El profesional de la Enfermería en las etapas del duelo

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Podemos definir “pérdida” como una experiencia inevitable que se produce en la vida de toda persona en el momento en que algo valorado cambia y deja de estar disponible o desaparece.

Sin duda, la pérdida fundamental de una persona y de todas las que le rodean es la muerte.

Ante cualquier pérdida y en especial ante la muerte la persona desarrolla un duelo, es decir una respuesta emotiva y adaptativa de origen natural que consta de diferentes etapas, las cuales pueden superponerse, alternarse en el tiempo o, incluso, no aparecer jamás dependiendo de la propia persona.

Aún así, el orden cronológico más frecuente en el que suelen aparecer, es el siguiente:

1. Negación.
– En esta primera fase la persona se niega a creer que se está produciendo la pérdida, por lo que el papel de la enfermera consiste en dar soporte verbal al paciente sin reforzar su negación y en examinar su propio comportamiento para asegurarse de que no comparte la negación del paciente, ya que sólo así podrá iniciar una relación de ayuda que conlleve a la evolución favorable del paciente.

2. Ira.
– En esta fase el paciente o la familia pueden dirigir su ira hacia la enfermera o el resto del personal sanitario sobre asuntos que normalmente no les molestarían, por lo que el papel de la enfermera consiste en ayudar al paciente a entender que la ira es una respuesta normal ante este tipo de pérdidas, en evitar las represalias, es decir, la enfermera no debe tomarse la ira como algo personal y en proporcionar unos cuidados estructurados y continuos para favorecer los sentimientos de seguridad.

3. Negociación.
– En esta fase la persona intentará negociar para evitar la pérdida, llegando, incluso, a expresar sentimientos de culpa o miedo al castigo por pecados pasados, reales o imaginarios, por lo que el papel de la enfermera consiste en escuchar con atención y animar al paciente a que hable para aliviar la culpa y el miedo irracional.

4. Depresión.
– En esta fase el paciente manifiesta su tristeza por lo que ha ocurrido y por lo que no puede ser, por lo que el papel de la enfermera consiste en permitir que el paciente exprese esta tristeza y en comunicarse correctamente de forma no verbal, por ejemplo, sentándose en silencio sin esperar conversación, transmitiendo afecto mediante una caricia o un abrazo, mostrando empatía, mirándole a los ojos…

5. Aceptación.
– En esta última fase la persona llega a aceptar la pérdida y puede tener menos interés en el entorno y en las personas de apoyo, por lo que el papel de la enfermera consiste en ayudar a la familia y a los amigos a comprender la menor necesidad de socialización del paciente.

De esta manera, podemos apreciar que es muy importante que el profesional de enfermería sepa identificar en qué fase se encuentra cada paciente para poder ofrecerle los cuidados que mejor se adapten a sus necesidades y, así, contribuir en su bienestar y su confort en el proceso del final de la vida.

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