Programas de reducción de daños para usuarios de drogas inyectables

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Solo en Estados Unidos aproximadamente 50.000 personas contraen la infección por el VIH cada año. La actual crisis de opioides que está asolando el país amenaza con impulsar aún más el VIH a proporciones epidémicas: aunque el VIH comúnmente se transmite mediante conductas sexuales, también se propaga a través del uso compartido de agujas para inyectarse drogas. Por desgracia, la práctica de compartir agujas, jeringuillas y otros materiales para la inyección es frecuente entre los usuarios de drogas inyectables ilegales o recreativas. Un estudio a gran escala de esta población encontró que el 40% de los usuarios de drogas inyectables (UDI) admitían haber compartido jeringuillas. Por este motivo, los UDI tienen mayor riesgo de contraer el VIH y otras enfermedades transmisibles a través de la exposición sanguínea y de transmitir enfermedades a la sociedad en general. El siguiente artículo de Nursing, la cabecera que comparte la información clínica y profesional de carácter práctico más reciente fundamentada en la evaluación progresiva de las necesidades de las enfermeras, analiza la evidencia que respalda las estrategias de reducción de daños, como los programas de intercambio de agujas y las salas supervisadas de inyección de drogas, y defiende la facilitación del uso de estas estrategias (clic aquí para descargar el artículo completo).

El consumo de drogas inyectables y la posterior transmisión del VIH es, sin lugar a dudas, un problema de salud pública actual y grave. La mejor manera de abordar esta crisis es un tema controvertido.Dos tipos de políticas dominan el debate sobre la reducción de los daños por el consumo de drogas inyectables. El primer enfoque aprovecha la aplicación de la ley para prohibir y criminalizar la posesión y el consumo de sustancias ilegales. La segunda opción, conocida como el enfoque de reducción de daños, se esfuerza por lograr un consumo más seguro de las drogas inyectables. Esta estrategia de salud pública consta de políticas, programas y prácticas para reducir las consecuencias adversas para la salud, sociales y económicas que acarrea el consumo de drogas inyectables sin reducir necesariamente las tasas de consumo. Entre los ejemplos  se encuentran programas de intercambio  de jeringuillas (PIJ) y salas supervisadas  (o seguras) de inyección de drogas. La reducción de daños no solo tiene como objetivo mejorar la salud y seguridad de los UDI, sino también proteger a sus familias y a la sociedad en general.

Implicaciones en la práctica de la enfermería

La importancia de la expansión de los programas de reducción de daños en la reducción de la incidencia del VIH es un tema frecuente en la investigación actual. La promoción y educación de la enfermería es imprescindible para continuar mejorando la concienciación sobre la reducción de daños entre los UDI, al mismo tiempo que ayuda a que los colegas de enfermería puedan aumentar el éxito de los PIJ en sus poblaciones. Es fundamental una mayor presencia de liderazgo de salud pública en la implementación de los PIJ y otros programas de reducción de daños. Este liderazgo puede provenir de las enfermeras de salud pública y de salud comunitaria, o de cualquier enfermera suficientemente motivada para implicarse. De todos los profesionales sanitarios, las enfermeras a menudo pasan más tiempo con los pacientes. Ello les da tiempo para crear vínculos profundos y de confianza con el paciente y los miembros de la familia. Puesto que el consumo de drogas inyectables es un tema tabú y está penalizado, es necesaria esta relación de confianza para romper las barreras de comunicación entre los UDI y los profesionales sanitarios, y crear una oportunidad para la educación sobre el uso de agujas limpias. Cuanto más informadas estén las enfermeras sobre los recursos de prevención del VIH en su población, más cómodas se sentirán al fomentarlos.

En la actualidad, existe gran desigualdad en las tasas de incidencia del VIH entre los UDI de raza negra e hispana y los UDI de raza blanca. La educación y la promoción entre las poblaciones marginadas para que utilicen cuidados culturalmente competentes es una manera de abordar estas desigualdades que una enfermera puede poner en marcha de manera efectiva. La programación actual debe evaluarse y diseñarse para garantizar un enfoque culturalmente integral para que todos los UDI reciban cuidados efectivos. La enfermera puede transformar la formación especializada en cuidados culturalmente competentes en programas de iniciación que lleguen a todas las culturas afectadas por el consumo de drogas inyectables. Los objetivos específicos de la enfermera dentro de estas iniciativas de salud pública incluyen la recogida de datos para ayudar a la planificación e implementación de los programas que ayudan a los UDI que corren el riesgo de infectarse por el VIH. Entre estos datos se encuentran un censo preciso de los UDI, las tasas de infección por el VIH entre ellos y la información demográfica sobre los afectados5. Esto podría lograrse a través de la salud pública o la enfermería de salud comunitaria.

Preocupaciones legales  y éticas

Es propia de los programas de reducción de daños la asociación con el consumo ilegal de sustancias. Ello lleva a preocupaciones legales y éticas para las enfermeras tanto a nivel estatal como federal. Un área que se cuestiona es la legalidad de poseer y distribuir jeringuillas y otros accesorios que se utilizan activamente para el consumo de drogas ilegales en las salas supervisadas de inyección. La posición de la Canadian Nurses Association es que, en este contexto, el equipo obtenido en las salas supervisadas de inyección debe considerarse un instrumento para prevenir la transmisión de enfermedades y fomentar prácticas de consumo más seguras8. En Canadá se han implementado políticas gubernamentales mediante acuerdos, exenciones y enmiendas a las leyes sobre sustancias en defensa de las salas supervisadas de inyección. Esto libera a los trabajadores sanitarios de la responsabilidad penal por el hecho de participar en estos programas de reducción de daños. Las enfermeras de un centro de reducción de daños en Vancouver estaban muy preocupadas por los casos de sobredosis in situ, así como por las infecciones de tejidos blandos evitables asociadas con el consumo de drogas inyectables8. Al cuestionarse si se consideraría propio de la práctica de la enfermería que los usuarios recibieran educación sobre prácticas de inyección i.v. seguras basadas en la evidencia, presentaron esta inquietud a la Registered Nurses Association British Columbia (RNABC). La RNABC estableció que esto era, de hecho, propio de la práctica de la enfermería, ya que esta promoción del conocimiento basado en la evidencia ayudaría a fomentar la salud y reducir la enfermedad en esta población de alto riesgo. En Estados Unidos, donde actualmente no funcionan salas supervisadas de inyección, este es un territorio en gran parte inexplorado. Hay pocos datos disponibles sobre las consecuencias legales y éticas por la participación de una enfermera en los programas de reducción de daños en Estados Unidos. En San Francisco, donde posiblemente la primera sala supervisada de inyección que se abra del país realmente incumpla las leyes federales y de California, los legisladores estatales ya están trabajando en un proyecto de ley que protegería a las personas relacionadas con la sala de inyección, incluidos los propietarios, el personal médico y los UDI, para que no fueran arrestadas.

Estrategias de futuro

Recopilar datos precisos, impartir una educación fiable y fomentar la participación de la comunidad darán aún más soporte a estos programas y encabezarán la creación de programas más sólidos para la reducción de daños. Mediante la investigación en enfermería, estos programas se han afianzado y la investigación en enfermería en curso apoya su expansión continua.

Autoras: Julie Kulikowski y Erika Linder

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