¿Cuánto de cerca estamos de manipular la memoria?

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¿Cuánto de cerca estamos de manipular la memoria? La respuesta sería que ya lo estamos haciendo.

Desde que Ramón y Cajal postulara su teoría sobe el funcionamiento del cerebro y de la base física de la memoria (aunque convendría mejor decir memorias) se ha avanzado mucho en este campo de la neurociencia. La memoria ha sido, y sigue siendo, la obsesión de Psicólogos y Neurocientíficos de todo el mundo ya que se trata de un proceso del que dependen muchísimas actividades humanas: Cuando andas por la calle es gracias a que recuerdas cómo andar, cuando lees es gracias a que recuerdas qué significa cada palabra, cuando quieres hacer algo en el futuro has de utilizar tu memoria prospectiva para acordarte de cuándo, dónde y por qué tienes que hacer esa tarea.

La memoria es nuestra mejor aliada, pero a veces juega en contra. Nuestros miedos, nuestros traumas, los malos recuerdos permanecen por culpa de la memoria. Tal y como se expresa en la película Eternal sunshine of the spotless mind, “Benditos sean los que no tienen memoria porque de ellos será el paraíso”, sería un reflejo de esa realidad: A veces uno es más feliz cuanto más olvidadizo es. Pues esto es precisamente lo que busca la Neurociencia contemporánea, borrar e insertar recuerdos a nuestra conveniencia.

Para borrar recuerdos ya se han dado algunos pasos, especialmente utilizando un fármaco conocido como Propranolol. Este beta bloqueante ha resultado ser un aliado perfecto para el borrado de recuerdos en el Trastorno de Estrés Pos-Traumático. Para ello, se pide al sujeto que escriba en un papel con todo lujo de detalles el trauma después de haber ingerido una dosis del fármaco. Comparado con personas que tomaron placebo las reacciones de miedo se habían reducido significativamente en el grupo que tomó Propranolol. Los investigadores del estudio explican que cada vez que se evoca un recuerdo este se reconsolida, y que es en esa reconsolidación donde actuaría el fármaco para debilitar las sinapsis que forman el recuerdo.

Por otro lado, Karim Benchenane del Centro Nacional de Investigación de Francia ha logrado insertar recuerdos “placenteros” en ratones durante el sueño. Su investigación es muy ingeniosa. Para insertar dicho recuerdo colocó un electrodo que activaría los centros de placer del cerebro del ratón, y otro electrodo que activaría una “célula de lugar” del hipocampo. Las células de lugar nos indican la posición exacta de dónde nos encontramos, de modo que activando una determinada célula de lugar podemos hacer que el ratón sienta que está en ese lugar. De este modo, durante el sueño se activaron al mismo tempo los centros de placer y una célula de lugar concreta. Al día siguiente el ratón iba directamente al lugar donde la célula de lugar se activaba, ya que había asociado esa posición con una sensación placentera durante el sueño.

Las posibilidades de esta manipulación serían múltiples, aunque algunas muy peligorsas y que rozarían, en humanos, el límite de la ética y la moral.

Finalmente, Julia Shaw, sin necesidad de electrodos ha conseguido insertar recuerdos falsos en humanos simplemente hablándoles. En su estudio intentaron convencer, con ayuda de profesores de su infancia, a adultos de que en su adolescencia habían cometido crímenes (incluso con armas). Después de intentar convencerlos la mayoría admitía haber cometido crímenes que en realidad no habían cometido y podían describirlos con todo lujo de detalles. Este estudio tiene su importancia dado que algunos sospechosos de crimen pueden ser inducidos a confesar un delito que en realidad no han cometido, lo cual podría invalidar muchas sentencias basadas únicamente en la confesión del supuesto culpable.

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