Decisiones clínicas: ¿Por qué no aceptamos que no sabemos lo que no sabemos?

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Descárgate la infografía: “La calidad del cuidado, depende de la calidad de la información disponible”

Es innegable que uno de los avances más significativos, impactantes y revolucionarios de nuestro tiempo ha sido internet y el consecuente desarrollo de los motores de búsqueda que nos ayudan a descubrir la información publicada en la red.

Los buscadores nos han abierto las puertas a un mundo de información sobre lo que queremos ver en el cine, lo que queremos comer, dónde queremos viajar; espacios que tienen ‘respuesta’ a todo lo que nos puede acontecer en nuestro día a día. Lo más interesante, es que recurrimos a plataformas específicamente diseñadas para solicitar comparaciones, opiniones y evidencia sobre qué es mejor. Si este o este otro hotel; si este o este otro restaurante. Nuestra vida regida por unas estrellas, “likes” y opiniones de otras personas que han pasado por esa experiencia antes.

Y lo curioso, es que no somos así de exigentes con otros aspectos de nuestras vidas, como la salud.

Mismo paciente, distinto tratamiento

Recuerdo una situación que viví cuando era estudiante de Medicina. Estaba rotando por la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), y había dos especialistas que valoraban a los pacientes cada 12 horas. Uno de ellos solía agregarle ranitidina (medicamento protector para la gastritis y úlceras gástricas) a los pacientes, alegando que los pacientes en la UCI tendían a desarrollar úlceras en el estómago por estrés y con ese medicamento “los estábamos protegiendo”. El otro especialista, al iniciar su turno de trabajo, les quitaba la ranitidina, alegando que “si todos los pacientes en la UCI desarrollaran úlceras por estrés, entonces todos los animales encerrados en jaulas desarrollarían úlceras por estrés” …

Y así, los pacientes de la UCI estaban siendo tratados de forma distinta durante el tiempo que coincidieron los dos profesionales. La cuestión no es cuál de ellos estaba en lo correcto, sino que lo sensato y lógico (y más seguro para el paciente) hubiera sido recurrir a la evidencia más reciente y fidedigna para tomar la mejor decisión posible para estos pacientes bajo su cuidado.

La variabilidad da pie a errores médicos

Podríamos decir “claro, esto fue hace muchos años… ahora las cosas no son así”. Lamentablemente sí lo son, y a diario vemos, leemos, oímos y sufrimos casos relacionados con decisiones o actos médicos que distan mucho de estar basados en la evidencia más actual y fidedigna. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) en sus “10 Facts on Patient Safety” de 2014 dice que, “en países desarrollados, hasta 1 de cada 10 pacientes se ve perjudicado mientras recibe atención hospitalaria, y que este daño puede estar causado por una serie de errores o eventos adversos”.1

Errores médicos
“La calidad del cuidado, depende de la calidad de la información disponible”

El origen de los errores médicos es múltiple, pero una de las causas identificadas más prevalentes y difíciles de controlar es la variabilidad en el conocimiento, es decir los diferentes grados y niveles de conocimiento entre profesionales. Esto implica que un paciente sea tratado de forma distinta cada 12 horas, como en el ejemplo de arriba.

La explosión de la información médica es uno de los principales responsables de la variabilidad en el conocimiento. De acuerdo a datos extraídos de MEDLINE®cada minuto se agregan dos artículos a esta base de datos2“. ¡Cada minuto dos artículos! Cuesta pensar que seamos capaces de buscar, leer, interpretar, interiorizar y poner en práctica la desbordante cantidad de información publicada, incluso si nos limitamos a nuestra especialidad.

  • En un estudio publicado en 2013 se demostró que para que un médico de atención primaria pudiera mantenerse al día en su especialidad, tendría que invertir alrededor de 627,5 horas al mes para revisar toda la evidencia”.3
  • En otro análisis llevado a cabo en Brasil, se concluyó que “la falta de conocimiento había sido el principal factor en la aparición de eventos adversos causados por un diagnóstico erróneo, más que en cualquier otra área relacionada con la seguridad del paciente”.4

Y son muchos más los estudios que han demostrado que sólo una pequeña parte de la práctica médica rutinaria está basada en evidencia reciente y fidedigna. De modo que gran parte de lo que hacemos en la práctica médica rutinaria se basa en experiencia personal.

Decisiones basadas en información fiable y actualizada

A pesar de la contundente evidencia sobre las consecuencias de la falta de conocimiento, son muchos los profesionales de la salud que se niegan a aceptar que para prestar una atención sanitaria segura, eficaz y rentable, además de buen juicio y habilidad clínica, necesitan contar con herramientas que combinen tecnología, información actualizada y fiable y funcionalidades compatibles con una práctica eficaz.

Es decir, soluciones que proporcionen apoyo a la toma de decisiones, pero que al mismo tiempo permitan que el profesional pueda hacer uso de su experiencia y habilidad clínica.

El uso de herramientas de apoyo a la toma de decisiones  (CDS, del inglés Clinical Decision Support) basadas en información actualizada y fiable, son una apuesta segura a la hora de intentar reducir la variabilidad en el conocimiento que observamos (con demasiada frecuencia) en el ámbito sanitario.

Dicho esto, no es necesario ahora que vayamos por los pasillos de los hospitales preguntando si cuentan con herramientas de CDS para sentirnos más seguros. Pero sí es importante que los que somos profesionales o decisores en salud, seamos conscientes del deber que tenemos con nuestros pacientes y sus familias de contar con las mejores herramientas de CDS disponibles para practicar una medicina segura y eficaz.

Si somos exigentes a la hora de elegir un hotel, un coche o un restaurante, deberíamos tener la suficiente autocrítica para reconocer nuestras limitaciones y volvernos exigentes a la hora de prestar una atención en salud de calidad y segura a aquellos que confían en nosotros.

Y porque algún día, ese paciente será alguno de nuestros padres, nuestros hijos o nosotros mismos.

Autora: Ximena Alvira, MD, PhD Clinical Specialist, Elsevier Health Solutions

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