobado”, debemos tener el compromiso y la sensatez de APRENDER y no de memorizar tan solo para una prueba oral o escrita.

¿Cómo conseguir los apuntes?

E.D.

Respecto a cómo obtener los apuntes en Medicina (o en cualquier otra carrera universitaria) la cosa cambia, especialmente cuando te vuelves socialmente avispado. Los primeros años tiendes a hacer los apuntes por tu cuenta o limitarte a estudiar los power points del profesor junto con las anotaciones que hayas hecho en clase. En la mayoría de asignaturas esto suele ser suficiente. Sin embargo, se te va mucho tiempo entre asistir a clases, pasar a limpio los apuntes, elaborarlos por tu cuenta, etc.

Es entonces cuando el trabajo en equipo nace y te salva la vida: las benditas comisiones de apuntes. Básicamente consiste en hacer un grupo de unas 5-10 personas (puede variar) que se turnan de forma reglada para asistir a las clases e ir tomando los distintos apuntes de las distintas asignaturas. Además, si te juntas con un buen grupo de estudiantes los apuntes no sólo estarán completos sino que todos os esforzaréis en hacerlos simples, con ejemplos, con una estructura agradable a la hora de estudiar y uniforme, etc.

A partir del segundo año de Medicina no tiene mucho sentido hacer los apuntes tú solo, requiere demasiado esfuerzo y pierdes demasiado tiempo en ello. Hacerlo en equipo te brindará la oportunidad de ir estudiando cuando quieras, de tener menor carga de trabajo y además…de facilitarte poder relacionarte e interaccionar con otros compañeros. Sin dudas, las comisiones o bancos de apuntes es de lo más útil que puede crearse.

El único problema o efecto “colateral” es que siempre existen compañeros que se aprovechan del resto de su banco, que no hacen los apuntes como deberían o que simplemente no se esfuerzan en trabajar en equipo. Esto finalmente puede derivar en tensiones y malos gestos durante toda la carrera pero bueno…el problema lo tienen ellos, no el resto de los que “se lo curran”. También es posible que haya personas externas que se beneficien del trabajo de tu banco pero siendo francos: ¿Qué más te da? Evidentemente tus apuntes no van a ser repartidos como si de panfletos se tratase, pero tampoco puedes ser un exclusivista y pretender que nadie quiera tener los apuntes de tu banco. Vive y deja vivir.

Por último, me gustaría comentar que no suelo fiarme demasiado de los apuntes de años anteriores más allá que su uso de forma “orientativa” para elaborar los del año actual. Si bien la mayoría de docentes apenas se curran las actualizaciones de sus apuntes, hay otros que van incluyendo nuevos datos o que modifican el temario. Por tanto…hay que tener cuidado.

B.A.

Al empezar cada cuatrimestre, en mi facultad sucede el llamado “tráfico de apuntes”. Estudiantes de años superiores que pasan sus apuntes a estudiantes de años inferiores como si de un movimiento migratorio se tratase.

Durante el primer cuatrimestre de primero, todos intentamos hacer nuestros propios apuntes; algunos utilizando los de años anteriores escribiendo sobre ellos y otros, al no fiarse, redactándolos desde cero. Pero cuando los exámenes van acercándose, la mayoría se agobia por haber estado varios meses tratando de realizar “apuntes perfectos” de todas y cada una de las asignaturas. Misión imposible.

Es por ello que, en cuanto empieza el segundo cuatrimestre, las amistades bibliotecarias que se han ido formando se agrupan en las llamadas “comisiones” para hacer apuntes en grupos de trabajo. Esto tiene sus ventajas e inconvenientes. Si antes tenías que hacer todos los días apuntes de, al menos 2 asignaturas, ahora sólo tienes que hacer una asignatura durante el cuatrimestre o, si tienes un grupo de trabajo grande, sólo media asignatura ¡o incluso menos!

Pero por otra parte, no sólo puede haber miembros en el grupo que se aprovechen del trabajo de los demás, sino que hay ocasiones en las que, bien por vaguería o cara dura, alguien coge apuntes de otros años y los copia literalmente cambiándoles tan sólo la fuente. O los típicos problemas que todos conocemos, de ese momento en el que va llegando el final del cuatrimestre y aún faltan temas por pasar. ¡Hay que tener precaución y saber con quién nos juntamos!

¿Y si no me gusta hacer apuntes y, por tanto, no quiero participar en una comisión y no tengo la picardía de conseguir tampoco, apuntes de otros años? Por lo menos en mi facultad, existe una reprografía en la que comisiones avispadas dejan sus apuntes, para ganarse un dinerillo y los que quieran pueden hacerse fotocopias. Aunque esta vía es la más cómoda y sencilla, sólo es recomendable para aquellas asignaturas que se sepa a ciencia cierta que la comisión la hizo muy bien y con pocos fallos.

¿Estudiar en casa o en la biblioteca?

E.D.

Cuando llega la hora de estudiar sufro una dicotomía mental. Hay días que me apetece estudiar en la biblioteca (siempre que sea silenciosa, cómoda y que no esté lejos de mi casa) pero la mayoría suelo estudiar en casa, en mi propio escritorio y adaptado a mis ritmos.

No sé cómo será el resto de estudiantes de Medicina pero en época de exámenes, suelo volverme muy neurótico. Comer a ciertas horas, tener el escritorio ordenado de una determinada forma, mover los apuntes de aquí para allá, hacer descansos cada 50 minutos, son algunas de mis manías. Soy consciente de que en una biblioteca pública aunque me concentro más, puedo llegar a perturbar ligeramente el ambiente de concentración de otras personas. Por ello, muchas veces, prefiero quedarme en casa, sobre todo los días que esté muy nervioso.

La única ventaja que le veo a la biblioteca respecto a estudiar en tu hogar es que te permite socializar con otras personas, que genera un ambiente que te “fuerza” a estudiar sí o sí y que suelen estar acondicionadas según la época del año (muy recomendado en ciudades como Sevilla donde el verano, es un horno). Pero si tuviera que elegir, me quedo estudiando en casa.

B.A.

Si alguien me hubiera hecho esta pregunta cuando estaba en Bachiller, la respuesta directa habría sido: en casa, con mi ordenador y mis libros. Pero cuando empiezas la universidad, al igual que la gran mayoría de los estudiantes, te compras un portátil, no tienes libros y es cuando descubres para qué sirven las bibliotecas y salas de estudio.

Al adentrarte en Navidades y estar toda la familia de vacaciones y tu tener que estudiar, huyes de casa. Conoces a gente de tu clase que hace lo mismo y compañeros de años superiores, que también están en las mesas de al lado. Te rodea un sentimiento de acogimiento, no estás solo.

Además, de esta forma, te aplicas horarios de estudio estrictos ya que nadie va a tocar la puerta de tu habitación para preguntarte nada, ni ofrecerte comida. Esta vez te tendrás que poner de acuerdo, con tus compañeros de mesa, para elegir la hora en que almorzaréis, comeréis y merendaréis en la puerta de la biblioteca; estos serán vuestros momentos de relax y de compartir el temido “y tu… ¿por dónde vas ya?”. Porque lo dicen, pero es cierto: mal de muchos, consuelo de tontos.

¿Estudias para aprobar o para aprender?

B.A.

Muchas veces me hago esta pregunta cuando estoy estudiando. Hay asignaturas en las que tienes que memorizar cosas tan absurdas que te planteas cuál es el sentido de realizar un examen, si después te preguntan la palabra que estaba en Arial 8 en la esquina inferior izquierda del PowerPoint.

La cuestión es: ¿los exámenes están hechos para que aprendamos o para que memoricemos? Durante la Educación Secundaria y Bachillerato, casi todos estudiábamos el día de antes (o dos) de los exámenes, pues los profesores habían machacado tanto los conceptos que sólo con repasarlos bastaba. Pero en la universidad, los conceptos vuelan.

¿Y para qué mentir? Al principio, sobre todo con asignaturas como Anatomía o Fisiología, que piensas que son importantes y que las deberías recordar toda la vida, intentas aprenderlas, interiorizar las ideas, pero se tarda demasiado tiempo y no vas sobrado, precisamente. Entonces es cuando comienzas a memorizar a corto plazo, para soltarlo en el examen y a la hora, olvidarlo. Porque no nos engañemos, lo que se premia aquí es el “aprobado” y no lo “aprendido”. Porque por mucho que se empeñen en hacer exámenes tipo test con tiempos imposibles de cumplir, si no lo tienes memorizado, como empieces a intentar razonar, te dejarás el 70% en blanco por falta de tiempo.

Ojalá pudiera decir que estudio para aprender, pero me di por vencida.

E.D.

Con el paso de los años y pese a mi empeño en intentar aprender, por encima de la prioridad de aprobar, he terminado asimilando y adaptando mi actitud a la cruda realidad. En la universidad, en medicina, lo que buscan es que memorices un montón de conocimientos (algunos inadaptados a lo que debe saber un médico “básico” y algunos incluso prescindibles) para vomitarlos en un examen y quedarte después vacío, con los pocos restos de la excreta mental que acabas de expulsar.

De nada sirve que intentes aprender, aprender y aprender cuando todo tu futuro se terminará resumiendo al período previo al examen MIR donde probablemente serás capaz de aprender (o de volver a memorizar como un loco) lo que se espera de ti, como médico, o simplemente como estudiante. Partiendo de la idea de que no creo en el sistema de evaluación de la universidad, ni en el sistema de oposición estatal a plazas de especialistas médicos: estudio para aprobar, no para aprender. Y lo peor: lo hago porque debo, no porque quiera. A eso es a lo que nos conducen en la universidad y es lo que toca acatar.

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