La precariedad laboral en Medicina

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Hoy quiero hablaros de un tema que si hace algunos años no estaba tan siquiera en el imaginario colectivo, hoy forma una triste parte de nuestra realidad como colectivo médico: la precariedad laboral

Pensaréis: “Pero si los médicos de toda la vida han cobrado un dineral y han vivido más que bien, siempre ha sido una profesión con gran calidad económica” Esto ha sido típicamente cierto, yo hasta ahora, jamás he escuchado a nadie preguntarme que cómo tengo pensado llegar a fin de mes una vez que comience a trabajar. Pero si habéis leído algunas noticias, rotado por los hospitales y escuchado las conversaciones cotidianas del personal, si tenéis amigos ya residentes, o si en vuestra propia casa lo habéis vivido… bueno, las cosas han cambiado un poco.

Estaba escribiendo este artículo precisamente cuando una relevante noticia ha salido a la luz: “La UE considera ilegal que la sanidad española encadene contratos temporales” (fuente: 20minutos.es). Así es, ese es el gran mal que afecta a la salud laboral de nuestro sistema sanitario: la temporalidad. No es tema baladí: si bien los residentes en formación no tienen que temer por sus cuatro o cinco años formativos, bien saben que una vez finalizados estos las probabilidades de obtener un contrato son, cuanto menos, bajas. Y cuando finalmente se convierten en adjuntos, lo hacen por períodos de incluso un mes, que al final será renovado… o no.

De todo esto he sido yo testigo de primera mano. Pero veamos, si me dices que esto sucede en los primeros años de trabajo, que es algo coyuntural… nada más lejos de la realidad. Adjuntos con 20 años de trabajo a sus espaldas se pueden alegrar si firman por más de seis meses.

El caso en concreto de la sentencia del tribunal de justicia de la UE (TJUE) ataca a lo que considera una precarización laboral sin justificación legal, haciendo de los contratos temporales encadenados (existen casos de 15 años de concatenación) una herramienta “que permite renovar personal temporal para necesidades que son permanentes”.

Otro caso que en redes sociales y medios médicos cobró importante relevancia fue la renuncia de la Dra. Mónica Lalanda a su puesto de trabajo: “Querida explotación laboral: te dejo, no cuentes ya conmigo” En su blog personal, en el que a través de representativos y característicos dibujos que ella misma realiza transmite su sentir acerca de la medicina, escribe esta estremecedora carta:

“He renunciado a mi contrato de guardias.

He renunciado a la esclavitud de un sistema sanitario absurdo que trata a sus profesionales como basura.

He renunciado a turnos de 24h sin derecho a descanso durante el turno, que ponen en peligro mi salud y, sobre todo, la seguridad de mis pacientes.

He renunciado a un contrato que durante este verano incluye semanas de más de 60 horas

He renunciado al único tipo de contrato que, en la sanidad española, me permite tener tiempo para hacer medicina no asistencial. Eres 100% asistencial o no eres nada.”

Dejo las conclusiones a cada uno de vosotros. Pese al panorama que os presento, he de deciros que me sigo sintiendo afortunado de ser médico. Orgulloso. Puede que ciertas cosas funcionen mal, como en todos lados. Tenemos, aun así, la gran ventaja de poder luchar por aquello que creemos justo, por un bienestar laboral que nos permita dedicarnos con mayor entrega –si cabe- a nuestra vocación: curar a veces, acompañar a menudo y consolar siempre.

No os dejéis desanimar, y pelead siempre por lo vuestro. El resto, al final, es volátil y cambia con frecuencia. Lo importante no cambia: perseguid vuestros sueños.

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