Calidad y seguridad en la práctica clínica: un reto con epicentro en el paciente

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Imagen (desde izquierda): Robert Nieves, César Velasco, Manuel Vilches, Francine Westergaard, Carlos Bezos y José Manuel Ramírez.

Se calcula que el 43% de los errores médicos en centros hospitalarios en España son evitables, el 16% de ellos, se consideran ‘errores severos’1. Con estas cifras, Robert Nieves, Vice President of Health Informatics de Elsevier, daba el pistoletazo de salida a la charla ‘Empowering Knowledge at the Point of Care: Unidos por la calidad y seguridad en la práctica clínica’, enmarcada en la XXI edición del Congreso Nacional de Hospitales y Gestión Sanitaria (Santiago de Compostela, 8-10 de mayo). A través de las ideas y propuestas presentadas por Carlos Bezos, director del Instituto de Experiencia del Paciente (IEXP); Francine Westergaard, Principal Consultant Joint Comission InternationalManuel Vilches, director de la Fundación Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad (IDIS), José Manuel Ramírez, coordinador del Grupo Español de Rehabilitación Multimodal (GERM) y César Velasco, director de la Agencia de Calidad y Evaluación Sanitarias de Cataluña (AQUAS), se abordó el reto de la calidad asistencial y la seguridad en la práctica clínica.

Práctica basada en la evidencia

Con la práctica basada en la evidencia se empezó a construir la respuesta en cuatro bloques del grupo de expertos al reto planteado por la charla patrocinada por Elsevier. César Velasco arrancó, presentándola como “la capacidad que tenemos en el día a día asistencial en llevar a cabo prácticas que han sido demostradas con anterioridad. De una manera cuantitativa, analizando los datos actuales e interpretándolos, y cualitativa, cómo implementarlo en los profesionales y en la mejora del cuidado y atención del paciente”. Manuel Vilches ampliaba la definición, al entenderla como “aquello que, independientemente de tu historia, experiencias y conocimientos, te ha demostrado que ha obtenido los mejores resultados en el mayor número de situaciones posible”.

José Manuel Ramírez no tiene dudas de que estamos ante un aliado de gran valor para el sistema, pero, a día de hoy, “supone un reto llevarla a cabo”. Para Ramírez la gran tara de la práctica basada en la evidencia es el consenso. “Pero no solo entre los cirujanos, sino entre todos los que participan en el proceso quirúrgico. Qué más da si yo actúo bajo un protocolo, si el anestesista o el enfermero no lo hace”. A esa falta de consenso, José Manuel suma la ausencia de multidisciplinariedad y la exigencia de una actualización permanente.

En todo este proceso de aplicar la evidencia científica a la práctica clínica, los expertos recuerdan que no debemos olvidar el papel que juegan el paciente y otras disciplinas. “Hay que adaptar la evidencia a la experiencia del sanitario pero, sobre todo, a la experiencia de nuestros pacientes”, apuntaba el Dr. Ramírez. Carlos Bezos se encargó de recordar que “en la experiencia del paciente la evidencia es clave y fundamental”. Y que si de mejorar el sistema sanitario se trata, no solo debemos emplear evidencia científica, “también la sociológica, antropológica, médica y psicológica”. Francine Westergaard ahondaba en este sentido. Dentro de los hospitales y centros sanitarios ya se están aplicando protocolos de actuación estandarizados, con prácticas basadas en evidencia científica; se miden los resultados y se actualizan protocolos, “pero si hay algo que valoramos por encima de todo, es la información que nos llega desde los propios pacientes”.

Cuidado centrado en el paciente con ayuda de la tecnología

Tanto la calidad asistencial como la seguridad en la práctica clínica, se han visto transformadas de manera decisiva en su aplicación real por la tecnología. El uso que se haga de ella hoy marcará en gran medida el papel que jugará el paciente en la sanidad del futuro. En este sentido,Manuel Vilches aboga por comenzar esa transformación digital cambiando primero el sistema, centrándolo en el paciente: Hoy en día tenemos uno muy diferente, centrado en el hospital y el profesional, muy ‘médico centrista’; es el paciente el que sigue al médico y no a la inversa. La tecnología nos puede ayudar a cambiar esa tendencia”.

Carlos Bezos, al igual que Francine Westergaard, apuestan por dirigir la influencia de la tecnología para involucrar al paciente en el proceso asistencial. Para Bezos, “como un aliado del profesional sanitario que le permita tomar las decisiones con el propio paciente”; y para Westergaard, para implicar al paciente y empoderarlos con conocimiento”.

César Velasco apuntaba ejemplos de cómo las instituciones ya están trabajando en esta línea que reclaman Carlos Bezos y Francine Westergaard. Por ejemplo, facilitando a través de una app al propio paciente diferentes tratamientos para tratar su enfermedad; “que sea él el que se implique, se informe y elija en consecuencia”. Por otro lado, reclamó másautocrítica con el sistema sanitario: “Somos de los pocos sistemas que no trabajan con CRMs, a diferencia, por ejemplo, del sistema bancario. Debemos empezar a utilizar la tecnología de una manera más inteligente. Debemos dar ese salto digital ya. Retrasándolo, solo estamos complicando la vida al sanitario”.

Para cerrar este segundo bloque, José Manuel Ramírez alzó la bandera del componente humano como una tarea previa y una base imprescindible a trabajar para que el desarrollo de la tecnología en el mundo sanitario sea lo más productivo y efectivo posible. Primero pidiendo un cambio de mentalidad en clínicos y pacientes, “si queremos que esa transformación digital llegue a buen término”. Segundo, pidiendo una humanización de la práctica: “Debemos cambiar el ‘tratar’ por el ‘cuidar’ y el ‘curar’”. Y por último, mejorando la comunicación: “Tenemos que trasmitirle al paciente que esa práctica basada en la evidencia no dejan de ser recomendaciones, y no obligaciones de cumplimiento”.

La práctica interdisciplinar

Los ponentes coincidieron en que para garantizar el éxito del sistema debemos generar un entorno en el que participen y se involucren todos los profesionales implicados en un proceso sanitario. Distintas disciplinas trabajando conjuntamente y de manera armónica y protocolizada. Esto, en cuanto a lo que teoría se refiere, porque en la práctica Manuel Vilches apunta que “el problema es grave, y creo que el problema es de modelo. Es bastante complicado avanzar en este sentido si luego no tienes posibilidades reales de aplicar las innovaciones. El sistema en el que estamos ahora mismo es muy limitante, sobre todo por el entorno laboral, por la falta de competencia, porque la vía de entrada del paciente es casi única, y no genera expectativas ni para los profesionales ni para los pacientes en el caso de desarrollar una competencia. Cada paso cuesta mucho trabajo, es muy lenta, pero estoy convencido de que llegará”.

José Manuel Ramírez compartía su propia experiencia en este sentido. Narraba el momento en el que empezaba a trabajar en el protocolo de recuperación intensificada, donde incluían a todas las disciplinas médicas, y comprobaron tener menos complicaciones. “A pesar de todo ello, no lográbamos convencer a los gestores. Debemos aplicar un consenso a gestores, clínicos y responsables del sistema porque parece que no buscamos los mismos resultados. Consensuar unas pautas para dar el mejor servicio al paciente”. En definitiva, apuntaba el Dr. Ramírez, “debemos ser más interdisciplinares y ponernos en la cabeza de los gestores, teniendo en cuenta que muchos de ellos han sido o son clínicos como nosotros”.

César Velasco dio un“salto cuántico” a la práctica interdisciplinar, al incluir una nueva visión a lo ya aportado, incluyendo en el debate otra disciplina que está fuera del sector salud, como la disciplina social, que muchas veces pasa desapercibida, “pero que cuenta a la hora de resolver problemas como los que se estamos planteando en el debate”. La práctica basada en la evidencia, llegar al ciudadano de manera personalizada, incluir la voz del profesional en las decisiones en gestión, son problemas que tienen otros sectores, que han solucionado, y que al sector salud parece costarle encontrar la solución y los medios. “Por ejemplo, los cuadros de mando de consumo energético de un gran hotel comparados con los de un gran hospital son como del futuro. Sin embargo nos empeñamos en tratar de arreglar los nuestros como si fueran problemas que no existen fuera”.

Según la Ley de Amara, emitida por el científico y futurólogo estadounidense Roy Charles Amara, tendemos a sobrevalorar los avances tecnológicos a corto plazo pero los infravaloramos a largo plazo. Para César Velasco esto es justo lo que está ocurriendo en el sistema sanitario español: “No vemos el potencial que tendrán en el futuro las disrupciones hoy. Hay otros sectores que esto lo tienen muy estudiado, como el de negocios. Nosotros, en cambio, seguimos mirándonos al ombligo porque no somos multidisciplinares. Debemos abrir los ojos a otros sectores”.

Datos clínicos de calidad

Hoy en día hablamos de big data, machine learning, blockchain, con cierta soltura, asociándolos cada vez más al sector sanitario. El génesis y cimiento de todos ellos son los datos, miles de millones de ellos; de la efectividad del proceso de recogida y de la calidad de los mismos dependerá, en gran parte, que en un futuro dispongamos de una práctica basada en la evidencia o de un protocolo más efectivo para tratar una patología.

La recogida de datos actual en el sistema de salud español no está estructurada, comenta Manuel Vilches: “No tienen una base lógica, porque se recogen en texto libre la mayoría, y sirven para muy poco”. José Manuel Ramírez asegura que hoy podemos hacer una misma pregunta a tres residentes de un mismo hospital sobre una misma técnica quirúrgica y los datos que den en sus respuestas serán totalmente distintos. “Aquí, en España, nunca coinciden los datos porque no los miramos. Nunca utilizamos los datos para mejorar. Y lo peor de todo es que los tenemos, los recogemos continuamente”. Esta mala práctica no es patrimonio exclusivo de España, a nivel internacional Francine Westergaard se topa cada día con el mismo problema: “Cada profesional del hospital utiliza los datos obtenidos con un propósito distinto. Tenemos mucha información, muchos datos pero por mi experiencia, no sabemos qué hacer con ellos, cómo utilizarlos correctamente”.

César Velasco tiene claro que el problema es de método: “Cuando hablamos de los datos sanitarios hablamos de creación de datos sanitarios con los mismos modelos que hemos utilizado siempre. Utilizamos cuestionarios cada más extensos que dificultan enormemente la labor de nuestros profesionales. Si queremos calidad de datos debemos realizar inversiones en nuevas tecnologías de una manera lógica y pensado más en Google Home (su modo de pensar, intuir) que en hacer cuestionarios de 100 preguntas cerradas y clasificaciones insoportables para cualquier ser humano”.

¿Cómo sería, pues, ese sistema ideal de recogida de datos? El Dr. Ramírez se muestra convencido de que con los datos que tenemos ahora mismo podemos saber con qué enfermo vas a tener más complicaciones, cuál va a necesitar más nutrición, “lo puedes saber con antelación, y para ello los profesionales debemos mirarlos y auditarlos”. En cuanto a quién debe introducirlos en el sistema, también esta tarea puede corresponder al propio paciente, “como dueño de los mismos”, señala César Velasco. Y para acabar, hacer las preguntas correctas”, destaca Carlos Bezos, “y para ello debemos tomar las referencias no solo de la ciencia y la medicina, también de la psicología o de la sociología, para meter todos esos Smart data en la ‘coctelera’ y hacer la pregunta adecuada para que la máquina nos dé la mejor respuesta”.

(1): Int J Qual Health Care. 2009 Dec;21(6):408-14. doi: 10.1093/intqhc/mzp047. Epub 2009 Oct 19 Impact and preventability of adverse events in Spanish public hospitals: results of the Spanish National Study of Adverse Events (ENEAS).
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