Tributo a Rozman. Capítulo 2. Primeros referentes: los doctores Pedro i Pons y Farreras i Valentí

provamicroscopi.jpg

Arrancamos el segundo capítulo del ‘Tributo a Rozman’ en el mismo punto que dejamos el primer episodio: Barcelona, 1948. Recordemos que a los pocos meses de arribar a la Ciudad Condal, el joven Ciril Rozman comenzaba sus estudios de Medicina en la Universidad de Barcelona. Le movía la vocación, pero sus ganas de entregarse de por vida a la profesión que amaba estaba aún carente de la necesaria figura de los mentores y referentes. Al inquirirle por esta cuestión, enseguida dos nombres se le vienen a la cabeza: los doctores Agustín Pedro i Pons y Pedro Farreras i Valentí .

Había transcurrido ya el ecuador de su carrera cuando nuestro protagonista entró como alumno interno en la Clínica Médica A del Hospital Clínico de Barcelona. Fue en aquel entorno  de referencia (una especie de mini-hospital asociado a la Cátedra de Patología y Clínica Médicas) donde cruzó por fin su camino con sus ‘referentes’.  La Clínica estaba dirigida por la insigne figura histórica del doctor Agustín Pedro i Pons, “el internista más famoso de Cataluña”, puntualiza Rozman. El segundo de a bordo de esa destacada institución era Pedro Farreras i Valentí. De ellos recibió algunos de los más valiosos conocimientos que atesora aún hoy en su privilegiada mente y, lo que es más importante, una perenne relación personal. Tal es el grado de ascendencia de estos de estos dos eminentes profesionales que una de sus frases de cabecera la firma Pedro i Pons, referente a la enseñanza a los discípulos:

”Un profesor que sabe crear escuela reconoce que el trabajo que puede inspirar a sus discípulos es más importante que el suyo propio”

Alumno aventajado

“Al poco tiempo de estar trabajando en dicha clínica tuve el privilegio de convertirme en el colaborador predilecto del Dr. Farreras”, nos relata un emocionado Profesor. Aquel encuentro fructificó con innumerables trabajos de investigación y una carga de experiencia de incalculable valor. Con el devenir de los años y la creciente envergadura profesional de Rozman, el Profesor se convertía en el médico de cabecera de Farreras i Valentí (1959), así como en su ayudante en la práctica privada y amigo personal.

El Profesor fue siempre el pupilo más aventajado de estos gigantes de la medicina. De hecho, el propio Rozman acabó sucediendo como catedrático de la Universidad de Salamanca (1967) y como director de la Escuela de Hematología de la Universidad de Barcelona (1969) al propio Farreras, a la sazón, creador de la misma. A la vez sucedió al Dr. Pedro Pons en la Segunda Cátedra de Patología y Clínica Médicas de la Universidad  de Barcelona

Farreras-Rozman, relación personal y editorial

Esta longeva relación personal y profesional desembocó en la participación de Rozman en el ‘Tratado de Medicina Interna’, hace ya más de 60 años. El Profesor fue el encargado de dirigir el tratado a la muerte del Dr. Farreras (1968), labor que ejerce con devoción hasta el día de hoy. La génesis de este referente editorial mundial, la labor de Rozman en su edición y enriquecimiento y su trabajo conjunto de la mano de su venerado doctor Farreras, serán la materia de nuestro siguiente capítulo.

Share
Tweet
Share
Share