¿Qué es el Coaching?

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La primera vez que me acerqué al Coaching fruto de mi anhelo por descubrir como poder desarrollar mis inquietudes, tuve que vencer el obstáculo que me producía la propia palabra. Una palabra extranjera, cuya traducción no llega a mostrar bien en qué consiste. Ciertamente, aún hoy, cuando cuento a que me dedico, la afirmación “soy coach”, provoca que rápidamente tenga que explicarlo.

¿Cómo presentarte lo que yo creo que el Coaching puede aportar en el mundo sanitario, sin explicarte lo que para mí es el Coaching?

Coach, en inglés medieval quiere decir carro o carruaje, así, en un sentido literal, sería el vehículo que te transporta desde donde estás al lugar donde quieres ir. Más tarde se le añadió un matiz educativo, siendo el coach la persona o tutor, que acompaña al alumno en su proceso de aprendizaje.

El Coaching es una metodología de desarrollo personal y profesional, es una forma de trabajar, quizás por eso se basa en ofertar “herramientas” para que el cliente al aplicarlas crezca y mejore. Tiene como fundamentos la observación y recogida de información, lo más detalladas y cuidadosas posible, y la puesta en acción. Precisa de reflexión para tomar conciencia de la situación de partida, de unas expectativas de mejora adecuadas y deseadas verdaderamente para fijar la meta y del compromiso que te pone en acción.

Por qué creo que un proceso de Coaching puede cambiarnos la vida, porque modifica, enriqueciéndola, nuestra manera de mirarnos y mirar lo que nos rodea. Porque nos ayuda a conseguir el poder y la libertad que surgen de la proactividad, del auto conocimiento y de la identificación y aplicación de nuestros talentos. Porque aglutina trabajo, compromiso, valentía, inteligencia emocional, ciencia, amor,…

Por lo tanto, un coach debe diseñar el proceso que oferta al cliente, de una forma  extremadamente cuidadosa e individualizada,  para que este se atreva a realizar una buena exploración de donde se encuentra, sea capaz de definir sus objetivos y se motive para crear primero y hacer después, el plan de acción necesario  para conseguirlos.

En generar una relación coach –cliente que facilite esto, radica la parte artística y diferenciadora del Coaching  con las acciones formativas. Un proceso de Coaching debe de ser un proceso vivencial, no sólo una adquisición de conocimientos, competencias y habilidades. Es una metodología integradora, sistémica, que contempla al individuo en toda su complejidad, al entorno en el que se mueve y las relaciones que se establecen entre ambos. Trabaja con la persona y con sus distintos roles. Y utiliza un abanico amplio de herramientas diferentes que estimulan no solo la parte racional, si no la emocional y relacional, con el objetivo de que cada cliente descubra sus recursos y los ponga en acción para sentirse bien, para ser mejor.

El Coaching introduce conceptos a trabajar poco habituales en la esfera laboral tradicional, como: felicidad, legado, misión personal, propósito, desarrollo y gestión del talento, creencias, valores, motivación, liderazgo personal y profesional, generación de sinergia, creatividad,…

Por eso utiliza la inteligencia emocional, la observación y el entrenamiento de nuestro cerebro y su capacidad de ser creativo, de comunicarse y relacionarse, mediante la aplicación de los avances de la neurociencia moderna y la programación neurolingüística. Utiliza el lenguaje, la psicología positiva, el mindfulness y la meditación, la visualización y la imaginación. Toda estrategia que sirva y se adapte a nuestro cliente, que le ayude para comprender y comprenderse es bienvenida. Poco a poco, con flexibilidad y afecto,  y la constancia que genera nuevos hábitos.

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