De México a España: el Intercambio

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Hacer un intercambio es la mejor decisión que pude haber tomado, no sólo para crecer profesionalmente sino personalmente, también.

Antes de entrar a la Universidad, investigué mucho sobre la medicina en Europa, persistiendo contínuamente en dicha búsqueda, y encontré que España tenía un gran nivel educativo, mucho prestigio y una gran calidad de enseñanza, por lo que desde que inicié la carrera de medicina, tuve en la mente la convicción de un intercambio en alguna de sus ciudados. La calidad de la educación sobre la que muchos médicos me habían platicado, tantos congresos a los cuales asistían mis catedráticos en este país, eran razones que cada vez me animaban más a conocer este país y estudiar en él.

Sin embargo, lograrlo no fue tarea fácil. Para ser un candidato a este intercambio, tuve que competir con mis compañeros y compañeras de generación en promedio y puntaje en el Examen TOEFL durante tres años, así como participar en actividades extraescolares cómo: competir en Concursos de Conocimientos, Proyectos de Investigación, organizar conferencias, asistir a un gran número de congresos, y una serie de actividades en relación a la prevención, para diferentes poblaciones como Prevención de Cáncer Cervicouterino, Tuberculosis, Chikunguya, y proyectos como “Dr. Sonrisas” con niños con discapacidad, con la finalidad de tener una mejor preparación.

Una vez cumplidos estos requisitos, debía comenzar a reunir una serie de papeles necesarios como: cartas de recomendación, pasaporte y visa, el seguro de gastos médicos, acreditar exámenes de inglés comprobando el actual nivel obtenido, cartas de postulación, casi 3 meses invertí en ello, y finalmente llegó mi Carta de Aceptación de la Universidad de Sevilla.

La adrenalina que sientes, cuando los días se acercan para el día de tu partida, es inexplicable, el corazón te late tan fuerte que no puedes dormir por la noche y cuando, finalmente, llega el día, la melancolía de dejar tu país, la tristeza al despedirte de tu familia, llorar con el último beso a tus padres y la incertidumbre de no saber que te espera del otro lado del mundo, te invaden de pronto.

Las 18 horas más largas que he vivido, fueron las de mi viaje a España: cansancio, nervios, incertidumbre, las piernas adormecidas… cuando finalmente aterricé en Münich, Alemania, sabía que ya no había regreso.

Finalmente 3 horas después, a las 9:00 am del día 1 de Febrero de 2016, estaba por fin en Sevilla; Mientras aterrizábamos, no podía dejar de mirar por la ventanilla, anhelaba con tanta desesperación ver cómo era la Ciudad… Mis maletas tardaron 1 hora más en llegar, pero finalmente aparecieron y llegué a la que sería mi nueva casa a las 12:00 pm.

Aún recuerdo que en el trayecto del aeropuerto a la ciudad, hablando con un taxista, me recomendaba empezar a tapear ese mismo día y beber cerveza Cruzcampo. Esas fueron sus palabras.

Cuando llegué, me encantó lo grande y blanca que era Sevilla, adornada por naranjos en la acera, y con una gran terraza situada en la Gran Plaza, donde me esperaban los siete compañeros de mi nuevo piso: dos francesas, un francés , un argentino, un brasileño, una belga y un marroquí, más todas las personas que cada semana visitarían nuestro piso, más conocidao como “LA CASA LOCA”.

Me emocionó tanto vivir en una casa así, que de hechom podría decir que mis mejores recuerdos en SEVILLA han sido en ella y con ellos. El simple hecho de reunirnos para cenar y platicar de nuestras aventuras, lo que hacemos, cómo lo hacemos, intercambiando tradiciones y platillos, viendo películas, jugando, saliendo de discotecas, organizando fiestas en casa, a las que todos los sábados acudían cerca de una treintena de personas todas de diferentes países, (aunque cada semana incrementaban el número de personas y el número de países…) era maravilloso. siempre con la disponibilidad de platicar y compartir un poco sobre quiénes éramos, nuestros viajes y aventuras.

A una semana de mi llegada comencé las clases pero antes de presentarme debía arreglar mis materias en la Universidad de Sevilla y esperar a que me indicaran mi nuevo horario.

El Hospital al cuál fui asignada era el “Hospital Universitario Nuestra Señora de Valme”, el cual se ubica en Bellavista muy lejos de la ciudad, para poder llegar a él abordaba un tren diario.

Es un Hospital pequeño comparado con los otros dos que hay en la ciudad, pero sin duda es excelente, tiene una tecnología de punta, el personal es muy amable y comprometido con su trabajo, siempre dispuesto a ayudar y con un gran sentido del humor.

Las clases eran mucha teoría más seminarios y talleres, todos impartidos por los médicos especialistas en el tema, y prácticas, aunque sólo tuve una en dos de las materias que cursé, en todo el semestre. De hecho, en la que más practicas tuve fue en Pediatría y fueron seis.

Los profesores que imparten las clases son excelentes, conocen perfectamente el contenido y el abordaje del tema, además que sugieren sitios web donde enriquecer lo aprendido en clase y la biblioteca online con que cuenta la Universidad es muy variada.

Mis compañeros de clase siempre fueron amables y abiertos a explicarme sobre las materias y el curso; sin embargo, la mayoría ya tiene sus intereses, prioridades y amigos, lo cual casusa una barrera para interrelacionarse con ERASMUS y personas de América que están de intercambio.

Vivir en España, es perderte por las calles e ir encontrando cosas que te impresionan: una iglesia, una fuente, la estructura de un bar, una casa, una escultura o un lugar histórico al que poder pasar todo el día admirando como la Plaza de España, o el Real Alcázar, la Plaza de Toros de la Maestranza, Los punetes del río Guadalquivier, las setas, el centro de la ciudad, los parques… Y Cuando crees que lo has visto todo, siempre encuentras algo nuevo que te hace quedarte, tomar cien fotografías más y seguir explorando la ciudad.

Las tapas, seguro te engordarán pero son una explosión de sabores inigualable, el arte culinario español me ha encantado, entre la paella, el salmorejo, el rabo de toro, el pescaito frito, el bacalao y un sinfín de platillos que he tenido la oportunidad de degustar, así como el tinto de verano o la cerveza, sin duda la mejor opción en Verano cuando la temperatura asciende a 45°C, son un lujo para tu paladar que no puedes perderte.

Definitivamente, el primer mes del intercambio es el más pesado en cuestión de adaptación, extrañas a tu familia, tus costumbres, tu cama, tu Universidad… Pero al pasar de este mes, empiezas a necesitar cada vez más tiempo  para terminar de recorrer, de comer, de beber, de platicar y de disfrutar de la maravillosa ciudad que te acoge.

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