Derechos humanos en Ciencias de la Salud: el problema y la solución

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Con el paso de la Primera Guerra Mundial (y no se diga con el fin de la Segunda), se dejó por escrito en la historia de la humanidad lo bárbaros e insensibles que podemos llegar a ser cuando de sobrevivir para vivir se trata. Campos de concentración, experimentación, canibalismo, violación, hambre, tortura, entre otros; fueron algunos de los actos que se acostumbraban a practicar. (1) Todo por el afán de conquistar y dominar, todo por enemistad y “cuentas a saldar”, todo sin importar quién o quiénes se vean afectados. Sin lugar a dudas, una violación masiva de los derechos humanos para aquella época y que hasta nuestros días se sigue encarnizando. Bajo este contexto, ¿es posible hablar derechos humanos en la actualidad? En caso de no ser así, ¿de qué forma las naciones podrían enfrentar dicho inconveniente? Y, ¿cómo la sociedad médica contribuiría a la causa?

Tomando en consideración los Convenios de Ginebra sobre seguridad, respeto y derechos mínimos de los prisioneros de guerra, el 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas adopta finalmente la Declaración Universal de los Derechos Humanos. (2) Esto, con la finalidad de “…elevar a los hombres a un mejor nivel de vida y al goce pleno de sus libertades” (3) y evitar sucesos que tensen las relaciones internacionales y desemboquen en fenómenos de impacto como los ya mencionados, ello mediante “…la promoción de relaciones amistosas entre las naciones”. (4)

Las palabras de Ann E. Roosevelt en su conmemorable discurso a la Asamblea General de las Naciones Unidas, hoy en día constituyen un instrumento de defensa para aquellos que aprobaron dicha declaración y de alguna manera hoy se sienten comprometidos con la defensa de la vida misma. Sin embargo, hay quienes lo tienen como simple tratado y lo pisotean cuando les es meramente posible. Esto, como producto de intentos a corto plazo emprendidos por las naciones para presuntamente enfrentar “problemas internos” e “inseguridad” en general.

Según el Informe Mundial 2015/16 de Amnistía Internacional, en aproximadamente 122 países se infligieron torturas y maltratos de forma arbitraria, en al menos 30 países se expulsaron injustamente a refugiados. También, en 113 países se restringió tanto la libertad de expresión como de prensa, y en contados 61 países se decretó prisión a personas que se dedicaron a ejercer plenamente sus derechos y libertades. Además, alrededor de 156 defensores de los derechos humanos y paz murieron en atentados. (5) Es evidente que la mayor parte de los edictos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se han violado independientemente de los conflictos internos existentes en cada nación.

Por consiguiente, hablar de derechos humanos en el contexto internacional constituye desde el pasado un impedimento para el desarrollo y el alcance global de “grandes” y “pequeñas” naciones. En vista de ello, la lucha por mantener vigentes libertades, oportunidades e igualdades individuales y grupales representa un balance constante entre el ser y no ser, entre someterse o decaer, entre “ajustarse o ser ajustado”. De este modo, cualquiera pensaría que siglo XXI es sinónimo de pleno ejercicio de derechos, pero no es así. Aún se desacredita a la mujer, a la comunidad LGBTI, a discapacitados en general, a pueblos indígenas, a extranjeros, entre otros. Dadas las circunstancias, a futuro será posible abarcar el tema en mención solo si se llegase a revitalizar compromisos internacionales y los gobiernos consideren en la toma de decisiones la participación de defensores y activistas de los derechos y se encaminen a desarraigar sistemas de seguridad y de justicia débiles y corruptos.

Pero, mientras la legislación de femicidios sea aplicada con lentitud, mientras la violencia y discriminación por el hecho de ser homosexual o transexual siga siendo causa de hostigamiento y ultraje, mientras se emplee respuestas militaristas para hacer frente a problemas de índole socio – político, mientras la influencia de empresas multinacionales y transnacionales continúe sin restricción sobre las pertenencias y tierras de pueblos ancestrales, mientras personas refugiadas, migrantes y solicitantes de asilo sean recluidas en duras condiciones, mientras emitir un juicio de valor sea condenado por la ley, y mientras los defensores de los derechos continúen siendo blanco de ataque a consecuencia de su labor (5), los derechos humanos seguirán siendo – desde su mero planteamiento – papel mojado para la población mundial. (6)

Así, los derechos humanos – al igual que en el siglo pasado – están al borde la extinción y esto solo en lo que al inicio de la “nueva era” refiere. Es más, la sed de justicia no se puede medir de la misma forma, pues como producto de la inestabilidad de los derechos y el temor sembrado por políticas mal llevadas han permitido que el mismo derecho de luchar y exigir se haya desvalorizado.

Derechos humanos en el área de las Ciencias de Salud

En cuanto al área de la salud, los derechos de las personas también se ven vulnerados. No solo en referencia a los pacientes sino al propio personal de atención. En el primero de los casos, las prioridades las tienen aquellos “mejor presentados”, “conocidos” del personal administrativo y de salud propiamente dicho; en atención privada ocurre lo mismo solo que con mayor notoriedad en el aspecto económico. En el caso de los profesionales y mismos estudiantes de pre grado, es mucho más acentuada la infracción de derechos, de manera que se sigue priorizando a los hombres en varios departamentos y en caso de maternidad el hecho de ser mujer representa incluso la pérdida del empleo. (7) Por esta razón, no se niega los esfuerzos realizados por instituciones comprometidas con los derechos y su cumplimiento. Sin embargo, la desigualdad en atención y de género no puede ser erradicada mientras la desigualdad por recursos, procedencia y creencias siga latente. En pos de la situación, considero que es el área de la salud la que, con menos mediocridad, mayor disposición y énfasis en lo humano podría poner fin a esta lucha tan encarnizada, la de los derechos.

Para finalizar, así que – 10 de diciembre y no solo en esta fecha – hay quienes se empeñan en marchar, correr y caminar para que la Declaración Universal de los Derechos Humanos no siga constituyendo una lección más de historia y una fecha que cualquiera puede olvidar. Gente común – como usted, como yo – que continúa uniendo fuerzas para que la lucha por los derechos humanos deje de ser una firma opcional para las naciones y sea más bien una acción de compromiso global. Porque, si los derechos humanos son por definición los “privilegios” que nos corresponden por el hecho de ser humanos, ¿qué papel desempeñarían los mismos si la única característica que nos diferencia del resto de animales algún día perdiera relevancia? Y si desde ya se avecina dicho cambio, ¿qué serán los derechos para ese entonces a más de “privilegios”? Por tanto, hagamos que la lucha no cese, hagamos que la lucha permanezca a través de la enseñanza en todas sus formas, y solo así nuestro medio algún día se verá compensado. Pues, “…los derechos universales comienzan en los lugares pequeños, cerca de casa; tan cerca y tan pequeños que no pueden verse en los mapas del mundo.” (8)

Autor: Damary S. Jaramillo, Miembro de AEMPPI – UCuenca

Imagen: ilustración de Yacine Ait Kaci, 2015

Referencias bibliográficas