Ventajas y asignaturas pendientes de las apps en el sector salud

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Saber cuántas calorías se queman al hacer ejercicio o si determinado alimento contiene algún ingrediente al que somos intolerantes o alérgicos; consultar el prospecto de fármacos; recibir alertas sobre la toma de medicación… Las posibilidades que ofrece la  aplicación de nuevas tecnologías al campo de la salud y el bienestar son enormes y suponen un recurso cada vez más utilizado por la población. La proliferación de aplicaciones (apps) y wearables (relojes, pulseras y demás “tecnología para llevar encima”) ha venido de la mano de un fenómeno al que se han tenido que ir adaptando todos los agentes implicados en el sector salud: la mHealth, al que la OMS define como la práctica de la medicina y la salud pública soportada por dispositivos móviles (smartphones, dispositivos de monitorización de pacientes, asistentes personales digitales y otros dispositivos inalámbricos).

En el caso concreto de las aplicaciones de salud digital, los datos evidencian que no solo han llegado para quedarse sino que su uso se ha disparado en los últimos tiempos. Basta darse una vuelta por iTunes Store o Play Store para comprobar el amplio stock disponible. Según el informe “El valor creciente de la salud digital”, elaborado por el Instituto IQVIA de Ciencias de la Información Humana, se calcula que el número de estas aplicaciones de salud en todo el mundo supera las 318.000 (casi el doble de las disponibles hace dos años), a las que cada día se añaden unas 200 más. Tal y como se desprende de este informe, aunque la mayoría de la temática de las aplicaciones desarrolladas en el ámbito de la salud se refieren al bienestar general, está emergiendo un “subgrupo” formado por aquellas que están relacionadas con el control del estado de salud (asociadas a menudo con la atención al paciente) y que actualmente representan el 40% de todas las apps del ámbito de la salud.

En relación con esto, durante el último Congreso Nacional de Atención Sanitaria al Paciente Crónico, celebrado el pasado mes de marzo, se puso de manifiesto que el principal grupo de usuarios destinatarios de las apps del sector mHealth son los pacientes con problemas crónicos de salud (el 56% de estas aplicaciones están dirigidos a ellos), seguidos por las personas que practican distintos tipos de actividad física (33%), y los profesionales sanitarios (32%).

En la misma línea, los datos de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC) reflejan que las apps de salud más utilizadas por los pacientes son las dirigidas al control de ciertos parámetros (glucosa, cifras de tensión), las que miden la actividad física y las del cómputo de las calorías consumidas, principalmente.

Ventajas a todos los niveles

Las posibilidades que estas aplicaciones ofrecen tanto a los pacientes como a los médicos y el resto de agentes implicados en el cuidado de la salud son muchas. La principal, sin duda, es que han demostrado ser una estupenda herramienta para conseguir el “empoderamiento” (término indisociable del fenómeno mHealth) del paciente o, lo que es lo mismo, que éste tome parte activa en el cuidado de su salud y en el tratamiento y seguimiento de su enfermedad. Precisamente, este fomento de la autogestión de la enfermedad es uno de los principales retos de las autoridades sanitarias, sobre todo ante la evidencia del creciente envejecimiento de la población y el aumento de los enfermos crónicos previsto para los próximos años.  Pero, además, su utilización y progresiva implantación en la mayoría de los servicios de salud tiene otros beneficios añadidos:

  • Mejoran la adherencia al tratamiento: ul uso de apps de salud da lugar a un paciente más informado y, por tanto, más predispuesto a seguir las pautas del tratamiento.
  • Mayor (y mejor) seguimiento: una de las grandes ventajas de estas herramientas es la posibilidad de que los datos que el paciente recoge en sus apps o wearables pueden enviarse al médico o al equipo de atención médica o pasar a formar parte de la historia clínica electrónica, que favorece también una medicina cada vez más personalizada. Respecto a esto, los responsables de la Asociación de Investigadores en eSalud (AIES) señalan que los dispositivos fiables y eficaces que se integran en la asistencia sanitaria permiten una medicina de las “5P”: preventiva, personalizada, predictiva, participativa y poblacional.
  • Optimización de servicios y reducción de costes: el informe del Instituto IQVIA refleja cómo el uso de estas aplicaciones de salud digital en cinco poblaciones de pacientes ha demostrado una reducción en la utilización de cuidados intensivos (prevención de la diabetes, asma, rehabilitación cardiaca y rehabilitación pulmonar), lo que podría ahorrarle al sistema de salud de EEUU alrededor de 7.000 millones de dólares (unos 5.954 millones de euros) al año. Esto representa aproximadamente un 1,4% del coste total generado por estas poblaciones de pacientes. Si este nivel de ahorro pudiera extrapolarse a toda la partida de gasto sanitario norteamericano, se estima que el ahorro anual que se podría conseguir sería de unos 46.000 millones de dólares (alrededor de 39.130 millones de euros).
  • Favorece una mejor coordinación asistencial: otro de los “efectos colaterales” de la utilización de apps es la posibilidad de que todos los profesionales y servicios implicados en la atención del paciente compartan sus datos, lo que lleva a adoptar un nuevo enfoque respecto a la coordinación de estos actores y favorece la continuidad asistencial, un aspecto del que, tal y como se comentó en el Congreso Nacional de Atención Sanitaria al Paciente Crónico, cada vez hay más evidencias de que, además de permitir aumentar el autocuidado y la adherencia, reduce las descompensaciones, los ingresos hospitalarios y las complicaciones en los pacientes crónicos.

Asignaturas pendientes y perspectivas de futuro

Aunque la utilización de las apps sanitarias es ya una realidad en los sistemas de salud, aún quedan algunos ajustes por realizar para conseguir que estas herramientas tecnológicas aporten realmente valor tanto a los profesionales como a los pacientes. Así, por ejemplo, los expertos en el tema coinciden en la necesidad de que el desarrollo y uso de estas aplicaciones se adapten a una serie de criterios funcionales y tecnológicos (coordinación y uniformidad de todos los sistemas y servicios que accedan a los datos, por ejemplo) y de seguridad (sobre todo en lo referente al manejo y privacidad de los datos).

En cuanto a las previsiones de futuro, una de las conclusiones del estudio del Instituto IQVIA es que todo apunta a que en los próximos 10 años el uso de la salud digital va a convertirse en una práctica generalizada en la mayoría de las organizaciones que prestan servicios de salud. Y en esta misma línea, los expertos participantes en el Congreso Nacional de Atención Sanitaria al Paciente Crónico coincidieron en que los campos terapéuticos que pueden tener más recorrido en el ámbito de la mHealth son la insuficiencia cardiaca, la diabetes, la obesidad, la hipertensión, la depresión, la cardiopatía isquémica y la enfermedad pulmonar obstructiva (EPOC).

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