La cura del Alzheimer, ¿por qué cada vez estamos más cerca?

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La Organización Mundial de la Salud define la demencia como: “un síndrome causado por una enfermedad del cerebro -usualmente de naturaleza crónica o progresiva- en la cual hay una alteración de múltiples funciones corticales superiores, incluyendo la memoria”.

El tipo de demencia más habitual es la demencia tipo Alzheimer.

Al principio, los pacientes olvidan cosas que acaban de suceder, pierden ocasionalmente la noción del tiempo y pierden iniciativa para comenzar actividades. En una fase media, la afectación mnésica es más que evidente, incapaz de realizar la mayoría de las actividades de la vida diaria y manteniendo un comportamiento inapropiado. En la fase final, la dependencia del paciente afectado es total (incontinencia, alteraciones de movilidad) y las funciones cognitivas están absolutamente deterioradas (apenas reconocen a familiares y conocidos).

Las tasas de prevalencia del Alzheimer son preocupantes y el número de casos nuevos aumenta cada año que pasa. Cuanto mayor es una persona, mayores probabilidades hay de que padezca la enfermedad. Por tanto el incremento de la esperanza de vida va a traer consigo más casos de Alzheimer. Se estima que en 2050 existirán en el mundo unos 100 millones de personas con la enfermedad, es decir 1 de cada 85 habitantes.

Desde que se descubrió y se definió la enfermedad, el proceso de hallar un tratamiento definitivo para la enfermedad ha sido y está siendo largo y tedioso. El motivo de que aún no hayamos encontrado una solución al problema es que todavía no entendemos demasiado bien el problema.

Subtipos

Existe una forma puramente genética denominada Alzheimer familiar y otra denominada Enfermedad de Alzheimer esporádica, en la que intervienen de forma combinada factores genéticos predisponentes y ambientales. Es de mencionar que recientemente están surgiendo noticias sobre la posibilidad de que el Alzheimer se pueda transmitir a través de material sanitario que no haya sido bien esterilizado, aunque los investigadores son prudentes con respecto a estos hallazgos.

Patogenia

Sabemos que el cerebro de pacientes con Alzheimer se caracteriza por una acumulación de placas β-amiloides, ovillos neurofibrilares y atrofia cerebral. La acumulación de placas amiloides se produce esencialmente por un defecto en el procesamiento de la proteína precursora de amiloide, que genera un exceso de péptidos Aβeta, aunque posiblemente no se trata sólo de un exceso de formación de este péptido sino un defecto en su eliminación. Esta acumulación de placas β-amiloides empieza interfiriendo en la función sináptica, para posteriormente iniciar una cascada bioquímica que produce respuesta inflamatoria, activación de microglía y astrocitos. Dichas reacciones químicas causarán la fosforilación de una proteína denominada Tau que convertirá los microtúbulos de la neurona en ovillos neurofibrilares.

Este proceso generará una serie de biomarcadores entre los que destacan la atrofia del hipocampo, ensanchamiento ventricular y adelgazamiento cortical.

Prevención

La Alzheimer’s Assotiation resalta la importancia de algunos factores saludables que pueden retrasar o prevenir el inicio del Alzheimer. Entre sus recomendaciones, podemos citar: ejercicio físico regular, dieta saludable, evitar hábitos perjudiciales para la salud cardiovascular (el 80% de los pacientes con Alzheimer padecen algún tipo de enfermedad cardiovascular), y evitar traumatismos craneoencefálicos.

Tratamientos no farmacológicos/alternativos

Los tratamientos que muestran una mayor eficacia son los fármacos, aunque existen otras formas de tratamiento que merece la pena mencionar. El tratamiento no farmacológico más destacado para el Alzheimer es la intervención neuropsicológica y la terapia ocupacional. La terapia neurocognitiva no retrasará la aparición de los elementos tóxicos en el cerebro del paciente, pero sí le permitirá desarrollar redes neuronales que compensen otras redes en estado disfuncional. La terapia ocupacional se dirige a los elementos de la vida cotidiana del paciente para así lograr, dentro de lo posible, su máxima autonomía.

Por otra parte, algunos estudios sugieren que el aceite de cocola cafeína podrían reducir el impacto de la enfermedad, aunque los datos no son concluyentes. Más prometedores son los resultados obtenidos utilizando Tetrahidrocannabinol (componente activo del cannabis) que produce reducciones significativas en los niveles del péptido Aβeta.

Tratamientos Farmacológicos

La Food and Drug administration (FDA) ha aprobado desde 1996 cinco fármacos para el tratamiento sintomático del Alzheimer. Ninguno de estos fármacos está dirigido al componente causal del alzheimer (las placas beta-amiloides), pero sí a algunos sistemas de neurotransmisión que se vuelven disfuncionales durante la enfermedad. Los inhibidores de la colinesterasa (donepezil, galantamina y rivastigmina) aumentan los niveles de acetilcolina en el cerebro. Memantina es un antagonista de los receptores NMDA, regulando así la actividad glutamatérgica y evitando la excitotoxicidad neuronal.

Próxima diana: las placas amiloides

Como ya indiqué en la patogenia de la enfermedad, las placas amiloides son de los primeros componentes en la cascada bioquímica que llevan a la caída libre del Alzheimer, por lo que las investigaciones se están centrando en atacar estas formaciones anormales en el cerebro. El proyecto AMBAR (Alzheimer Management by Albumin Replacement) apunta en esta dirección. Este proyecto se basa en un nuevo enfoque terapéutico por el que se sustituye el plasma sanguíneo por Albutein (albúmina). Mediante este procedimiento, se consigue secuestrar péptidos Beta-amiloides contenidos en el plasma, movilizar este péptido desde el líquido cefalorraquídeo al plasma, y así reducir los niveles de beta-amiloide en el cerebro. Los resultados están siendo muy positivos, y en España el nuevo estudio AMBAR está ya en la fase III.

Otra línea bastante alentadora es la que han iniciado investigadores de la universidad de Queensland (Australia) empleando ultrasonidos. El mecanismo de acción de este novedoso método consiste en aumentar la actividad de la microglía cerebral para que destruya la proteína beta-amiloide. Ya se ha probado en ratones y se ha observado una desaparición del 75% de las placas amiloides además de una considerable mejora en tareas de memoria.

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