El papel de la enfermería en la adherencia terapéutica

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El término adherencia resalta la participación activa del paciente en la toma de decisiones mediando el acuerdo que debe existir en la relación profesional sanitario/paciente y no solamente como las actitudes paternalistas y de obligación pasiva  por parte del paciente en referencia a la toma de medicación, a la modificación de hábitos, o simplemente al seguimiento de una dieta adecuada.

La falta de adherencia terapéutica es un claro problema de salud pública de primera magnitud, con una prevalencia media del 50% en patologías crónicas y pacientes polimedicados.

Durante mis prácticas clínicas en Atención Primaria  pude presenciar el importante papel que realiza la enfermería para evitar el incumplimiento terapéutico, especialmente en pacientes crónicos y polimedicados. Mediante este post pretendo llamar la atención sobre este problema ya que la falta de adherencia es un problema común con repercusiones sanitarias y económicas, por lo que es importante asumir la necesidad de su prevención y detección en la práctica clínica diaria.

Charles Everett Koop (1916-2013), considerado como el cirujano más influyente en el cambio de actitudes de la población estadounidense gracias a su trabajo en la prevención del tabaquismo y del SIDA, afirmó que “los medicamentos no funcionan en aquellos pacientes que no los toman”.

Podemos definir la adherencia como: “el grado en que el comportamiento de un paciente, coincide con las instrucciones proporcionadas por el personal sanitario, en lo que se refiere a la toma de la medicación, al seguimiento de una dieta adecuada y pautada, o a la modificación de hábitos o cambios en su estilo de vida”.

Por todos los profesionales y gestores sanitarios es bien conocido que la falta de adherencia terapéutica constituye un grave problema de salud pública, produciendo significativas consecuencias, tales como: una falta de consecución de los objetivos terapéuticos marcados, reingresos, aumento de los costes, aumento de la morbimortalidad, reducción de la eficiencia sanitaria, etc. Es más, la utilización de los medicamentos de forma diferente a la recomendada aumenta claramente las posibilidades de errores asociados a la medicación.

Aunque muchos profesionales son reacios a admitir que la visión paternalista de la asistencia sanitaria ha pasado a ocupar un segundo plano, debemos reivindicar una mayor potenciación de la cultura sanitaria, con políticas encaminadas a la prevención, promoción y educación para la salud. La enfermería tiene aquí un protagonismo preponderante para disminuir esa falta de adherencia terapéutica que se estima cercana al 50% en pacientes polimedicados como consecuencia de la escasa educación que recibe el paciente sobre los medicamentos que toma.

Ahora bien, ¿cómo puede conseguir el personal de enfermería promover la adherencia terapéutica? Aunque existen numerosas estrategias, parece confirmase que lo más efectiva es la combinación de varias y la individualización con cada paciente. La información oral y corroborada por escrito, es una de las más recomendadas. Su  objetivo es proveer al paciente (o en su defecto al cuidador/a principal) de la información necesaria sobre la enfermedad que padece y de los fármacos que son prescritos para ésta.

Son muchos los pacientes que abandonan la consulta del médico y/o enfermera sin entender por qué le han prescrito un determinado fármaco, cómo tomarse la medicación prescrita o simplemente que hacer si surgen efectos adversos.

A la hora de identificar en la Consulta de Enfermería el incumplimiento de pautas posológicas a través de la entrevista con el paciente, resulta importante comprender las principales causas que contribuyen o potencian ese incumplimiento. Entre los factores relacionados con ese incumplimiento estarían:

  • Relacionados con el paciente: edad, sexo, educación, situación laboral, etc.
  • Relacionados con la patología: patologías crónicas, ausencia de síntomas, tiempo de evolución, aceptación del proceso patológico, expectativas de curación, etc.
  • Relacionados con el tratamiento: complejidad del tratamiento, reacciones adversas, confianza en la efectividad, costumbres del paciente, etc.
  • Relacionadas con el equipo asistencial: accesibilidad, no contradicción entre prescripciones y profesionales, implicación del personal de enfermería, etc.

Una vez detectados esos factores, es importante destacar ciertos elementos para optimizar la eficacia de la intervención:

–   Debemos apoyar al paciente, no podemos hacer recaer sobre él toda la responsabilidad del problema.

–   Hay que plantear un enfoque individual, cada paciente es diferente y por ello es necesario seguir una estrategia de intervención personalizada.

–   Estableceremos un vínculo de confianza y empatía con el paciente para así disminuir la tasa de abandonos.

–   Preferiblemente estableceremos estrategias simples para facilitar su implantación.

–   Realizaremos un abordaje multidisciplinar entre médicos, enfermería y farmacéuticos, coordinados y en colaboración para un objetivo común: incrementar la efectividad y seguridad de los tratamientos.

Además, para describir las conductas del paciente relativas al cumplimiento de las indicaciones terapéuticas tenemos los diagnósticos enfermeros recogidos en la taxonomía NANDA: “Gestión ineficaz de la propia salud (00078)” e “Incumplimiento (00079)”.

Una de las intervenciones NIC recomendadas para estos diagnósticos es “Enseñanza medicamentos prescritos (5616)”, cuya definición es: “preparación de un paciente para que tome de forma segura los medicamentos prescritos, y observar sus efectos”. Todas y cada una de las actividades incluidas en esta intervención son realizadas cotidianamente por la enfermeras, por ello debería usarse de forma habitual en las consultas de Atención Primaria.

Aunque la incorporación del lenguaje enfermero a través de las taxonomías NANDA, NIC y NOC está siendo progresiva, su utilización contribuye a crear planes de cuidados específicos para aumentar la adherencia farmacológica en el paciente polimedicado.

En definitiva, la valoración de la adherencia farmacológica y su seguimiento, especialmente en los pacientes polimedicados, debe incorporarse dentro de los programas de salud, especialmente en el personal de enfermería de Atención Primaria, con el objetivo de evitar el incumplimiento terapéutico.

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