Aprender a tener empatía y compasión en pacientes pobres mediante simulación

Empatia-enfermeros.jpg

¿Puede enseñarse la empatía? Algunos estudios indican que la exposición clínica a poblaciones vulnerables puede incrementar el conocimiento sobre los sentimientos de compasión y empatía en determinadas poblaciones de pacientes. Hoy compartimos los resultados de la investigación firmada por Jo Loomis, DNP, FNP-C, CHSE, y Mary Lou De Natale, EdD, RN, CNL y que ha sido publicada por la revista de referencia en enfermería, Nursing.

Formación y práctica ante la falta de empatía

Los sentimientos negativos hacia las personas que viven en situaciones culturales diferentes pueden ser neutralizadas o positivizadas con formación y prácticas clínicas adecuadas. Con frecuencia, los estudiantes de enfermería están ansiosos antes de su primer contacto con personas indigentes y pueden tener prejuicios o actitudes negativas hacia la indigencia o la pobreza, lo cual puede afectar a la calidad de sus cuidados. Los docentes de las facultades de enfermería que trabajan en grandes zonas urbanas pueden sentirse especialmente en tensión al tener que preparar clínica y emocionalmente a los alumnos que empiezan sus prácticas con poblaciones de personas indigentes. El objetivo es generar una oportunidad de entrenamiento cultural positivo para el estudiante que pueda resultar una experiencia positiva de aprendizaje para todos. La exposición de los alumnos a las barreras del sistema sanitario que experimentan las personas indigentes y su preparación para las prácticas clínicas en esta población de pacientes favoreció que el profesorado de la Northern California University empelara el simulador de acción comunitaria en la pobreza (SACP) (www.povertysimulation.net), desarrollado por la Missouri Association for Community Action.

Esta herramienta de simulación está disponible desde mediados de la década de 1980 y aún se usa en facultades de enfermería y otras disciplinas, así como en instituciones comunitarias. Este artículo revisa el uso del simulador de indigencia en una universidad del norte de California y comparte las experiencias de los participantes.

Un toque de realidad

En esta simulación, los participantes se reunían un sábado por la tarde para asumir el rol de las personas indigentes o en situaciones de pobreza, una madre soltera, un indigente, un miembro de la familia que recientemente ha perdido su trabajo, un anciano que vive solo, una mujer discapacitada que busca ayuda o un adolescente en busca de un trabajo al acabar las clases. Aproximadamente 110 personas participaron en la simulación.

El fondo del proceso de aprendizaje en esta experiencia de simulación es precisamente el proceso de feedback: preguntando qué experimentó cada participante a través de la reflexión sobre su experiencia. Al profundizar, los investigadores exploraron de qué modo los participantes se ven ejerciendo otros roles en una situación social y en acciones comunitarias distintas. Independientemente del rol asignado, las respuestas de los participantes coincidían en reconocer que los casos parecían reales y el aprendizaje sobre cómo gestionar la vida diaria era claramente un reto.

Respuestas de los participantes

Para muchos participantes, era la primera vez que experimentaban una vivencia en un entorno en el que su situación de vida se veía comprometida, incluyendo escenarios complejos como el hecho de vivir en la calle, intentar encontrar alojamiento, comida diaria, vales de transporte o competir para conseguir servicios comunitarios y posibilidades de encontrar un empleo. Algunos participantes compartieron en voz alta reflexiones conmovedoras sobre su propia experiencia viviendo en la pobreza. Las emociones y los miedos en esta simulación emergieron e hicieron la experiencia más real para todo el grupo. Durante la reunión de feedback posterior, se preguntó a los participantes qué habían aprendido de esta experiencia y cómo cambiará su relación con los pacientes o usuarios en el futuro; las expresiones de compasión, comprensión y gratitud fueron abrumadoras.

Una de las ventajas más destacables de este tipo de experiencia parece ser la adquisición de conciencia y la voluntad explícita de ser más comprensivos con las personas que viven con estas limitaciones a diario, para los que la cobertura de las necesidades de supervivencia es mucho más prioritaria que cualquier otro asunto mundano, como ser puntual en las visitas al centro de salud.

Implicaciones para la práctica enfermera

Esta experiencia de simulación concienció a los participantes sobre las dificultades a las que se enfrentan estas personas y les ayudó a empatizar con sus necesidades especiales. Reconocieron que el paciente es más que un simple número en un papel y debe ser tratado con dignidad. Un mensaje claro es que las enfermeras y otros profesionales de la salud pueden defender los derechos de las personas que viven en la pobreza, dando voz a sus necesidades especiales. Puesto que las enfermeras identifican estas necesidades de primera mano y se hallan en puestos clave para aconsejar y concienciar a la comunidad, pueden actuar como líderes cívicos para transmitir los apuros de aquellos que viven en la pobreza. Una de las formas de crear esta conciencia es realizar simulaciones de experiencias de vida en la pobreza e invitar a los líderes comunitarios a participar.

Clic aquí: rellena el formulario y descárgate el artículo completo gratis:

Share
Tweet
Share
Share