Calidad de vida relacionada con la salud en personas supervivientes a un ictus

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El ictus constituye un problema de salud pública de primer orden, con un importante coste personal, familiar y social. Según los datos del estudio Iberictus en España cada año se producen entre 80.000 y 90.000 ictus, y representa la segunda causa de muerte (la primera entre las mujeres y principal ‘culpable’ de discapacidad o invalidez permanente en el adulto). La Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica, publicación de referencia para los profesionales de la salud, ha determinado, a través de un estudio firmado por expertos en la materia, la calidad de vida a largo plazo en pacientes que sufrieron un ictus, señalando aquellos factores relacionados con la misma.

Medir el día a día del paciente

Debido a la magnitud e importancia de esta enfermedad los investigadores consideraron necesario medir con la mayor precisión posible el impacto sobre la calidad de vida y la manera en la que el paciente percibe y valora su situación. Para ello determinaron medir la calidad de vida relacionada con la salud (CVRS). Al hablar de la CVRS lo hacemos del “valor que se asigna a la duración de la vida que se modifica por la incapacidad, el estado funcional, la percepción y las consecuencias sociales debidas a una enfermedad, un accidente o una decisión política, social o sanitaria”.  La CVRS aporta información complementaria a los indicadores de salud tradicionales basados en mortalidad, proporcionando datos más específicos sobre el estado de salud del paciente y la efectividad de las intervenciones terapéuticas desde su perspectiva.

Se valoraron 75 pacientes; la edad media fue de 72,35 años. La mayor parte de los pacientes estaban casados y el 60% tenía unos ingresos entre 500 y 1.000 euros/mes.

El estado de calidad de vida relacionada con la salud se valoró mediante el cuestionario EuroQol-5D(EQ-5D). El grado de dependencia funcional, mediante el Índice de Barthel para valorar las actividades básicas de la vida diaria (ABVD) y la Escala de Lawton y Brody para conocer el nivel funcional en las actividades instrumentales

Diferencias entre mujeres y hombres

El estudio observó diferencias significativas entre mujeres y varones en la dimensión de actividades cotidianas del cuestionario de calidad de vida, probablemente debido a que culturalmente las tareas domésticas “se consideran de mujeres”. Algunos estudios establecen el dolor como una variable asociada a una menor calidad de vida, en cierta medida porque el dolor está correlacionado con la depresión; en este trabajo se ha encontrado esta relación de la calidad de vida con el dolor, de tal forma que aquellos paciente con dolor puntuaban menos en la calidad de vida y también se encontraba asociada a un estado de ánimo deprimido.

En el ámbito de la dependencia funcional en las actividades de las vida diaria, de acuerdo con otros estudios destaca cómo la edad avanzada tiene relación con la mayor dependencia para las actividades básicas de la vida diaria y para las actividades instrumentales, además la edad está relacionada con una peor calidad de vida siendo difícil cuantificar en qué medida se debe al ictus o a otros procesos patológicos concomitantes.

De la misma manera, se observó cómo la dependencia afecta de forma global a las actividades de la vida diaria, por lo que estarán afectadas las actividades sociales y de ocio. El trabajo comprobó que las variables sociodemográficas: sexo, nivel económico y nivel de estudios no tienen relación significativa en la percepción que el paciente tiene sobre su calidad de vida.

Una limitación de este estudio es que previsiblemente los pacientes que han encontrado dificultades para participar sean aquellos que más problemas y secuelas tenían, ya que estas secuelas repercuten en el día a día del paciente.

La presencia de dolor, déficit en la movilidad y la dependencia funcional en las actividades de la vida diaria son factores que tienen una relación significativa con una percepción más baja de la calidad de vida relacionada con la salud de los pacientes supervivientes a un ictus a los 4 años del evento.

Principales factores de riesgo

Esta investigación coincide con otros estudios previos al señalar como factores de riesgo más prevalentes a la hipertensión arterial y la dislipidemia. En su caso además observan cómo el hábito tabáquico es sensiblemente inferior (8% vs 25,1%) al que se observa en el estudio ICTUSCARE17, probablemente debido al efecto de los cambios legislativos en esta materia y a la aceptación por parte de la población general.

La etiología del ictus es multifactorial y está influida notablemente por la presencia de determinados factores de riesgo cardiovascular; el control y manejo terapéutico en la prevención secundaria es la medida más eficaz para la recurrencia del ictus.

Irá en aumento (salvo prevención)

A pesar de que se ha avanzado en el conocimiento de los actores de riesgo que predisponen a esta enfermedad y a su prevención, así como en el tratamiento con nuevas alternativas terapéuticas, este estudio no se muestra optimista de cara al futuro. Según destaca nuestra sociedad reúne todas las condiciones para que esta enfermedad vaya en aumento: envejecimiento de la población, mayor esperanza de vida y otros cambios sociodemográficos.

Por tanto, señalan los expertos, se hace imprescindible “continuar y mejorar el control a largo plazo de los factores de riesgo relacionados con el ictus, con las modificaciones del estilo de vida y la revisión de la adherencia a las medidas terapéuticas”. En esta labor de prevención, apuntan, “los profesionales de enfermería tienen labor fundamental”, como son el manejo y control de los factores de riesgo cardiovascular por su elevada prevalencia y la incentivación de hábitos saludables, así como detectar y abordar precozmente los factores y variables que afecten al paciente, con el diseño y desarrollo de intervenciones enfermeras que ayuden a mantener e incrementar la calidad de vida del paciente.

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