¿La enseñanza de la homeopatía tiene cabida en la Universidad?

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En los últimos años, hemos visto cómo se han ido retirando de la oferta docente distintos cursos, másteres e incluso doctorados relativos a las llamadas “Medicinas Alternativas”. Una de las más conocidas, y puede que la más extendida entre los usuarios, es la Homeopatía.

Centraremos pues, este debate, en torno a la siguiente cuestión:

¿Tiene cabida la enseñanza de la Homeopatía en las Universidades Españolas?

Julia Díaz: Personalmente, considero que la respuesta debe ser un rotundo “no”. Al menos, “no” a su enseñanza como terapia alternativa, pues creo que entraña severos riesgos para los pacientes, que pueden llegar a abandonar una terapia efectiva, resultando en el empeoramiento de su enfermedad, o llegando incluso a causar su muerte.

Javier Del Águila: En mi opinión, la homeopatía sí que debería estar incluida en la formación del médico. Fundamentalmente porque nos vamos a tener que enfrentar sí o sí en algún momento a la hora de ejercer con pacientes que desean hacer uso de ella. Es nuestra labor como profesionales sanitarios el estar debidamente informados de en qué consiste, cuáles son sus principios, y cómo se utiliza.

Que a partir de ahí cada uno decida en su conciencia si desea recetar, o no, esta terapia, pero considero que estar simplemente en contra de su uso no va a hacer que nuestros pacientes dejen de tomarla, sino más bien que cambien de médico, y entonces quizás sí que estemos pudiendo facilitar que, al dejar de lado el tratamiento convencional, surja la posibilidad de que ocurra algo malo

¿Tan malo resulta tener el conocimiento en nuestras manos, incluso el de la homeopatía?

Javier. Considero fundamental saber con qué vamos a tratar. Si alguien quiere considerarlo de esta forma, “conocer al enemigo”, incluso. Pero yo no lo veo así. Desde luego que la homeopatía no tiene el más mínimo rigor o fundamento científico, pero eso no impide que cada vez más gente acuda a ella. Y además todos sabemos lo difícil que resulta explicar a alguien por qué la homeopatía no tiene ningún efecto, y no hablemos ya de convencer de que no se use.

No, yo prefiero otro enfoque. Prefiero saber por lo menos lo suficiente de la materia como para poder sentarme con mi paciente y llegar a algún tipo de acuerdo, basándome siempre en mi conocimiento, para, de ese modo, reducir al máximo el posible peligro.

Julia. En mi opinión, considero que no es aceptable que se imparta una materia como la homeopatía en ningún centro educativo acreditado por el Estado. Ni en forma de asignatura de la carrera, ni de máster, y mucho menos de doctorado. ¿Por qué? Porque de ser así, le estaríamos otorgando una credibilidad y un carácter oficial que no debe tener una práctica, que más allá del efecto placebo, no ha demostrado tener efectos beneficiosos para los pacientes, sino que, al contrario, ha provocado que abandonen otros tratamientos médicos potencialmente beneficiosos para ellos.

Una cosa es saber qué es la homeopatía, y conocer sus principios, y otra muy distinta, impartirla como docencia. Creo que para aconsejar y guiar a un paciente acerca de este tema, no necesitamos ningún curso en homeopatía al respecto.

Si tras una explicación seria y fundada sobre la patología de un paciente, su causa y su tratamiento, (y para ésto sí que debemos estar preparados) éste decide utilizar la homeopatía, entonces debemos respetar su voluntad, pues ahí entra el principio de autonomía.

Igual que no necesitamos estudiar las creencias de los testigos de Jehová para advertirle a un paciente que requiere una transfusión sanguínea, porque de lo contrario podría morir, no tenemos por qué realizar un estudio pormenorizado de una pseudociencia, para saber que tendrá efectos negativos sobre el paciente si abandona el tratamiento “convencional”.

De hecho, uno de los argumentos que emplean con frecuencia los seguidores de la homeopatía es el de que existan profesionales que la practiquen; los llamados “médicos homeópatas”, que han recibido educación acreditativa oficial sobre homeopatía, y la recetan.

En este caso, ofertar el conocimiento y aceptarlo sería un arma de doble filo, y una muy peligrosa.

¿Tenemos la certeza de que los fármacos homeopáticos son totalmente inocuos?

Julia. La homeopatía sigue 2 principios fundamentales: “Lo similar cura lo similar” y “La dilución incrementa el efecto”. Si los propios homeópatas siguieran éste último, lo que tomarían sus pacientes sería, en efecto, básicamente agua. Y ojo, que beber agua es buenísimo para la salud. Beberla a precio de medicina, puede resultar lo contrario.

El problema está en que en numerosas ocasiones, los fabricantes de estas sustancias les añaden tóxicos que, incluso en cantidades pequeñas, pueden provocar un gran abanico de “efectos secundarios” al organismo humano, e incluso, la muerte.

Existe, de hecho, un estudio que recopiló todos los efectos adversos descritos en las últimas décadas de las sustancias homeopáticas.

Incluso, nuestro Ministerio de Sanidad ha tenido que retirar en más de una ocasión “medicamentos” homeopáticos por los efectos negativos que éstos habían causado.

Javier. Evidentemente, la salud del paciente siempre debe ir por delante en cualquier acto médico, incluido el homeopático. También se han dado casos de fármacos “homeopáticos” que incluían pequeños principios activos, que eran los que llevaban a cabo la acción cuyo mérito se atribuía posteriormente al proceso homeopático.

Dejando los fraudes de lado (y combatiéndolos con la máxima contundencia siempre), la mayoría de preparados homeopáticos del mercado no son más que diluciones seriadas en las que, molecularmente, es imposible encontrar un solo átomo de sustancia (a partir de las nueve disoluciones, usando el número de Avogadro).

Aquí es donde entra en juego el auténtico rol de la homeopatía: el efecto placebo

¿Estamos menospreciando el efecto placebo?

Javier. Definitivamente. Y no tan sólo cuando nos referimos a la homeopatía y su práctica, sino en general a su componente dentro de nuestra medicina basada en la evidencia. Es la principal arma en la que se basa la homeopatía para justificar su “éxito”, y esto sucede porque la medicina ha dejado de lado este componente terapéutico.

Una de las principales razones de que la gente acuda al homeópata es por el fracaso de los tratamientos previos, o en casos de enfermedades crónicas semi-invalidantes en las cuales los fármacos poseen una limitada eficacia. Si una madre, cuyo hijo pequeño no hace sino pasar de un resfriado a otro, recurre a la homeopatía (demasiadas veces, por recomendación médica –sic-) y “observa” que repentinamente su hijo deja de ponerse tan malo, pensará que es gracias a esa homeopatía, y no a los tratamientos médicos.

A mí sí que me han (in)formado en homeopatía, aunque hayan sido dos seminarios. Y gracias a ellos entiendo en qué mecanismos de placebo reside el hecho de que esa madre haya visto más eficacia en el fármaco homeopático que en los tratamientos del pediatra. Y ya que los conozco, ¿qué me impide utilizarlos a mi favor, garantizando además la seguridad del pequeño frente a algún efecto secundario tóxico?

Julia. Desde luego, el efecto placebo es fundamental en estas terapias. Aumenta la producción de dopamina en nuestro cerebro, lo que lo hace más susceptible a sensaciones placenteras; resultando en una falsa sensacion de curación. Sin embargo, como has dicho tú, Javier, la curación (o mejoría) es totalmente real en el cerebro de las personas que sucumben al efecto placebo. Así pues, ¿es tan malo recurrir a él?

Bien, para empezar, el placebo no surte efecto en todas las personas, sólo aproximadamente en torno a un 35%. Podríamos estar recetándolo a una ingente cantidad de personas, sin obtener resultado alguno. Además, y teniendo en cuenta que recetarlo como tal sería participar de la ignorancia del paciente; si no surtiera efecto, podríamos lograr el efecto contrario al deseado si dicho paciente se percatara, por azares del destino, de que lo que está tomando no sirve para nada, generando un efecto “nocebo” que además repercutiría en nuestra credibilidad a posteriori.

Es más, entraríamos en un conflicto ético pues estaríamos engañando al paciente, vendiéndole efectos milagrosos de una pastilla, básicamente, de azúcar. Dicho esto, no niego los efectos del placebo, lo que rechazo es su modo de utilización en la industria homeopática.

¿Obtendríamos similares resultados implementando la relación médico-paciente?

Julia. Cuando un paciente acude a una consulta, preocupado por un problema de salud, espera encontrar dos cosas: un buen médico, y un médico bueno.

Si bien pueden parecer la misma cosa, no lo son. Hoy en día, el ejercicio de la medicina está sufriendo un proceso de deshumanización que en la actualidad se va generalizando.

Hemos hablado del poder de la mente, y de sus beneficios, pero, ¿por qué un homeópata consigue lo que a un médico, con la ciencia en su mano, se le resiste?

Creo firmemente que se basa en la habilidad social del homeópata con sus pacientes. Una consulta de homeopatía no dura unos 15 minutos, como en una consulta convencional. El homeópata se preocupa por su paciente (real o falsamente, no entraré ahí), le pregunta por su vida, por sus inquietudes, se muestra empático. En definitiva, se lo gana.

Esto genera un ambiente de confianza entre el homeópata y su cliente, lo que hace a este último más susceptible a aceptar sus palabras, y a creer en ellas.

¿No sería lógico pensar, pues, que si mejoráramos nuestra relación con el paciente, podríamos obtener resultados similares? Yo creo que sí. Por supuesto, lo tenemos más difícil, al menos, en la medicina pública. La gran masificación de servicios, y la crisis económica que nos asola desde hace ya muchos años impide que demos una atención adecuada.

¿Debemos para ello recurrir a una pseudociencia como la homeopatía? ¿La necesitamos realmente para que nuestro paciente confíe en el tratamiento que hemos considerado adecuado para su dolencia? Mi opinión es que no, no la necesitamos.

No obstante, para el futuro, deberíamos tenerlo en cuenta. No podemos disociar al científico y al ser humano, debemos trabajar en conjunción con estos dos aspectos, para mejorar y promover una medicina más completa, una medicina mejor.

Javier. Efectivamente, a esto me refería. Los homeópatas siguen un complejo proceso “pre-diagnóstico” basado en establecer la “personalidad” del paciente según un modelo biopsicosocial integrativo, que luego le permitirá clasificar al paciente y de ese modo personalizar aún más su tratamiento. En todo ese juego de individualización ya han conseguido conocer más al paciente quizás que su propio médico de atención primaria.

Cuando hablo de usar el placebo a nuestro favor me refiero esencialmente a eso, a mejorar nuestra relación y nuestra confianza con nuestros pacientes, mucho más allá de la evidencia científica. Aunque, desgraciadamente, es un arte muy complicado de aprender (pero no imposible).

Lo que en nuestras facultades han mencionado alguna vez como Ars Médica es precisamente eso.

Por tanto, en aras del beneficio siempre del paciente, debemos tener la capacidad empática de conectar con ellos. Para mí eso incluye conocer cualquier terapia a la que mi paciente desee acercarse y tratar de consensuar con ellos la actuación más segura, que puede incluir otra terapia complementaria, si así lo decide el paciente en su autonomía. Y para eso, qué mejor que estar formado desde la propia universidad que sin duda ofrecerá una visión crítica de la materia, contrastada y fundamentada, que no es lo mismo que ser formado por un laboratorio homeopático, ¿no os parece?

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