‘Medicina del estilo de vida’: todas las claves sobre el tratamiento y prevención de los grandes males de nuestra era

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Ya está en la calle la tercera edición de Medicina del estilo de vida: Hábitos, entorno, prevención y promoción de la salud (Editorial Elsevier).Este título presenta un contenido imprescindible dentro del ámbito del tratamiento y la prevención de enfermedades como la obesidad, la diabetes, la esteatosis, las disfunciones sexuales o ciertos tipos de cáncer. Charlamos con los doctores José Javier MediavillaJosé M. Lobos –revisores de la obra- sobre estilo de vida, medicina y, por supuesto, revelamos las claves de este libro de referencia para cualquier profesional vinculado a la prevención y la promoción de la salud.

Conecta Elsevier (C.E.): ¿Qué novedades aporta esta nueva edición a sus predecesoras y cuáles son, desde su punto de vista, sus puntos fuertes?

José Javier Mediavilla (J.J.M.): La edición ha sido actualizada con los nuevos conocimientos y evidencias aparecidos en los últimos años acerca de la influencia de los problemas ambientales y de estilo de vida presentes en las sociedades desarrolladas. La nueva edición incluye las pautas que a día de hoy han demostrado ser útiles en la prevención y tratamiento de las enfermedades crónicas relacionadas con la mejoría del estilo de vida tanto a nivel individual como poblacional.

“La nueva edición incluye las pautas que a día de hoy han demostrado ser útiles en la prevención y tratamiento de las enfermedades crónicas” -José Javier Mediavilla

C.E.: ¿Para qué tipo de profesional de la salud está dirigido?

J.J.M.: Si quisiera destacar a uno, diría que el libro me parece especialmente útil para los profesionales que trabajan en los Equipos de Atención Primaria ya que por su accesibilidad, continuidad e integración de cuidados, los profesionales de estos equipos se encuentran en una posición privilegiada para realizar el abordaje de las enfermedades crónicas desde su prevención al seguimiento y tratamiento de las mismas y sus complicaciones.

C.E.: ¿Cuáles son los principales problemas de salud a los que se enfrenta la sociedad actual? 

J.J.M.: A lo largo del último siglo se ha producido una marcada disminución de las tasas de mortalidad con un aumento de la longevidad de la poblaciónLa  conjunción de mejoras en el saneamiento, en las condiciones generales de vida, especialmente de la nutrición de la población desde finales del siglo XIX y durante el siglo XX ha producido un acusado cambio en las causas de muerte, pasando a ser preponderantes las enfermedades crónicas frente a las enfermedades transmisibles.


El doctor José Javier Mediavilla. 

Las enfermedades no transmisibles representan con diferencia la causa más importante de defunción en el mundo, pues acaparan aproximadamente un 63 % de las muertes anuales.

Las enfermedades crónicas no se distribuyen al azar sino que se dan con mayor frecuencia en determinadas personasfamiliascomunidades, como consecuencia de diversos factores ambientalesque interactúan con un perfil genético vulnerable.

El aumento de la obesidad en todo el mundo ha centrado la atención sobre el estilo de vida como una de las causas más importantes de enfermedades en los tiempos modernos, pero no debemos olvidar otros factores como el tabaquismo, el uso de alcohol y otras drogas, la mala alimentación, la falta de actividad física, el estrés, las conductas sexuales, la medicación inadecuada,  los trastornos del sueño y la exposición ambiental que influyen en las enfermedades crónicas.

Alguna de las enfermedades crónicas más prevalentes en el mundo en las que intervienen todos estos factores anteriormente reseñados son:

  1. las enfermedades cardiovasculares (por ejemplo, los infartos de miocardio o accidentes cerebrovasculares);
  2. el cáncer;
  3. las enfermedades respiratorias crónicas (por ejemplo, la neumopatía obstructiva crónica o el asma);
  4. la diabetes.

C.E.: Si tuvieran que hacer un ranking con los cinco hábitos de vida más ‘peligrosos’, ¿cuáles serían?

J.J.M.: No cabe duda que incluiría el tabaquismo,  uso de alcohol y otras drogas, dieta inadecuada, la falta de actividad física y las conductas de riesgo.

C.E.: La obra dedica un capítulo especial a los determinantes ambientales y del estilo de vida de la enfermedad crónica. Ya hemos repasado los segundos en las anteriores preguntas, ¿podrían señalarnos cuáles son esos ‘determinantes ambientales’ que los autores señalan como perjudiciales para nuestra salud?

J.J.M.: Entre los determinantes ambientales que se señalan se incluye el sol , la presencia de sustancias químicas, el entorno urbanístico o el desarrollo económico.

Portada de esta tercera edición. 

C.E.: Los autores hablan en el prefacio de ‘frustración’ ante la incapacidad de dar soluciones adecuadas a los procesos patológicos de la vida moderna. Destacan, como ejemplo, que la reducción de la mortalidad por cardiopatías está retrocediendo por el avance implacable de la obesidad y de sus trastornos metabólicos asociados. Como profesionales de la salud, ¿comparten esta ‘frustración’?

J.J.M.: No puedo negar que existe una pequeña frustración, sobre todo debido a que los médicos nos enfrentamos a nuevos problemas y en parte desconocemos la manera más efectiva de  enfrentarnos a ellos. A esto se añade que la solución de los mismos no está solo en manos de los profesionales sanitario,  sino que es necesaria la implicación de otras muchas personas como políticos, autoridades sanitarias y educativas, industrias, todas y cada una de las personas, es decir si queremos enfrentarnos a los nuevos problemas de salud  deberemos intentar lograr la implicación de la sociedad en general.  Un mejor conocimiento junto a una  visión más amplia basada en las ultimas evidencias, como las que se desarrollan en este libro, harán sin duda que procuremos a todas las personas en general y a nuestros pacientes en particular, la mejor atención tanto en la prevención como en el tratamiento de estas enfermedades y que afrontemos el futuro con esperanza.

“Los cinco hábitos de vida más ‘peligrosos’ son el tabaquismo, el alcohol y otras drogas, dieta inadecuada, la falta de actividad física y las conductas de riesgo” -José Javier Mediavilla

C.E.: Se habla mucho de los avances científicos necesarios, del papel de los médicos o de los gobiernos en la ‘guerra’ abierta contra las enfermedades crónicas; pero, desde su experiencia: ¿Qué papel debe jugar -que no está jugando- el paciente en esta batalla?

José M. Lobos (J.M.L.): Claramente el papel del paciente debe ganar peso progresivamente desde un modelo de atención que va quedando obsoleto (paciente pasivo, médico “paternalista”) al modelo de atención integrada al paciente crónico, en el cual el paciente va adquiriendo la responsabilidad del cuidado de su propia enfermedad (paciente involucrado, paciente activo) y de la prevención de desestabilizaciones.

“El papel del paciente debe ganar peso progresivamente desde un modelo de atención que va quedando obsoleto” -José M. Lobos

El modelo debe girar desde un modelo donde a menudo se abusa de pruebas diagnósticas innecesarias y económicamente costosas, tratamientos caros y complejos, frecuentes ingresos hospitalarios por descompensación de la enfermedad crónica, hacia un modelo donde la base sea la prevención, la educación sanitaria apropiada, la optimización de la adherencia a los tratamientos, la toma de conciencia y autoresponsabilidad del paciente ante su enfermedad y el uso de nuevas tecnologías sencillas, accesibles, a menudo basada en dispositivos móviles que permitan la monitorización a distancia por parte de los profesionales y supongan un refuerzo positivo al paciente

C.E.: Partiendo de las lecciones que nos aporta el título que nos ocupa: ¿Qué tres consejos básicos darían a nuestros lectores para prevenir y preservar del mejor modo posible su salud?

J.M.L.: Saber que cuanto antes comience la prevención, mejor. No tomar la prevención como una serie de prohibiciones o limitaciones, sino de forma positiva, como la adquisición de una serie de hábitos, de un estilo de vida, que le va a permitir una vida más saludable, con mayor calidad de vida tanto en la esfera física como psíquica, libre de enfermedad durante muchos más años. Vida solo tenemos una y hay que preservarla y vivirla plenamente.

Los tres consejos básicos para todos son: no fumar, hacer una dieta o patrón de alimentación saludable (evitar, prevenir el sobrepeso y la obesidad) y realizar ejercicio físico regularmente, a medida de su edad y condición física.

C.E.: Este manual señala algunos hábitos y factores que juegan un papel fundamental en la prevención de patologías tan ‘mortales’ como el cáncer. ¿Podrían señalarnos algunos de esos factores recogidos en sus páginas y qué rol juegan?

J.M.L.: Más de una docena de cánceres de distinta localización se relacionan fuertemente con el hábito de fumar y con la ingesta excesiva de bebidas alcohólica (una de las dos o ambas en combinación). No son cánceres menores o raros; hablamos de las neoplasias más frecuentes y a menudo finalmente letales como el cáncer de pulmón, de páncreas, de cavidad bucal, faringe o laringe, de estómago, de vejiga, etc. Hasta el punto que algunos de estos tumores son extremadamente raros en ausencia de los factores tabaco y/o alcohol.

“Más de una docena de cánceres de distinta localización se relacionan fuertemente con el hábito de fumar y con la ingesta excesiva de bebidas alcohólica” -José M. Lobos

La obesidad (y de su mano, el sedentarismo) también se asocia con el cáncer, como factor de riesgo o por el hecho de retrasar o dificultar el diagnóstico.

C.E.: ¿Qué países son referencia mundial, parafraseando el título, en ‘medicina del estilo de vida’ y por qué?


El doctor José M Lobos. 

J.M.L.: La respuesta no es fácil ya que, aunque hay iniciativas excelentes para grupos de población o amplios e incluso regiones, quizás la aplicación a nivel de país es más compleja. Hay programas e iniciativas excelentes que promueven un estilo de vida saludable, lo que a menudo comienza (así debe ser sin duda) en la escuela o incluso antes, a través de la educación e involucrando a los padres muy precozmente. Podemos encontrarlos en Canadá, Australia-Nueva Zelanda, Holanda, Dinamarca, Suecia, algunas regiones de Alemania, algunos estados de EE.UU., algunas experiencias muy interesantes en Japón, etc.

Es importante subrayar que muchas intervenciones preventivas que afectan a gran cantidad de población y por tanto van a tener una repercusión importante, vienen a través de la leyes e implicaciones de los gobiernos, locales, autonómicos o a nivel nacional. Desde la cantidad de sal que puede añadirse al pan en las panificadoras hasta cómo se diseñan y construyen las escuelas, los polideportivos, otros lugares para el ocio, las fábricas, y los barrios y las ciudades o pueblos en general.

C.E.: A pesar de nuestro empeño en no cuidarnos, en comer lo que no debemos o beber lo que nos perjudica, la esperanza de vida aumenta, las soluciones a las grandes males acaban llegando gracias a una ciencia cada vez más avanzada pero ¿realmente creen que estamos preparados para vivir más de 100 años?

J.M.L.: Es posible. Pero más que en la cantidad me parece importante la calidad de vida. En efecto, vemos cada vez más personas mayores o muy mayores que llegan en un estado de salud física y psíquica muy buenos a edades avanzadas pero esto no siempre es así. Me parece importante fijar dos objetivos: uno, evitar o prevenir la mortalidad prematura (por enfermedades cardiovasculares, cáncer, accidentes, traumatismos y suicidio, a menudo en etapas tempranas de la vida), y dos, reducir la morbilidad. No es lo mismo vivir una edad madura o mayor sano que vivir con EPOC, con Diabetes o con secuelas de un infarto de miocardio o un ictus…) Todo esto cuenta y mucho… también a nivel social y económico el impacto es brutal (ingresos hospitalarios, gastos de la medicación, de la rehabilitación, necesidad de cuidadores, etc.)

C.E.: ¿Cómo sería el futuro de una asistencia sanitaria ideal?

J.M.L.:  Debería ser desde mi punto de vista pública, universal y homogénea (equitativa) con igualdad de acceso independientemente del lugar donde se viva (en todas las regiones, en ámbito rural o urbano) y de la clase social, raza o sexo.

Deberían establecerse barreras para un mal uso (o abuso) de la sanidad pública (hiperfrecuentación de las consultas, hiperutilización de la urgencia hospitalaria…) mediante educación e información a la población desde jóvenes y medidas moderadoras.

Debería alentarse la sensibilización de las personas (y en su caso, pacientes) para cuidar y responsabilizarse de su propia salud y de su familia y entorno, evitando una “medicalización” excesiva de la sociedad y de las personas.

“Una asistencia sanitaria ideal debería ser pública, universal y homogénea (equitativa) con igualdad de acceso independientemente del lugar donde se viva y de la clase social, raza o sexo” -José M. Lobos

Debería establecerse un continuo desde la prevención primaria (personas sanas involucradas, medidas de salud pública) hasta la prevención secundaria (mayor papel del médico y del profesional de enfermería, crucial en este contexto) y la prevención terciaria (rehabilitación) de la enfermedad.

Se debería estimular y motivar a los profesionales de la salud porque en ellos recae el mayor porcentaje de la eficiencia en el uso de los recursos sanitarios, empezando por un recurso fundamental que  es el tiempo y garantizando su adecuada formación y competencia profesional, con el fin de realizar una gestión clínica óptima siempre centrada en el paciente y en las personas: la verdadera prevención empieza en las personas sanas.

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