Contaminación atmosférica, la epidemia invisible para nuestra salud

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Según el último informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), 31.000 personas mueren cada año en España debido a la contaminación atmosférica, que provocan sobre todo los coches en las grandes ciudades. Este dato se hace aún más peligroso si atendemos a un nuevo estudio publicado en la revista The Lancet: una de cada seis personas muere al año en todo el mundo por la contaminación, lo que supone el 16% del total de defunciones anuales. La revista FMC (Formación Médica Continuada en Atención Primaria) profundiza en esta grave situación sanitaria a través de un artículo científico firmado por J. Martí Valls, del Centro de Análisis y Programas Sanitarios (CAPS), Barcelona.

El objetivo de este trabajo es hacer visible la epidemia invisible que representa la contaminación atmosférica para la salud. Como decían los autores del libro Nuestra contaminación interna“Los profesionales de la Medicina y de las Ciencias de la Salud tienen la obligación ética y la oportunidad clínica de hacer visible y ayudar a controlar un proceso que muy a menudo es excesivamente invisible: la conexión causal entre determinadas enfermedades graves y ciertos agentes químicos ambientales”.

La contaminación atmosférica y los efectos sobre la salud

El deterioro de la calidad del aire, ya sea por causas antropogénicas o naturales, tiene efectos negativos sobre la salud humana y los ecosistemas y a escala global contribuye al cambio climático. Las causas antropogénicas son las que hoy tienen más efectos negativos y han aumentado en las últimas décadas. Aportan a la atmósfera contaminantes como: dióxido de carbono (CO2), monóxido de carbono (CO), dióxido de azufre (SO2), monóxido de nitrógeno (NO), dióxido de nitrógeno (NO2), ozono (O3) troposférico, amoníaco (NH3), ácido sulfhídrico (H2S) y partículas de medidas y composición muy diversa (metales, compuestos inorgánicos, compuestos orgánicos persistentes, compuestos orgánicos volátiles). En las partículas, es su tamaño lo que las hace más o menos perjudiciales; las más peligrosas son las de medida respirable inferior a 10 µg, que pasan fácilmente al aparato respiratorio, y las de tamaño inferior a 2,5 µg, que del alvéolo pulmonar pasan a la sangre y pueden afectar a todos los órganos, tejidos y células del organismo.

Es por estos efectos sobre la salud que la Unión Europea ha regulado los límites legales de concentraciones de determinados contaminantes en la atmósfera, tanto sus medias anuales como las concentraciones puntuales (tabla 1), límites, los de la Unión Europea, que son más permisivos que los establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la mejor protección de la salud humana (ver tabla).

Estado del conocimiento

Los estudios epidemiológicos más actuales sobre los efectos agudos de la contaminación atmosférica sobre la salud nos muestran unas relaciones inequívocas y de las que cada vez se conoce más la importancia. Se produce un incremento significativo de la mortalidad, el mismo día y en días sucesivos, atribuible a aumentos de las concentraciones de partículas en suspensión menores de 10 µm (PM10). Las concentraciones de ozono, sobre todo en verano, también tienen este efecto agudo, mientras que otros contaminantes, como el SO2, el NO2, el CO, metales y otros, tendrían sobre todo efectos en patología crónica. Las patologías más frecuentes que causan esta mortalidad son la respiratoria y la cardiovascular. Actualmente, se estudian las causas biológicas, fisiopatológicas y toxicológicas de esta constatación epidemiológica, sobre todo el papel de las partículas de medida más pequeña, partículas finas menores de 2,5 µm y de 1 µm.

También se ha investigado y se tienen ya suficientes conocimientos científicos para confirmar que concentraciones menores de contaminantes, pero más sostenidas, producen disminución de la función pulmonar y patologías crónicas, a las que son más vulnerables la población infantil, las personas fumadoras y los enfermos con patologías crónicas, como enfermedad pulmonar obstructiva e insuficiencia cardíaca, que además a largo plazo también son causa de mortalidad.

Medidas de reducción de la contaminación atmosférica

Es necesario destinar esfuerzos y recursos a las medidas preventivas. Estas, a su vez, suponen una reducción del gasto económico tanto en el ámbito sanitario como por el ahorro de medidas más costosas que deberían aplicarse en el futuro. El problema de la calidad del aire en nuestro país se da fundamentalmente en las grandes áreas metropolitanas, en las zonas industriales, en la producción de energía, incineradoras, cementeras, etc. La causa principal de la contaminación del aire en las ciudades es el tráfico (fundamentalmente el coche privado). Este factor se ve agravado por el tipo de combustible utilizado por los coches (privados y públicos). El 65% de los vehículos que tenemos en el Estado español son de diésel, mucho más contaminante que la gasolina. Habrá que ir reduciendo este tipo de combustible y potenciar en la ciudad el coche híbrido y eléctrico para los transportes imprescindibles. Por todo ello, son necesarias medidas como las siguientes:

  1. Informar a la población sobre el problema de la calidad del aire y sus crecientes efectos sobre la salud.
  2. Destinar esfuerzos y recursos a las medidas preventivas
  3. Planificar el urbanismo pensando en la disminución y la pacificación del tráfico de vehículos, ensanchamiento de las aceras, circunvalaciones, incremento de zonas peatonales, carriles bici, rutas escolares a pie, aumento de las zonas verdes, áreas de bajas emisiones, supermanzanas de prioridad peatonal, buenos transportes públicos, etc
  4. Promover flotas de reparto de mercancías y con combustibles limpios en las ciudades y zonas contaminadas.
  5. Limitar el tráfico en zonas de elevada contaminación por PM y NOx a 80 km/h (en accesos a ciudades y zonas metropolitanas)o mejor aún, velocidad variable controlada, para mantener el flujo homogéneo de velocidad, medida comprobada de disminución de la contaminación, ahorro energético y disminución de los accidentes graves.
  6. Exigir informes preceptivos de salud en licencias de actividades potencialmente contaminantes.
  7. Potenciar las energías realmente renovables (solar, eólica, geotérmica) y la eficiencia energética, así como la reducción del consumo tanto en el ámbito doméstico como industrial y de los servicios.
  8. Recomendar a nuestros pacientes, sobre todo en periodos de mayores concentraciones de niveles de contaminación (episodios declarados), en la gente mayor, pacientes crónicos cardiorrespiratorios, en alérgicos, asmáticos, en mujeres embarazadas y en población infantil, que no deben realizar ejercicios en la vía pública, incluso es recomendable para ellos, en estos episodios, quedarse en casa.
 

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